HASTA LA VICTORIA… SIEMPRE

JESÚS HERAS – 

La estrategia fraguada y ensayada en Cuba, contemplaba utilizar los 90 días que constitucionalmente determinan la ausencia absoluta del Presidente (que vencería el 10 de marzo) para organizar las exequias con el boato y ceremonial propio de las exequias de un Papa o de un Monarca. Se quería una plataforma mediática de lujo para el lanzamiento de Maduro, quien al igual que Babieca, el caballo del Cid, llevaría a su dueño, al propio Presidente, a la conquista de una victoria más… después de fallecido. 

Varios planes convergerían hacia el mismo objetivo. No era posible, por ejemplo, mantener en secreto la muerte del primer mandatario, como ocurrió 900 años antes con el Mio CID. Aun así, había que mantener a Chávez “vivo”. De allí el proceso de implantación de dos consignas fundamentales: “Chávez vive” y “Yo soy Chávez”, frases que algunos exaltados han tomado demasiado en serio, provocando actuaciones demenciales.

 

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También había que elevar a Chávez al solio de los dioses, el Panteón Nacional, donde reposan los inmortales. No era un paso sencillo. Había que abonar el terreno. A Bolívar se le había despojado del título de El Libertador. Si existía un imperio que derrotar, su obra obviamente había quedado inconclusa. Ahora tocaba hacerlo descender para colocarlo imaginariamente al alcance de Hugo Chávez. Esa etapa comenzó el día lunes cuando Maduro, al referirse a Bolívar, habló dos veces de Simón.

Un cuarto ingrediente de la estrategia consistió en transmitirle legalmente el mando a Maduro. Un quinto ingrediente del plan tenía que ver con los plazos. La elección debía consumarse en 30 días, respetando – cosa extraña- el texto constitucional. A la Oposición no se le podía dar tiempo para reagruparse.  

¿Funcionaron los planes? En las primeras 48 horas, la estrategia comenzó a mostrar debilidades. En la MUD, lo perentorio del plazo llevó a entendimientos inmediatos, con el agregado de que con la utilización de la tarjeta de la UNIDAD, en lugar de las tarjetas partidistas, convirtió al candidato opositor, cualquiera que éste fuera, en una opción genuinamente nacional. La eficacia de los procedimientos cristalizó en el mejor de los resultados. Capriles, a quien se le juzgaba acorralado, aceptó el reto sin pestañar.

El candidato opositor trae a la contienda algo que ni Maduro aporta ni ningún otro candidato opositor podría hacer aportado. Es conocido por el 100% del país, y está muy fresco aún el recuerdo de su extenso periplo nacional durante la campaña anterior.

Además, y a juzgar por las agrias reacciones oficiales, ha sido por decir lo menos efectivo. “Nicolás, esta contienda es contigo… deja tranquilo al Presidente.” “Nicolás la devaluación ha ocurrido durante tu mandato. No metas al Presidente en esto. Eres tu quien debe responder.”

Ser Presidente comienza a convertirse en un fardo demasiado pesado que llevar, sobre todo para un hombre como Maduro, cuyas cualidades personales no desconocemos o subestimamos, pero que en campañas electorales, tiene aún mucho que aprender.

¿Por quién doblan las campana? El 14A  lo sabremos.

Entretanto, Capriles también ha hecho suyo el  grito de guerra del Che.

¡Hasta la victoria… siempre!


 
 
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