MÉXICO, VENEZUELA

Américo Martín

Américo Martín

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

 

La tragedia del post chavismo es que se ha condenado a empujar la carreta de la violencia y la polarización porque no hay entre los sucesores quien o quienes puedan abrir caminos hacia visiones obvias y útiles como las alentadas en México por el gobierno de Peña Nieto. No se atreven, no saben.

 

I

El principal problema de Venezuela consiste en que el gobierno no cree en la democracia y por lo tanto no es que tampoco cree en el diálogo sino que le teme y por ende lo repudia. Han condenado a los venezolanos a pelear, a aplastarse, a que uno borre del mapa al otro. La división es nítida: el gobierno la promueve, en tanto que la oposición le opone el diálogo y la reunificación del país.

Enrique Peña Nieto

Enrique Peña Nieto

Maduro pudo introducir alguna variante en ese esquema tan condenable, tan anti nacional, pero por desgracia no se atrevió. No quiere hacer o decir algo que se pudiera entender como velada separación del mandato del caudillo fenecido y de allí su tendencia a ser más papista que el papa y a atribuirle sus propios errores al presidente fallecido. Víctima de sus sobrevivientes, aquél no puede protestar, no puede quejarse.

El progresivo deterioro de las condiciones bajo las cuales se realizan las elecciones venezolanas no ha cerrado ese mecanismo de lucha porque la alternativa democrática insiste en votar, no juega a la abstención, no le deja el campo libre a quienes desde el poder pretenden cerrar el círculo autocrático de modo que no sobrevivan espacios democráticos, independientes, libres. Defenderlos es la nuez de la política democrática. Borrarlos, la de la autocracia.

Las elecciones del 14 abril son la más elaborada expresión del ventajismo, la mentira y el fraude. Nunca como ahora, muerto el caudillo, los poderes del estado  dejaron tan agresivamente atrás los últimos escrúpulos  y conspiraron de manera tan insistente y despiadada contra la libre voluntad popular.

Estamos pues ante dos monstruosidades alentadas desde las alturas del poder: la ruptura permanente de la unidad del pueblo venezolano y el rechazo a trabajar juntos cuando menos en la solución de problemas de insólita gravedad como los del crimen callejero y el hambre. Es algo que no cabe en la cabeza de nadie que uno y otro hayan crecido brutalmente en los dos lustros de gobierno sedicentemente revolucionario, justamente cuando el país ha vivido en bonanza financiera por la larga duración del mercado alcista de hidrocarburos.

 

II

Y es auspicioso México, desde la victoria del abanderado del PRI Enrique Peña Nieto, da una clara lección de cómo resguardar los intereses nacionales con enfoques constructivos en esas y otras cuestiones.

El líder de la izquierda radical, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) desconoció la victoria de Peña en las elecciones del 1 de julio, y llamó a la desobediencia civil. Decía tener pruebas vehementes de que el PRI había comprado 5 millones de votos. Dado que el Tribunal Electoral del Poder Judicial declaró la validez de los resultados, AMLO pataleó un poco y después reconoció a Peña Nieto. ¿Cómo hubieran reaccionado AMLO y Josefina Vásquez Mota del PAN, frente a las grotescas manchas del proceso electoral venezolano? La compra de votos es moneda corriente, agravada con la de militantes de oposición. Pero eso es nada. Ante la bárbara confabulación de todos los poderes y el Alto Mando Militar a favor del candidato del gobierno, seguramente habrían llamado a una insurrección.

Peña se esmeró en unir a los mexicanos, incluso a Andrés Manuel. Lo llamó a conversar mientras negociaba con los dos partidos derrotados, el PAN y el PRD, la suscripción –como en efecto ocurrió- del Pacto por México.

Maduro no dialoga ni quiere pactos. Peña sí y adicionalmente por eso México está por encima de Venezuela. En ese histórico documento se incluyen modificaciones de leyes en varias áreas. Está vigente la reforma educativa, y se va de frente contra la inseguridad y el hambre. La reducción del alto índice de homicidios reformula la frontal política del presidente Calderón

¡Y qué grande es que las organizaciones políticas se unan a la llamada Cruzada Nacional contra el Hambre! Es una operación que desborda las fronteras de la retórica. Creó el Sistema Nacional del Hambre, inspirado en el Plan Hambre Cero de las Naciones Unidas.

 

III

La tragedia del post chavismo es que se ha condenado a empujar la carreta de la violencia y la polarización porque no hay entre los sucesores quien o quienes puedan abrir caminos hacia visiones obvias y útiles como las alentadas por el gobierno de Peña. No se atreven, no saben. Por miedo a descomponer el frágil acuerdo interno mediante el cual las tendencias internas han postulado al jefe de una de ellas, no se atreven a tocar nada que pueda descomponerlo. Se necesitaría un Chávez para hacer que funcione algo semejante así sea en el corto plazo.

Los problemas de México son más ruidosos que de fondo. La economía azteca está bien y ahora ha cobrado mayor dinamismo como lo aprecian los analistas del mundo, tras estudiar cifras y realidades. Es la violencia nacida de los carteles de estupefacientes lo que comunica la sensación de fracaso. Calderón quiso cortarla de raíz. Le declaró la guerra a los capos de la droga, pero aunque se llevó por delante a varios de ellos, la violencia y la sangre crecieron.

Peña Nieto incorporó al Pacto de México un sensible cambio de estrategia. Se pondrá el énfasis en bajar las cifras rojas más que en destruir a los cabecillas.

Para tomar un camino tan auspicioso como ese, Maduro tendría que madurar y, dada la naturaleza del post chavismo, eso supondría profundos cambios internos que podrían llevarse todo al diablo.

¿No sería mejor entonces que el próximo presidente de Venezuela fuera Henrique Capriles Radonski?

 

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