Golpe a golpe

Ruth Capriles

Ruth Capriles

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com 

 

¿Cuánta mayoría es necesaria para salvar a Venezuela? ¿Un 75%?

 

Nos dieron un golpe constitucional y de facto; impusieron un régimen ilegítimo bajo amenaza militar y controlado por un país extranjero; cedieron la patria, la nación, la soberanía, la autonomía, la autosuficiencia y, por ende, la sobre vivencia como país.

golpe-a-golpe-venezuelaLos demás recibimos este enésimo golpe a nuestro ser democrático con especial contundencia. Quedamos paralizados y, por ende, rendidos. La servidumbre voluntaria se instaló al asumir la derrota como falta. Y nosotros vamos por allí, aun más aturdidos cuando otros, dirigentes, presidentes, empresarios, aceptan a quien se abroga sin derecho el rol de mandatario. Y vamos al supermercado a ver si llegó azúcar o papel higiénico; nos sentamos en nuestras oficinas a tratar de programar eventos cuya realización futura es tan incierta como furtiva es la mente del opresor; como si no hubiese una guerra declarada contra la ciudadanía; como si no estuviéramos viviendo una situación de escasez, servidumbre y muerte.

La conclusión racional aducida por quienes legitimaron al CNE es simple: es que somos minoría; no somos suficientes. Sector maldito por el verbo oficial como defecto, como culpa. Si somos minoría no tenemos razón. Como minoría podemos ser acusados de todos los pecados que pueda imaginar una torva mente extranjera y sus secuaces nacionales.

Lo curioso es que otro tipo de razonamiento habría podido resultar en discursos políticos distintos. Si se hubiese partido de la premisa ofrecida por la realidad electoral, que el CNE manipula procesos y resultados hasta producir mayorías ilegítimas, otras serían las conclusiones: La oposición es mayoría y con ese convencimiento no estaríamos rendidos.

¿Cuánta mayoría es necesaria para salvar a Venezuela? ¿Un 75%?

¿Podemos negociar como Abraham para salvar a Sodoma? “¿Qué harás en caso de encontrar únicamente diez? Y el Señor le dijo: Hasta por esos diez, no destruiré la ciudad”. La dictadura de una facción y ficción de mayoría es el esperpento de la democracia.

 

 

 

 

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