…Y ahora sin Papa

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa

MERCURIALES
Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com 

 

El buen humor del venezolano es instantáneo, la renuncia de Benedicto XVI como Obispo de Roma produjo de inmediato una expresión jocosa que rueda de boca en boca: “No tenemos harina de maíz, pollo, leche, papel higiénico, estamos sin presidente y ahora nos quedamos sin Papa”. Este humor tan característico del venezolano, y del caribeño en general, es en nuestro caso, una manera de liberar las tensiones generadas por una realidad política y económica alucinante y cada vez más decadente.

José Vicente Rangel

José Vicente Rangel

Los  griegos en la Antigüedad atribuían al buen humor una característica catártica (catarsis). Más recientemente, Freud lo identificó con la burla del súper-yo y con la liberación de pulsiones. Lo cierto es que la querencia de buen humor alimenta su antípoda, el mal humor, cuyo efecto entre otras maluquezas, son el resentimiento y la exclusión.

Un ejemplo de cómo los humoristas (y el venezolano de a pie) asumen el buen humor es con el tema del magnicidio de Chávez. Éste al igual que su mentor, Fidel Castro, anunciaron hasta el cansancio planes para asesinarlos, a cada anuncio le sucedió una caricatura, un cuento divertido. El venezolano sencillamente no se cree lo del magnicidio, se le hizo cansón.

Algo parecido ocurre con un anciano personaje de la política venezolana que quizá por no tener otra cosa que decir, se la pasa denunciando que hay un complot de la derecha y el Pentágono para dar un golpe de Estado al gobierno del Presidente Chávez. El libreto del golpe lo repite José Vicente Rangel cada vez que el gobierno está en apuros, como ahora que aplicó el paquetazo económico neoliberal  a la economía.

El instinto de sobrevivencia política de José Vicente en esta etapa de su vida se concreta a generar temor entre sus enemigos y a producir divisiones en el adversario, montando rumores de conspiraciones que solo existen en su imaginación o en alguna Sala Situacional, bien sea en Caracas o La Habana.  En su programa televisivo dominical y en sus columnas de prensa, no dice nada importante, es un caliche malicioso con experiencia que se aprovecha de las carencias  del chavismo.

El esquema táctico de ahí viene el golpe de la derecha, ¡ahí viene!, ¡ahí viene!, no es nuevo ni es invento del chavismo ni de Rangel, mucho antes que Chávez, Fidel  Castro anunciaba regularmente una invasión a Cuba por parte de los Estados Unidos para destruir el socialismo y sus “libertades”, pero tal como ocurre en Venezuela casi nadie le creía, y el pueblo cubano como ahora el venezolano, respondió a cada amenaza fantasiosa de invasión, con una de las armas más peligrosas para los autoritarismos: el humor.

Pero el chiste trágico del día en Venezuela no es la renuncia del Papa, sino la  macabra devaluación. Chávez aseguró unos días antes de las presidenciales que: “Si me reeligen como presidente no habrá ajuste cambiario ni paquete económico”.

¿Qué pasó entonces? ¿Crecieron los enanos del circo? ¿El Presidente nos mintió? Los ministros Merentes y Giordani negaron la devaluación hasta el último momento y le endosan la responsabilidad a Chávez, mostrando su firma electrónica en un documento.

Definitivamente este gobierno, si bien es venezolano y caribeño, no produce buen humor. Nadie  puede reír ante el batazo de la devaluación a los bolsillos del ciudadano común.

 

 

 
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