LA RELIGIÓN DE SCHEMEL

Julio Castillo

Julio Castillo

Julio Castillo
juliocasagar@gmail.com

 

Un señor que solía ser encuestador y ahora ejerce como funcionario del Gobierno ha tratado de acuñar la idea de acuerdo con la cual el liderazgo de Chávez “no es de este mundo”, sino sobrenatural (ahora sobrevenido) y que la adhesión a su figura es religiosa y no política.

¡Pamplinas! El presidente Chávez es, efectivamente, un hombre carismático a más no poder, como pocas figuras lo han sido, pero vale la pena recordar que ese mismo hombre carismático y de innegable liderazgo estuvo al borde del derrocamiento en el golpe militar de abril de 2002 y con una popularidad que ya había pasado la cuota crítica de 40% hacia abajo.

 

Venezuela Chavez Cancer

 

En los días de referéndum revocatorio, cuando un sector de la oposición, en mala hora, aceptó el reafirmazo, estaba también en niveles críticos la aceptación de su gestión.

 

¿Qué ocurrió para que el mismo hombre pasara de simple mortal a Dios? ¿Cómo fue su tránsito al Olimpo? La respuesta es abrumadoramente sencilla: Chávez ganó tiempo para inventar e implementar el sancta sanctórum de su “religión” que fueron las misiones.

 

Dicho un poco más rupestre: le puso plata a su discurso.

 

No fue muy original, ya Lutero y Enrique VIII habían inventado eso de crear religiones con plata.

 

Algunos creen que la negación de la adoración de la virgen María de los protestantes o las desavenencias teológicas sobre su boda con Catalina de los fundadores del anglicanismo fueron los leitmotiv de la aparición de los nuevos credos.

 

¡Pamplinas también! Fue con las limosnas que dejaron de llegar a Roma de Alemania e Inglaterra como se crearon estas nuevas religiones.

 

Fue cuando el amor de Chávez por los pobres llegó con el chequecito de la misión cuando ese amor comenzó a ser comprendido por las grandes masas populares.

 

¿El amor continental por Chávez existiría si en lugar de producir petróleo Venezuela produjera cambures? ¿Lo amaría Cristina si no hubiera comprado los bonos chatarra argentinos? ¿Sería el “gran hermano Chávez” si Evo no pudiera repartir cheques, ambulancias, patrullas y plata venezolana a los bolivianos? ¿Hay ilusos que creen que la independencia venezolana fue el producto de las proclamas independentistas de los padres de la patria? Nada más lejos de la realidad. Nuestros primeros patriotas fueron más papistas que el papa: la primera forma de organización “independiente” fue una Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII.

 

La metedura de pata más grande del régimen español fue mantener el monopolio del comercio venezolano en manos de la Compañía Guipuzcoana. Eso fue lo que irritó a la naciente burguesía criolla y la hizo lanzarse a la emancipación.

 

“Liberté, égalité et fraternité” eran viejos postulados de los enciclopedistas franceses; fue cuando faltó el pan en París que los sansculottes se lanzaron a tomar la Bastilla, mientras la torpe María Antonieta decía: “Si no hay pan, buenas son tortas”.

 

Pareciera que estas notas sugieren que la historia no se mueve sino por intereses materiales. La verdad, no es así. En realidad los pueblos no son tan cínicos como para solamente preguntar: “¿Cuánto hay pa’ eso?” y reaccionar en consecuencia, pero no hay duda de que el grito de “la economía estúpido” que retumbó en el comando de campaña de Clinton y le llevó a la victoria es de una asertividad incontestable.

 

La famosa “religión” de la que Chávez sería nuevo papa está montada en la inteligente comprensión del castizo proverbio que advierte que “amor con hambre no dura”.

 

La crisis económica que se avecina pondrá a prueba los dogmas de esa nueva teología. Si las fuerzas democráticas saben interpretar el momento y convertirse en una referencia de las luchas sociales que inevitablemente se darán; si salen de los foros, simposios, conferencias, talleres y seminarios donde habitualmente se encuentran los mismos asistentes y se convierten en fuerza confiable de acompañamiento al pueblo, entonces las cosas cambiarán.

 

El cristianismo sobrevivió a la muerte de Cristo pero tuvo mucho que ver la conciencia de su resurrección. Los apóstoles asustados se escondieron y sólo salieron a predicar de nuevo cuando pensaron que Jesús seguía en medio de ellos. Constantino, al hacerlos pasar de perseguidos a religión oficial del imperio, los consolidó.

 

No creemos que la religión inaugurada por Schemel tenga la fuerza de resucitar al nuevo mesías, de manera que todo queda abierto.

 

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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