El Harlem Shake del gobierno

Marcos Carrillo
mrcarrillop@gmail.com
@carrillomarcos

 

El ambiente se va preparando, al principio silencio, tranquilidad, pero se intuye que algo imprevisible pasará. De repente todo explota, saltos frenéticos, convulsiones exageradas, gritos y ataques que se producen según la gente va expresando lo que cree significa el ritmo repetitivo de la música: es el último baile, una especie de Gamnam Style con Tuki que tiene como fin hacer reír… una pelusa.

El país no es más que un inmenso Harlem Shake político. El despelote impera.

Nada distingue las declaraciones de la bancada oficialista de la AN o de los encargados del Gobierno de las extravagantes contorsiones de los participantes en ese “jam” bailable. Darío Vivas balbucea, sigue una perorata de ese diputado que se disfraza de Fidel Castro, unos gritos de anónimos y brinca talanqueras y del muchachito malcriado, ese que se pone los pelos parados, se retuerce, mientras el resto de la comparsa eleva loas a Chávez e insulta al resto del país. Todo lo vuelven gritadera y grosería, todo lo degradan.

La coreografía del Gobierno es la anarquía y la improvisación que se apoderan de las instituciones mientras el pedal de la batería sigue insistiendo con el bum, bum, bum, que en definitiva es lo que unifica la bailanta: Chávez amor, Chávez vida, Chávez inmortal, Chávez gobernando. “Ostinato” estridente con el que pretenden legitimar la red de mentiras que recorre América Latina.

Maduro y su cogollo se ocupan del problema teleológico: hacer un estridente ridículo. Los demás se contagian, se enroscan y desenroscan según el dictamen de la letanía que lleva a la tragedia de un país que se hunde en la frivolidad y la abulia. Un país que se acostumbra no sólo a lo insólito sino a lo inaceptable. Un país donde unos bailan y otros ven con asombro pero sin inmutarse, y aquellos que no soportan el retumbar de los bajos se la calan callados mientras los protagonistas mienten impunemente.

Quienes gobiernan hacen lo que les da la gana e imponen una inmensa farsa abusando de la ciudadanía. La única regla es no cambiar la música. El DJ lo pone Cuba, la cómica y los reales Venezuela. ¡Shake it!

 

 

 

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