LOS MISTERIOS DEL 4-F

En esos años Hugo Chávez Frías no pensaba llegar al poder. En la Sabaneta de Barinas de los setenta recibía el influjo de las hazañas del Che Guevara y de los revolucionarios emblemáticos de aquella época. José Ruiz Guevara (dirigente comunista y cronista de la ciudad de Barinas) y Pedro León Tapia (médico e historiador) habrían de fungir como sus maestros para descifrar los laberintos de la historia. Rafael Simón Jiménez, dirigente del MAS sería una pieza decisiva para su formación ideológica. Ya Chávez, por la vía familiar, exaltaba las correrías de su bisabuelo Pedro Pérez Delgado “Maisanta”, quien luchó al lado del “Mocho” Hernández  y que años después como prisionero en el Castillo Libertador, fuera reivindicado en una conocida elegía por Andrés Eloy Blanco.

Asonada fracasada del 4 de Febrero de 1992

Asonada fracasada del 4 de Febrero de 1992

Pero la decisión de Chávez de incursionar seriamente en la política como un oficial capaz de tejer una red conspirativa en el seno del Ejército tiene tres responsables: su hermano Adán, Douglas Bravo y Pablo Medina. Los tres coincidían en que ante el fracaso de la lucha armada y la lenta dispersión de la izquierda era necesario penetrar la estructura militar. La tesis tenía antecedentes en las insurrecciones de Carúpano y Puerto Cabello de 1962, que demostraron que las Fuerzas Armadas venezolanas, a diferencia de las mineralizadas estructuras castrenses de otros países, eran susceptibles de sumarse al torrente revolucionario.

Chávez ingresa a la Escuela Militar y asume por un tiempo la disciplina de los cuarteles, alejándose de sus mentores, quienes llegaron a pensar que había sido un nuevo intento fallido por perforar a la corteza militar. Se cuenta que un día, deprimido, el cadete llegó a la casa de Ruiz Guevara para anunciarle su decisión de abandonar la carrera. El viejo maestro lo convenció, apelando a los latiguillos del leninismo,  que la lucha era larga pero que era el “único camino”. Chávez fue estableciendo relaciones con oficiales de su generación en su mayoría provenientes de los llanos que compartían críticas contra la alta jerarquía y proponían mayores vínculos entre los cuarteles y la calle. Fueron los tiempos de la amistad con Francisco Arias Cárdenas, Jesús Urdaneta Hernández, Joel Acosta Chirinos, Raúl Isaías Baduel y José Ortiz Contreras, entre otros quienes no compartían en su totalidad su pensamiento, pero coincidían en darle fisonomía a un grupo para actuar de manera orgánica en las guarniciones. Hubo entonces la necesidad de una ideología, de construir una referencia teórica que sedujera a la oficialidad descontenta. Y allí nace la teoría bolivariana de las “Tres Raíces” y sus derivaciones.

El 21 de diciembre de 1981 ninguno de los jóvenes juramentados en el Samán de Güere en Maracay veía en el horizonte cercano la toma del poder. Fue una ceremonia iniciática, un rito propio de la Montaña de Sorte y en ningún caso una proclama que augurara el estallido de una revolución. El tiempo fue pasando y el grupo vio fortalecida su influencia en los niveles medios del Ejército y las circunstancias fueron suministrándole oxigeno a la propuesta original. A partir de allí –y de manera difusa- sólo Chávez intuyó la posibilidad de que el movimiento se transformara en una opción viable. La acción crítica persistente del grupo de Los Notables frente al gobierno de Carlos Andrés Pérez, las secuelas del “Caracazo” de 1989 y los inocultables enfrentamientos de las máximas instancias militares facilitaron la redefinición del movimiento para convertirlo en pieza de un eventual cambio de gobierno.

4febrero450EspecialElNacionalEl 4 de febrero de 1992 tiene algo de misterioso. La acción de los bolivarianos mejor conocidos como los “comacates” estaba perfectamente detectada por los organismo de inteligencia. Es célebre el altercado entre el comandante del Ejército general Carlos Peñaloza y el propio Chávez, cuando el primero lo citó para darle cuenta detallada de sus actividades conspirativas ¿Por qué no actuaron los organismos de seguridad en aquel momento?  ¿El alto mando acaso quería valerse de la actividad de los jóvenes comandantes para dirimir diferencias que ya eran insalvables? ¿Cómo nadie advirtió a tiempo la masiva movilización de soldados desde Maracay hasta Caracas la noche del 3 de febrero? El ministro de la Defensa Fernando Ochoa Antich viajó ese día a Maracaibo sin percibir el menor signo de anormalidad. Sin embargo, en los días previos en los restaurantes de Las Delicias de Maracay el anuncio del golpe se servía con la impunidad de un whisky con soda. ¿La Junta de Gobierno que estaba diseñada para asumir el poder habría abandonado, como se dice la operación a última hora? ¿El alto mando militar que durante la madrugada del 4 mantuvo una dudosa actitud frente a los golpistas hasta el punto de mostrar a Chávez en plan de héroe en televisión, apostaba a asumir en una primera etapa las tareas de un nuevo gobierno? El hecho cierto es que por razones que todo el país conoce, Chávez accedió hace catorce años a la Presidencia de la República para impulsar su revolución bolivariana y convertirla luego, de la mano de los hermanos Castro, en una curiosa versión del “socialismo del siglo XXI” .

¿Qué pasó con los mentores? Luis Guevara y Tapia se distanciaron temprano; Douglas Bravo fue colocado en una “lista negra”; Pablo Medina jura todavía “trabajar noche y día para sacarlo de Miraflores” y sus compañeros del Samán de Güere solicitaron en el 2000 la revocatoria de su mandato. Luego, Luis Miquilena el mediocampista que le armó los juegos en la campaña electoral de 1998 se retiró a los cuarteles de invierno; y los oficiales institucionalistas que le garantizaron la entrega del gobierno ese mismo año, fueron sustituidos por “camaradas” adiestrados por el Ejército cubano ¿Cómo se explica todo ello?

Sólo entendiendo que para Chávez, una vez conquistado el poder, éste se transformó en la única razón de su vida, aunque para ello sometiera al país a una situación que tampoco podía imaginarse en su adolescencia en Sabaneta de Barinas.

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