DELIRIO SIN CAUSA *

Américo Martín

Américo Martín

Desde la Cima del Ávila 
Américo Martín
amermart@yahoo.com 
@AmericoMartin 

I

Informa el gobierno a través del ministro de comunicaciones que la salud del presidente empeora. Como durante tanto tiempo ha estado desorientando al país, el vicepresidente Maduro, cogido en falta, opta por el recurso pueril de refugiarse en un tono insolente, mendaz, agresivo para no tener que reconocer que ha faltado a la verdad.

¿Cuántas veces no dijo que el paciente seguía en el mando, le dictaba instrucciones y hasta discutía con él por largas horas?

Partiendo de esa ficción, se negaron a reconocer que cuando menos había una falta temporal. Movieron al lamentable Tribunal Supremo de Justicia, se concertaron en el Congreso, hablaron hasta por los codos tratando de explicar cómo es que nadie ha visto en meses al presidente, ni éste ha dado el elemental testimonio de vida que sería una llamada telefónica o una breve declaración personal a los medios. Si puede dirigir al país y soportar durante cinco horas a Maduro no se entiende por qué no despeja la creciente inquietud que embarga a los venezolanos y a varios presidentes,  incluso sus más cercanos amigos.

310 Maduro 33244No creo que haya habido oposición más responsable que la de Venezuela en relación con los males de Chávez. Respetuosa, no acomoda su lenguaje al torrente de rumores cuyo origen no es otro que el silencio y la desinformación oficial, y no ha dejado de declarar en términos equilibrados, puntualizando que desea la recuperación del presidente y su regreso a Miraflores.

Por otra parte, ha reclamado pacíficamente que se le diga la verdad al país. Los estudiantes han sido insistentes. Su reclamo tiene una base sólida: mientras no se conozca la realidad, el señor Maduro estará usurpando la vicepresidencia.

Pero Maduro, Jaua y Aissami consideran que la solicitud estudiantil es “sádica” y se propone “desestabilizar” a Venezuela. Que nadie pregunte nada, que todos se traguen las gruesas mentiras, sin eructar. Será difícil por no decir imposible que triunfe esa pauta deleznable. Agréguese que la inquietud de la gente se dimensiona porque el tiempo sigue pasando y el lenguaje de los dudosos gobernantes se endurece para encubrir sus responsabilidades.

 

II

El discurso del gobierno ha estado rociado de magnicidios, todos “investigándose” a partir de pruebas e indicios vehementes en poder de los cuerpos de inteligencia. Esas explosivas denuncias arrancan con vuelo de caballo y llegan con pisada de burro. No terminan en nada, nunca, en nada. Esa ha sido la norma del régimen, por cierto el más mendaz y provocador que haya conocido.

Que llegaría a superarse a sí mismo parecía imposible, pero la rueda de prensa ofrecida esta semana por Maduro y la dirigencia del estado y del PSUV desbordó todo lo conocido. Se elevó hasta el plano del delirio más exorbitante, y de paso dejó escapar retazos del drama que desordena la vida del chavismo sin Chávez.

¿Quién puede tomar en serio a un gobierno que acuse al imperio gringo de “inocular” el cáncer a los dirigentes que le caigan mal?

¡Tan fácil que hubiera sido quitarse de encima al Fidel de la crisis de los misiles, el Ahmadenijad de los experimentos nucleares, el Kon Jong -un fabricante atómico-, el Bashar Al-Assad del holocausto sirio!

¡Mire que tomarla con un secreto socio que sin ofrecer más molestias que las de su retórica tiene un intercambio comercial activo y creciente con EEUU!

La retorcida argumentación de Maduro relaciona el cáncer con una conspiración ¡otra más Señor! de la derecha. Odia a los estudiantes.

Los rostros eran patibularios. Sea la ocasión para decirles una vez más lo que ellos, si la situación fuera inversa, jamás dirían: que la disidencia no cultiva odios estúpidos y por lo tanto desea la recuperación del presidente y que reasuma su cargo. Y si esto no fuere posible. Si su estado de salud fuera peor del que sabemos estaríamos siempre inclinados a manifestar nuestra solidaridad con sus familiares.

 

III

Pero quizá debajo de esos rostros adoloridos haya, cuando menos en algunos, aspiraciones menos inocentes. Maduro parece haber ganado la nominación, lo cual no equivale a garantizar la unidad. Si se declarara la falta absoluta tendríamos este año dos notables confrontaciones electorales, la de Presidente y la de alcaldes. Son retos ineludibles, dilemáticos para los venezolanos que habiendo sido abrumados por la destartalada gestión del sedicente gobierno revolucionario,  tendrían la posibilidad de cambiar el rumbo del país para que nuestros compatriotas respiren en democracia con elevada calidad de vida.

En el fondo todos querrán dejar atrás maldiciones propias de los dos últimos lustros, como la coyunda inflacionario-devaluacionista, la deuda agobiante, la criminalidad callejera, el desplome de los servicios, la triste injerencia de la inteligencia y los militares cubanos en nuestros asuntos internos, incluida la vulnerable área educativa, y la pestilente corrupción administrativa.

La gran incógnita del momento es el presidente Chávez. El cruel secreto que lo ha aislado del mundo será revelado muy pronto. Entonces se verá cuánta responsabilidad tuvieron en el agravamiento de sus males aquellos que, con ruidosas manifestaciones de amor y lealtad, lo indujeron, en beneficio propio, a asumir compromisos que nunca debió contraer. Quienes dicen quererlo, debieron velar por asegurarle una recuperación tranquila, en lugar de aplaudirle la temeraria decisión de entrar en una campaña presidencial que resentiría su salud.

En cualquier caso, se perfilan dos candidatos: el incansable Capriles y el continuista a medias, Nicolás Maduro.

Digo “a medias” porque como lo saben hasta en la Patagonia, no hay chavismo sin Chávez.

 

 



* Este articulo fue recibido el martes, 5 de marzo, minutos antes de que se recibiera formalmente la noticia de la muerte del Presidente.

 

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