EL INSULTO COMO ARGUMENTO

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

 

Elizabeth Burgos
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Sorprendida ante la incomprensión que manifiestan los especialistas en política internacional y la oposición venezolana también ante la ofensiva de insultos orquestada por Raúl Castro, seguida por Nicolás Maduro con Diosdado Cabello, la autora explica por qué y desde cuándo esta táctica forma parte del gran plan continental de Fidel Castro.

A raíz de la agresión verbal de Raúl Castro contra la oposición venezolana en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) celebrada recientemente en Santiago de Chile solicitados por los medios algunos especialistas de política internacional han analizado esta conducta beligerante del general-presidente cubano.

Sin ánimo de polemizar, y porque considero indispensable se tome conciencia de la naturaleza y la psicología del poder al cual se enfrentan los demócratas venezolanos, me referiré a algunas de las conclusiones más significativas emitidas por algunos de ellos.

308 Raul Castro CELACCuriosamente, y tal vez sea una consecuencia de ello, las opiniones vertidas por esos especialistas, coinciden con la sorprendente tibieza de la opinión pública, en particular de la oposición, ante la condición de protectorado cubano que es ya el estatus del país, y en el poco conocimiento que se tiene del proceder de la dirección cubana. 

No deja de sorprender que se ignoren gasta ese punto los mecanismos de la conducta del poder cubano en la política internacional que el castrismo ha desarrollado sin apartarse ni un ápice de ella desde 1959, solo que como buenos pragmáticos, han adaptado la táctica a los tiempos,  para ser fieles “a los principios”, es decir a la estrategia que ha sido la suya desde los inicios. Porque contrariamente a lo que afirman algunos especialistas que me han inspirado para escribir esta columna, de que como los cubanos en todos los escenarios que han intentado –CHILE, Grenada, Guinea Ecuatorial- “siempre han salido con las tablas en la cabeza, se han vuelto “muy prudentes”, el castrismo es un proyecto a largo plazo, y más bien hoy está recogiendo los frutos que sembró durante su periodo de radicalización expresada  en la primera fase del asentamiento de su influencia mediante la lucha armada. Hoy, “adaptándose a los tiempos”, el castrismo tardío, según las propias palabras de Fidel Castro a Ignacio Ramonet, se permite el lujo de imponer su proyecto político, siempre radical, mediante el sufragio electoral. “Ya Fidel no hará nada ilegal”, declaró un alto funcionario cubano, refiriéndose al nuevo estilo castrista aplicado hoy en América Latina, lo que no significa que el proyecto, una vez implantado no sea de naturaleza radical, sólo que la trayectoria para lograrlo, será más sutil e irá adaptándose a las circunstancias.

La opinión de que “Fidel Castro nunca hubiera actuado de esa forma”, refiriéndose a las declaraciones de Raúl Castro en la Celac en relación a la oposición venezolana, según declaró un distinguido especialista, y que incluso, considera que en los 14 años de gobierno, Chávez “ha comentado cosas increíbles” como es la de la eventual fusión de Cuba y de Venezuela en una estado federado, deja al más indiferente, perplejo. La noción del experto de que “la culpa no se le debe echar a los cubanos, sino a la dirección política venezolana, que ha tenido junto con Chávez, una posición infantil y acrítica”, sorprende, porque tratándose de personas que llevan el seguimiento del acontecer internacional, no deberían ignorar que los primeros en declarar que Venezuela y Cuba ya constituían una entidad y que tenían dos presidentes, fueron los altos funcionarios cubanos de visita en Caracas. Además, el propio Raúl Castro corroboró el hecho, declarando que “Cuba y Venezuela eran la misma cosa”.

 

Y afirmarse sorprendido de que el sueño de Fidel Castro de apoderarse de Venezuela, lo hizo de la manera “más increíble, lo hizo por la va electoral”, es ignorar que desde hace mucho tiempo, recogiendo la cosecha que se había plantado en los años en que impuso la violencia, el castrismo reemplazo la lucha armada por la instrumentalización a favor de su estrategia, de los mecanismos brindados por la democracia. Los guerrilleros de antaño, fueron reemplazados por contingentes de médicos cubanos más eficientes que los ex guerrilleros locales poco confiables, porque “corrompidos” por el capitalismo, mientras que los cubanos, sometidos durante decenios a formarse como “hombre nuevos”, son soldados disciplinados, por lo que nada es “increíble”.

 

Otra idea expuesta por un especialista que los cubanos “consideran que en Venezuela no hay condiciones para un radicalismo total porque el contexto no es de guerra fría,  sino de globalización” y que “más bien los cubanos han frenado a la dirección político revolucionaria”. Se desprende de esas palabras, que su autor percibe la información de fuentes cubanas. No debería sorprender la actitud cubana, por el hecho de que su proyecto, como ya lo dijimos antes es de largo plazo y la precipitación jugaría en contra. Precipitarse y radicalizar a destiempo el entorno de la gallina de huevos de oro, comprometería la continuidad del proyecto “cívico-militar” que se ha propuesto en La Habana.

 

El mismo especialista considera que el hecho de que la presencia de Chávez en Cuba ya “este alcanzando una situación límite, los cubanos tienen que medir que harán y en vez de tener una situación más flexible, se han cerrado más”, lo que demuestra el discurso de Raúl Castro. De lo que no se percata este experto en asuntos internacionales, es que cuando se habla de funcionarios cubanos, estos tienen un discurso precavido, “flexible”, adaptado a la sensibilidad del interlocutor, que ellos transforman, pese a la voluntad de este, en portavoz de la política cubana, en caja de resonancia, precisamente, para desinformar y reducir el grado de animosidad que pueda generar el intervencionismo cubano entre las elites ilustradas de los países en donde actúa. Solo que cuando se expresa la alta jerarquía, Fidel Castro y Raúl Castro, se cumple y se acata.

 

Y el insulto ha constituido siempre el recurso preferido de Fidel Castro para chantajear, deslegitimar y neutralizar a los enemigos, puesto que para el castrismo, en última instancia, su prisma es la configuración radical del amigo/enemigo que hasta ahora, pese a los especialistas, les ha dado excelentes resultados.

 

Innumerables son los ejemplos de insultos emitidos por Fidel Castro. Remito a sus innumerables discursos en los que proliferan los insultos a figuras que me vienen a la memoria, como: Mao Tse Tung tratado de viejo gagá, acusa de ser agentes de la CIA al escritor español Jorge Semprún, a la gran dama del comunismo italiano, Rossana Rossanda, al periodista e internacionalista, K. S. Karol, a los dirigentes del partido comunista venezolano, a Raúl Leoni, a Carlos Andrés Pérez, etc. Larga es la lista y sería materia de otra columna. Por cierto, sería aconsejable de que los especialistas, si desean comprender la naturaleza del castrismo y no limitarse a segundas y terceras lecturas, acudieran a investigar en las fuentes que no faltan.

 

Y para más pruebas de que el insulto constituye un elemento esencial  del ejercicio del castrismo, véase la orgía diaria de insultos a la que se dedican Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. El insulto de Raúl Castro en Santiago de Chile, fue la “orientación” –según la terminología cubana- que “bajo” y debía dársele continuidad como lo están haciendo dócilmente y rivalizando entre ellos, los dos rivales o agentes consulares.

 

 

 

 
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