Venezuela entierra a un César

Daniel Lansberg Rodríguez

Daniel Lansberg Rodríguez

Daniel Lansberg Rodríguez
daniellansbergr@gmail.com
@Dlansberg 

 

Julio César (1599), obra trágica de William Shakespeare, relata la historia de la muerte de un líder populista quien, logrando una profunda conexión con el pueblo romano, con su magnetismo personal, logró dividir y desestabilizar 480 años de republicanismo romano y ser designado dictador. Mis lectores familiarizados más con la figura histórica de César que con la obra teatral, podrían suponer que el clímax de la narrativa llega cuando el protagonista principal es asesinado por sus opositores en el senado, entre ellos: su amigo Brutus. Pero en la obra teatral, esta escena ocurre apenas en la primera mitad del guión. Shakespeare –quien como pocos entendía la condición humana– sabía que lo interesante era lo que venía después…

julio cèsarMarco Antonio, un teniente de César y su sucesor inmediato, pronuncia un discurso público sobre el cadáver en el foro de la ciudad. Sus palabras –se hicieron famosas- fueron: “Amigos, romanos, compatriotas, prestadme vuestros oídos… vengo a enterar, no a ensalzar a César.” Sin contar esta celebrada introducción, Marco Antonio en realidad hace lo opuesto: exaltando a César como un gran patriota, un amigo del pueblo, e impugnando públicamente los motivos de sus asesinos. Conmovidos por sus palabras, y la memoria de César, las masas comienzan una persecución contra Brutus y los demás homicidas de la ciudad.

En la obra, igual que en la historia real, la profunda división entre los que buscaban en la muerte de César un camino de vuelta a la normalidad, y los que veían en su legado una promesa, culmina en una guerra civil. Viejos rencores y nuevos líderes ambiciosos, buscando obtener o mantener autoridad, incitan la verdadera tragedia: un destino en el que hermano lucha contra hermano, y patriota contra patriota.

Esta semana Venezuela perdió a un César. Aunque su sucesor sea incapaz de conmover con el mismo carisma, o comunicarse con la misma elocuencia que un héroe Shakesperiano, su intención era claramente la misma. Pero existe una diferencia importante: César fue públicamente asesinado. Los conspiradores nunca negaron hacerlo. Solo le pedían al pueblo que entendiera sus motivos. Mientras tanto, Hugo Chávez murió de cáncer: cosas de la vida, muchos dirían. Uno más entre los miles que mueren a diario de esta terrible enfermedad que nos ha perseguido desde tiempos anteriores al mismo Julio César.

Fantasías paranoicas respecto tecnologías maravillosas, y complots internacionales solo logran hacer que Venezuela parezca absurda ante los ojos del mundo. Tampoco resucitarán al presidente Chávez u ocultar las verdaderas motivaciones de medidas drásticas o draconianas. Nadie confundirá actos de desesperación con búsqueda de justicia.

 

 
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