EL CAUCE

Deyalitza Aray

Deyalitza Aray

 

Deyalitza Aray
@dearay66

 

Coreando una consigna: “Vecinos unidos, jamás serán vencidos”, se inicia en Carabobo una verdadera revolución, la revolución de la sociedad civil, que convirtió a nuestro estado en referencia nacional, en modelo de desarrollo y en condiciones y calidad de vida; también, de participación, uniéndonos sin distingo alguno al compromiso común de convertir Carabobo, en honor a su pasado histórico, en lo que con el pasar del tiempo llamaríamos el Territorio de lo Posible.

 

Parque Fernando Peñalver (1995). Obra del primer gobernador de Carabobo, electo por voluntad popular.

Parque Fernando Peñalver (1995). Obra del primer gobernador de Carabobo, electo por voluntad popular.

 

 

Todo comenzó por los años 89, 90, con la elección directa de Gobernadores y Alcaldes, al abrirse el camino que permitió a los ciudadanos escoger libremente a sus autoridades más cercanas, con base a un trabajo constatable, al convencimiento popular y a una decisión inequívoca de los electores.

 

En Carabobo tuvo una significación particular ese proceso. En aquellos momentos cualquier aspirante debía enfrentarse a una candidatura temida, de mucho poder, con recursos ilimitados y la mejor maquinaria partidista nacional. Parecía una misión imposible. Sin embargo, surgió una propuesta venida del sector independiente, con una visión distinta, una opción por la que nadie apostaba ni un minuto siquiera de su tiempo… pero bastaron nueve semanas, arduas, incansables, de recorrer casa a casa cada rincón de nuestra geografía. El tiempo apenas alcanzaba, pero el compromiso y las ganas de trabajar por Carabobo eran mayores, y el candidato independiente fue enganchando a la gente que lo escuchaba, encaramado en una camioneta, o en un banquito, o desde una gabera de refrescos les hablaba, con megáfono, sin megáfono, con sol, sin sol, con lluvia sin lluvia. No quedó un solo municipio, un solo sector que no conociera a quien luego bautizarían los vecinos como “el gobernador de los zapatos sucios y la cara limpia.” Y se logró. ¡Qué orgullo!

 

Pues bien, hoy cuando las circunstancias políticas, económicas y sociales dibujan un panorama bien complicado, dificultades de las que no escapa lógicamente Carabobo, las circunstancias nos obligan a recordar aquel pasado, a esa parte buena que consolidó nuestra región como la más llamativa y sólida del país. Aquel pasado en el que no solamente teníamos el mayor parque industrial de Venezuela, que generaba ingentes fuentes de empleo, y de oportunidades; y nuestras vibrantes universidades; sino también un estado que fue capaz de convertir a la sociedad civil y a la dirigencia vecinal en especial, en herramienta eficaz para la elaboración de las políticas públicas que luego harían de cada barrio, de cada comunidad, de cada parque recreativo, un espacio consolidado que brindaba a sus habitantes calidad.

 

Se construyeron casas, acueductos, carreteras, escuelas, hospitales, se encendió la luz en centenares de barrios y en las zonas rurales más apartadas; se creó un servicio de ambulancias gratuito para brindar auxilio a todo el que pudiera requerirlo; se conformó un ejército de hombres y mujeres que con sus chalecos, escobas, rastrillos, desmalezadoras salían a nuestras calles, plazas, autopistas para hacerlas acogedoras y darle color y calor a nuestras ciudades, dignificando a la vez el trabajo de los mas humildes. 

 

La iniciativa tuvo que soportar duras críticas, se hablaban de maquillaje, cuando era en verdad el rescate de lo que era nuestro, de nuestro patrimonio, que bajo la suciedad imperante, por anos había permanecido oculto … Con el tiempo, la Operación Alegría, que así se llamo, se convirtió en patrimonio ya no solo de Carabobo sino de todo el país. En ese tiempo también se desarrolló el deporte de manera asombrosa, convirtiendo a Carabobo desde entonces en el estado campeón; se modernizó y transformó nuestro puerto, elefante blanco en el pasado, y todo, absolutamente todo fue logrado gracias a la única fórmula posible: trabajar unidos con respeto al ciudadano y por un objetivo común.

 

La memoria suele ser frágil sobre todo para olvidar cuando a algunos no interesa o  conviene; de allí lo imperativo que es recordar este pasado aún reciente, hoy cuando además los demonios se han desatado, las ambiciones pululan, y la confusión puede hacerle una mala jugada a gente de buena fe, llevándola a olvidar estas cosas y además desviando su atención de lo medular. Es necesario recordar lo que hemos hecho con sentido de grandeza y a la vez colocar a un lado las pequeñeces. Lo que está en juego en Venezuela es nuestra soberanía, la patria misma, nuestras libertades y el futuro de nuestros hijos y nietos, y de los que vendrán después, que mañana nos juzgarán por la actitud que hayamos asumido a la hora de defender los principios fundamentales que están en juego. Ese es el verdadero reto.

 

Desde nuestra trinchera, hemos trabajado arduamente para construir la unidad y lo hemos conseguido. Ha habido en el camino, triunfos y derrotas, aciertos y desaciertos, eso es normal. Pero si hay algo que no se debe olvidar es que todo lo hicimos por el país y por Carabobo, apostando siempre a una unidad afectiva, a una unidad superior.

 

Conscientes de las dificultades, y sabiendo que teníamos enemigos dentro y fuera, hicimos unidos a muchos otros, un esfuerzo titánico en esta última campaña. El desanimo producido por la derrota sufrida en las presidenciales era muy fácil de superar.  Pero si bien los resultados nos fueron adversos, seguimos dispuestos a continuar, a seguir luchando. Con el mismo entusiasmo, con la misma misión. Somos cauce para una causa, una causa grande y hermosa… y “los vecinos unidos, jamás serán vencidos”.

 

 
Deyalitza ArayDeyalitza Aray

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