El historiador Tomás Straka sobre el Panteón Nacional

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Tres preguntas al historiador Tomás Straka sobre el Panteón Nacional

1. ¿Qué representa el Panteón Nacional en el imaginario de los venezolanos? ¿Cuál es el propósito de que un país tenga un panteón nacional?

Es uno de los grandes templos votivos para el culto al Libertador. De alguna manera materializa esa imagen de nuestra historia en la que el Libertador está en lo más alto del Olimpo, como última e inapelable deidad, determinando la importancia del resto de nuestros personajes en la medida que estén más cerca o más lejos de él. El propósito de nuestro Panteón, como el de todos los que se hicieron a imitación del francés, es el de la glorificación de los grandes beneméritos de la república, acaso apuntalando una religión cívica que sustituyera (o se confundiera) con la anterior. Cuando Guzmán Blanco lo decreta en 1876, estaba, por una parte, constribuyendo a la edificación de una identidad nacional a través del culto de nuestros héroes fundacionales; y por la otra apuntalando su propia legitimidad y la del Partido Liberal, ya que desde el principio lo creó con un doble propósito: para los próceres de la Independencia y para los de la federación. Si en nuestro imaginario la gloria se acerca en la medida en que lo estemos de Bolívar, se puede compulsar lo que significaba que metiera junto a su tumba los restos de sus compañeros de bandería.

2. La Constitución determina que haya un plazo de 25 años para tomar estas decisiones. ¿Por qué es necesario distanciarse temporalmente de los hechos?

Para que haya el tiempo suficiente para sedimentar los hechos y llegar a una balance que sea generalmente aceptado por la sociedad. 25 años es más o menos una generación, tiempo suficiente para que las pasiones se calmen. Para que el panteón siga siendo “nacional” y no sólo de una parcialidad. Tal vez muchos de los que hoy lloran a su héroe y reclaman su traslado al panteón, mañana, al compulsar mejor las consecuencias de su gestión, se arrepientan de ello. Eso es lo que hay que atajar. O que por el desprecio a las insignes cenizas de alguien, se termine despreciando al resto de las cenizas que lo acompañan. Con todo, entrar en el Panteón no es necesariamente una garantía de gloria: de hecho, está lleno de liberales metidos allí por Guzmán Blanco y sus sucesores, que hoy están perfectamente olvidados.

3. ¿Ha habido anteriores polémicas en Venezuela sobre quién debe estar en El Panteón?

Por supuesto, aunque nunca -que yo sepa- de un alcance tal que agrie especialmente a la sociedad. Después de salido el Liberalismo Amarillo del poder, no volvieron a inhumarse en el monumento actores en ejercicio capaces de suscitar las grandes pasiones de la hora. Es un ejemplo que deberíamos seguir.

 

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