Benedicto, ejemplar

Luis Xavier Grisanti

Luis Xavier Grisanti

Luis Xavier Grisanti
@lxgrisanti

 

La fuerza moral del papado ha quedado fortalecida con este gesto sin igual

 

En un mundo obsesionado por el materialismo y la frivolidad, la renuncia del Papa Benedicto XVI refresca la fibra humana y sacude las vísceras de la ambición desmedida. Con la humildad con que asumió su tarea pastoral hace casi ocho años, el pensador más esclarecido del cristianismo da un paso a un lado porque el peso de los años le limita continuar su noble ministerio ecuménico.

Como en su Encíclica Caritas in veritate, Joseph Ratzinger asume la verdad como un compromiso inquebrantable, fundamento ético de su servicio episcopal. El poder es efímero; pero el ejemplo infinito. ¡Qué gran lección ha dado un hombre íntegro que está en perfectas condiciones intelectuales de ejercer su augusto pontificado!

La fuerza moral del papado ha quedado fortalecida con este gesto sin igual. El Papa con la bondad de Juan XXIII y la fuerza intelectual de Juan Pablo II deja voluntariamente el trono de San Pedro por la adustez de un monasterio. Orar y meditar vale más que las prerrogativas del Vaticano.

Benedicto se mortificó al constatar cuán lejos de Dios está el mundo de hoy, no sólo los 1.200 millones de cristianos. Propició el diálogo entre religiones y volcó la atención de la Iglesia hacia la pobreza que pervive entre la opulencia generada por una globalización mal gestionada.

No rehuyó enfrentar la pederastia y perdonó a su mayordomo desleal sin alterar la justicia ordinaria. No le fue fácil reemplazar a Karol Wojtyla; pero lo hizo con dignidad. Se malentendió su reciedumbre moral y con simplismo se le calificó de conservador.

Fue un don de Dios que la Humanidad tuviera un referente con tanta bondad, talento y desprendimiento en estos tiempos tan ayunos de vida espiritual.

 

 

 

 

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