TEATRO

Américo Martín

Américo Martín

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

“La vida no es más que una sombra que pasa,  un pobre cómico que se pavonea y agita una hora sobre la escena y después no se le oye más”  Macbeth – Shakespeare

 

I

No creo que en parte alguna del hemisferio haya un movimiento político como el que monopoliza el poder en Venezuela. Las cifras, incluso las emanadas de institutos oficiales, no lo conmueven. Es inexplicable lo que pone de manifiesto el cotejo entre los fabulosos ingresos de Venezuela en bolívares y divisas y las brutales realidades: la deuda inmensa y creciente, el déficit fiscal que nos lleva galopando a una ruinosa devaluación, la imparable inflación, la ruina de la industria y la agricultura y el drama de las masivas importaciones que nos han convertido en una deplorable economía de puertos.

Comedy TragedyPuede entenderse que gobiernos extranjeros, dados a atribuirle aptitudes mágicas al presidente enfermo, no aprecien aquellas dolorosas verdades. No están obligados a asumir problemas que deberían ser resueltos por los venezolanos. Pero que nada de eso perfore la dura cabeza de los militantes, negados cerrilmente a escuchar noticias desquiciantes, escapa de la política en marcha trepidante hacia el reino de los orates.

Venezuela no es un país normal. Está siendo dirigido a su destrucción por un auriga parecido al imprudente hijo de Apolo que quiso manejar el carro solar y se destruyó él y aniquiló un ancho entorno.

 

II

Inversionistas y empresas enteras se van a países vecinos. Colombia es hoy muy pero muy superior en rendimiento y equilibrio económico a este triste campamento en ruinas al que nos aproximamos sin que nadie intente impedirlo. El agotamiento de Venezuela se hace cada vez más visible a la mirada de los más inocentes. Y entre tanto cabe preguntarse: ¿dónde está el presidente? ¿tenemos propiamente un gobierno? ¿llegará a un final la larga tragedia que ha acompañado al presidente en su misteriosa enfermedad? ¿por qué maldita razón los causahabientes no terminan de aceptar la declaratoria de, cuando menos, falta temporal a fin de que el dispositivo constitucional despeje en algo la situación?

No hay respuestas y es de temer que nunca las haya si nos guiamos por lo que hacen los sucesores del presidente y el PSUV, ese agregado informe cuyo cemento parece estar liquidificándose. De la manera más patética el sedicente proceso revolucionario está decolando hacia el misterio de una nueva religión que, como cualquier otra, no necesita una estructura racional, dado que funda sobre el cimiento de la fe, los vínculos militantes y las desconcertantes políticas.

Que las religiones se afirmen en la fe es comprensible, pero el fundamento de la política debería ser racional. Es cuando lo pierde que se cambia la razón por la emoción. De partido a iglesia laica. En la Edad Media San Agustín y Tomás de Aquino quisieron proporcionarle un espinazo lógico a la religión, para lo cual “divinizaron” a Platón y Aristóteles. Pero se reimpuso el primado de la fe. Se cree o no se cree. Es una base incuestionable que le ha dado larga vida a las grandes religiones

 

III                               

Fueron los líderes del PSUV los primeros en atropellarse para demostrar que no habría chavismo sin Chávez; eso les parecía inconcebible y creo que tenían toda la razón. ¡Cuántas amenazas llovieron contra quienes dentro del partido insinuaron una posibilidad terrorista como esa! ¡Cuántas inútiles acusaciones contra la alternativa democrática cuyo respetuoso y decente silencio no la salvó de ser acusada de predicar el chavismo sin Chávez! En la intimidad de su pensamiento, quizá, o con la mirada o alguna sutil sonrisa.

Pues bien, lo extraordinario se ha hecho cotidiano. Lo que tenemos a la vista es eso, el chavismo sin Chávez. Lo dramático es que nadie lo declara formalmente. La alternativa democrática porque su línea, a la que sigue aferrada, es no hacer especulaciones sobre la enfermedad. Y el gobierno porque no sabe cómo lidiar con eso. No tiene a nadie que pueda garantizar la unidad del movimiento, carece de salidas, quiere correr la arruga, ganar tiempo a ver si cae del cielo una señal auspiciosa.

El más miope tiene que estar viendo el desenvolvimiento del teatro del poder.  Están creando a todo vapor la religión chavista, sacralizando al líder, aceitando el lazo emocional como único vínculo que pueda servir incluso si el presidente se ausentara definitivamente. Dios existe, así no sea bajo forma física, y si a lo largo de dos mil años la iglesia ha vencido a los enemigos que quisieron destruirla  ¿porque el proceso bolivariano, no?

Vivo o más allá de la vida, el Dios laico militar ha de seguir al frente de sus ejércitos divinales cobrando victorias como el Cid ¿Cuál será en esa fórmula el papel de los revolucionarios que se unieron a Chávez para conquistar el socialismo? Podrán hacer de tripas corazón y decirse: las revoluciones siguen cursos inesperados. No vale obstaculizarlas con objeciones principistas.

Si la historia pide encontrarle valor revolucionario al narcisismo, la egolatría, y los modelos inviables; si hay que tragarse uno a uno esos sapos, pues… ¡adelante parias de la tierra! Todo vale si le sirve a la revolución, nada si no.

Es el Teatro de la vida. ¡Cojan palco para ver desfilar con sus trajes sacerdotales, aferrados a una cruz gamada, mirando al cielo, a las dignidades eclesiásticas Maduro, Soto Rojas, Giordani, Diosdado,  Iris. “Te amamos”, se les escucha decir, todo exornado con anatemas contra la herejía.

Ora pro nobis.

 
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