ADIOS, HERMANA

Henrique Salas Römer

Henrique Salas Römer

Henrique Salas Römer

 

Quizás fue el momento o algo que le dije al llegar, lo que la llevó a confiarme los secretos que guardaba.

 

Yo había llegado con retraso. Supe de la convocatoria un poco tarde y sólo cuando me hicieron llegar el blazer con que aparezco junto a ella, me atreví a acercarme a los demás.

Era, creo, el 20 de diciembre. Cuatro días antes el gobernador había perdido inexplicablemente la elección, y ahora, sin amargura y con mucha sobriedad, imponía condecoraciones a quienes más se habían destacado como servidores públicos durante su gestión. Aura ya la había recibido cuando llegué. 

Toda la atención, como es lógico, estaba centrada en el Gobernador, quien desde un improvisado presídium, sobre el deck de la piscina, continuaba imponiendo preseas.

Henrique Salas-Römer  - Aura Rodriguez

Henrique Salas-Römer – Aura Rodriguez

Al llegar, Aura, que se había apartado de los demás, me salió al paso. Ha terminado un ciclo, hermana, le dije en tono sombrío. Si, Henrique, tienes razón.

Me llamó la atención su firmeza por lo que más tarde, luego de las palabras que el gobernador me pidió que pronunciara, nos apartamos un poco y continuamos la conversación.

Estoy mal, hermano, muy mal. Hermanos nos llamábamos en la intimidad. He perdido 10 kilos… Es un cáncer. Puede ser otra cosa, Aura, no seas pesimista. ¿Que sientes? Me dio detalles de sus síntomas.  ¿Has ido al médico, le pregunté? No, Henrique, no quiero aguarle la fiesta a mis hijos y nietos. Ya están llegando y no quiero dañarles la Navidad. Iré al médico en enero, el 8 de enero, que es cuando regresa.

Luego pasamos a hablar de lo que era su pasión, la Maternidad del Sur, la que juntos pusimos en marcha con el estímulo de Henrique Fernando. Intentábamos humanizar la medicina en los hospitales, sobre todo en esa maternidad a la que acuden tantas adolescentes. Teníamos que rodearlas de amor, además de la mejor atención médica posible, para darles fuerza para la dura batalla que las esperaba cuando regresaran a sus hogares, seguramente hacinados y rodeados de grandes carencias.

La Fundación José Luis Fachín Deboni que administraba ese hospital bautizado por mí con el nombre de otro gran partero, Armando Arcay Solá, contaba  con dos direcciones, la Dirección Médica y la Dirección de Atención Ciudadana, ambas de igual rango. La idea era velar, desde esa segunda dirección, que siempre estuvo en manos de Aura, por el buen trato que debían recibir madres y niños, durante su breve pasantía.

Tu no tienes idea del trabajo que estamos pasando, Henrique, fue su segunda confesión de la noche. Yo misma y una amiga, me dio el nombre, con frecuencia compramos lo que hace falta para que puedan realizarse las cesáreas. Pero allí estaré, me dijo con firmeza, guapeando… hasta el último día.

Fue precisamente en ese momento cuando pasó Danielito, el fotógrafo, y le pedí que nos tomara esta foto con quien por casi treinta años había compartido una hermosa amistad.  Jamás pasó por mi mente que apenas le quedaban seis semanas de vida?

Conocí a Aura en los años ’80, cuando me estrené de diputado. Yo venía semanalmente a Valencia donde funcionaba mi oficina parlamentaria, e involucrado como estaba en las luchas vecinales y en los movimientos que pedían la votación nominal, quise conocer a una mujer que todos respetaban. 

Su nombre era Aura Rodríguez, y como Presidente de Salvemos a Valencia, una asociación que no quería saber nada de partidos ni de política, luchaba por rescatar aquella Valencia sucia y depauperada; la del Capitolio dilapidado y las paredes pintarrajeadas; la que no tenía  siquiera una pequeña zona verde para el sosiego de sus habitantes; la que los valencianos a regañadientes querían, pero la que otros evitaban por ese aspecto deplorable que aún algunos quizás aún puedan recordar.

Confieso que Aura, con ese rostro adusto que ocultaba su gigantesco corazón, me hacía actuar con suma discreción.  Temía que de su callada presencia surgiera de pronto una frase que descalificara mi intento, como novel político, por acercarme y contribuir con la causa que ellos defendían.

De allí pasé a conocer mejor a la otra Aura, la madre de doce hijos, nacida en Río Caribe, con cuya hermana, Ligia Gerbasi, más conocida por haberse destacado en la capital, compartía la vocación de ayudar, de ser útil, de dar más, siempre un poquito más.

La hija menor de Aura había nacido sordo-muda, por lo que además de trabajar al lado de su marido en una modesta farmacia ubicada en la Avenida Constitución, muy cerca de la Plaza de Toros,  entregaba su tiempo libre al Instituto de Audiofonología, donde los niños que nacen sordos, salen sordos, pero aprenden – como lo logró su hija menor- a hablar como cualquier otro, sin que nadie pueda advertir la carencia física con que nació.

La confianza entre nosotros fue creciendo al punto  de que al ser electo gobernador  en diciembre de 1989, le pedí que me acompañara como Prefecto de Valencia. Para mi sorpresa, lo digo con sinceridad, Aura aceptó. Y con cuanto carácter y sacrificio personal ejerció esa difícil posición.  Luego ocuparía posiciones de mayor rango hasta culminar su carrera en la Maternidad del Sur.

No quiero ni debo extenderme. No se trata de escribir una biografía de Aura sino de dejar escrito sobre todo para sus hijos y nietos, un breve perfil de esta gran mujer. 

Amor, sentido de responsabilidad, disciplina, integridad, rectitud, autoridad moral, todo eso lo conjugaba Aura.

Hace unos quince días la llamé desde Estados Unidos, donde he pasado una temporada al lado de los hijos y nietos que han emigrado. Le pregunté por sus exámenes. Me siento muy mal, hermano, ya no logro coordinar las ideas, no me siento nada bien. Intenté darle ánimo. Anda, Aura, atiende tu salud, seguramente la debilidad física te está afectando la mente. No pierdas el ánimo. Todos te necesitamos. Más o menos esas fueron mis últimas palabras.

El día 4 de febrero también se nos fue Aura. Que triste estar tan lejos y no poderla acompañar en su último recorrido. Pero que grande ha sido, pienso al escribir estas líneas, el privilegio de conocerla, de haberla tenido de hermana, de trabajar a su lado.

Hasta pronto, Aura. Sé que estás bien. Para mí no es difícil saber donde estás. 

 

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Un Comentario;

  1. MAITE SEIJAS said:

    Muy conmovedor el artículo y excelente porque es propicio para conocer detalles de esta gran mujer, y es muy lindo saber que existe aún en estos tiempos en los cuáles se han pérdido los valores, el de la amistad y la gratitud. Bello que la intimidad se llamaban hermanos. Paz a su restos.

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