AGUANTA EL GOLPE

Daniel Lansberg Rodríguez

Daniel Lansberg Rodríguez

Daniel Lansberg Rodríguez
daniellansbergr@gmail.com
@Dlansberg

 

La terminología “golpe de Estado” es una traducción literal del francés “coup d’État”. Aunque el concepto de tomar el poder mediante la fuerza, o la amenaza de la fuerza, es bastante antiguo; esta caracterización en particular fue aplicada por primera vez a principios del siglo XVII, describiendo la brusca expulsión de María de Médici -madre del adolescente rey Luis XIII- de la corte francesa junto a sus partidarios. Este acontecimiento, que había sido cuidadosamente orquestado por el cardenal Richelieu, permitió al maquiavélico sacerdote, consolidar su control total sobre el Rey y el Estado.

 

Fidel Castro - Augusto Pinochet

Fidel Castro – Augusto Pinochet

Si bien la idea básica ha cambiado poco desde entonces, la modernidad ha visto un auge creativo respecto a las tácticas con las cuales los golpistas han buscado llegar al mismo resultado. Durante la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, los golpes militares alcanzaron su apogeo de popularidad y frecuencia en África, Eurasia y América. Tan solo en el año 1964 hubo doce golpes de Estado, que derrotaron los gobiernos de más de 10% de los países entonces existentes; eso sin contar a numerosos golpes fracasados e intentos abortados.

 

Afortunadamente, hoy en día, tanto la frecuencia como el éxito de estos golpes han ido disminuyendo. En parte, esto es consecuencia de cambios geopolíticos que le han complicado el panorama a los nacientes gobiernos golpistas. Antes que cayera la Unión Soviética en 1991, cualquier gobierno que surgía de esa manera podía contar al menos con el apoyo y la legitimización por parte de una de las superpotencias. Es decir, durante la Guerra Fría, si Castro derribaba a Batista, un aliado de EEUU, el nuevo régimen tenía la certidumbre que podía contar con un amigo en la Unión Soviética. Mientras tanto, si Pinochet derrocaba a Allende, el nuevo régimen de Chile ahora sería apoyado por Estados Unidos y las potencias del Occidente.

 

Cuando la legitimidad gubernamental se podía obtener fácilmente a través de excusas ideológicas y rivalidades geopolíticas, la importancia de cumplir con los procedimientos constitucionales a nivel doméstico, a fin de preservar su credibilidad internacional era poca. Sin embargo, hoy en día eso ha cambiado.

 

Uno de los últimos intentos de “golpe tradicional” en Latinoamérica fueron los conocidos eventos del 4 de febrero 1992. Siguiendo el fracaso de ese golpe, el cual se llevó a cabo a menos de un año de la disolución de la Unión Soviética, las reacciones internacionales resultaron ser poco esperadas. Al no poder contar con la dicotomía tradicional, tanto George Bush padre, como Fidel Castro enviaron mensajes de apoyo a Carlos Andrés Pérez. Ambos líderes, enemigos mortales entre sí, simpatizaron de manera ostentosa con CAP: refiriéndose a lo ocurrido como un “un golpe indignante” e “ilegal,” y ofreciendo solidaridad y lealtad a “uno de los grandes líderes democráticos de nuestro hemisferio”.

 

Entonces, ¿sería razonable suponer que si el intento del MBR-200 hubiese logrado consolidarse tras la expulsión forzada del gobierno adeco, el nuevo gobierno hubiera tenido que enfrentarse con un rechazo universal, por parte del resto del mundo? Nunca lo sabremos.

 

Aunque esto sin duda ha sido el caso de muchos de los golpes recientes en países como Níger, Madagascar y Fiji en donde no existía un argumento razonable y constitucional con lo cual legitimar legalmente lo ocurrido, tal vez el petróleo complicaría el cálculo diplomático en nuestro caso. Recuerden que después del carmonazo parecía que Estados Unidos si reconocería al gobierno usurpador.

 

Lo que si es cierto es que el golpe de Estado aún no ha sido purgado de nuestras tierras. Lo que hemos logrado es disfrazarlo, engalanando lo feo con incontables variaciones y derivaciones: Hay golpes invisibles, golpes populares, y golpes interinos. Hay “golpeachment”, una palabra híbrida entre “golpe” y la traducción en inglés de “destituir”: algo que hemos visto recientemente ocurrir en países como Honduras y Paraguay.

 

Venezuela, durante la última década ha visto una larga serie de pequeños –y no tan pequeños- “autogolpes.” Gota por gota un poder, teóricamente legítimo, ha arrebatado de manera ilegítima, un nivel de autoridad total ajeno tanto a la constitución como a las tradiciones de esta patria. Mientras tanto la democracia muere por mil atajos.

 

Me pregunto: ¿futuros historiadores podrán identificar un momento específico en el cual murió la democracia venezolana? Como dijo el poeta T.S. Eliot, “así es como termina el mundo, no con una explosión, sino con un lamento”. Esperemos que, si algún día logramos resucitarla, aún podamos reconocerla… como ella a nosotros.

 

 

 

 

Artículos relacionados

2 Comentarios

  1. Trinidad said:

    Excelente , si en Venezuela hemos tenido varios golpes ,golpes Institucionales , sociales ,etc.

  2. Carmelo Zibaoui said:

    La democracia comienza a morir cuando se desconoce la constitución de 1961 y se aprueba la convocatoria de una constituyente. Ningún poder constituido se opuso y salvo la renuncia de la presidenta de la corte suprema de justicia, nadie “chilló” y allí comenzó el caudillo y su entorno a tejer las redes de su hegemonía. Otro hecho fundamental fue el de las firmas”planas” que le permitió al gobierno ganar tiempo y armar su plan y sus misiones para superar el revocatorio. A partir de allí ya no le importaron mas las apariencias y basados en el poder popular hicieron su real gana

Los Comentarios han sido cerrados.

Top