EL CAZAFANTASMAS

Américo Martín

Américo Martín

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

I

 

En Venezuela –en otras partes, antes- la mercadotecnia aplicada para vender candidatos cual si fueran productos destinados al mercado electoral, apareció con fuerza en las elecciones de 1973, cuando Carlos Andrés Pérez venció a Lorenzo Fernández y a la oposición de izquierda, tras una impresionante campaña electoral que cambió el lenguaje comunicacional de los políticos.

La asistencia de la empresa Gallup y de mis amigos Chelique Sarabia y Diego Arria le sacaron provecho hasta a los defectos de Pérez y mucho más a las medidas que se proponía aplicar para construir La Gran Venezuela. Un lenguaje nuevo, una novedosa forma de vestirse, una gran promesa, todo apuntalado por el alza de los precios del petróleo determinado por la guerra de Yom Kippur en Medio Oriente, que se tradujo en un embargo contra los grandes consumidores del mundo, comenzando por EEUU.

capriles-el-cazafantasmasDurante su gobierno, los de oposición nos fuimos contra CAP atacándolo por el lado de la corrupción y algunos como quien esto suscribe por su creencia de que sólo por favorecer a empresarios nuevos, asociados a su proyecto, el país daría el impulso para el desarrollo diversificado del país, rumbo hacia el ingreso al exclusivo Primer Mundo. Demás está recordar que estoy hablando de los llamados 12 apóstoles.

Lo más llamativo de sus ejecutorias las resumiría así: nacionalización eficiente del petróleo y el hierro, creación de 9 parques para preservar equilibrio ecológico, la Biblioteca Ayacucho y el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho. En lo social fortaleció el sindicalismo, le dio estabilidad a los trabajadores con la Ley de Despidos Injustificados. Y en lo internacional: relaciones con Cuba, ruptura con Pinochet y apertura generosa a los exiliados chilenos, intervención eficaz para que Panamá recuperara el control soberano del Canal de Panamá.

Le dimos durísimo con lo del Sierra Nevada, la incomprensible deuda externa, los gastos ostentosos de la Venezuela Saudita, los 12 apóstoles, que en todo caso era gente bien preparada técnicamente y así lo demostró.

Lo que nunca creímos es que Pérez fuera un fantasma y se ocultara detrás de Betancourt, de Cristo, la religión, Bolívar o Leonardo Ruíz Pineda. El tipo era él. Carlos Andrés Pérez. Con sus aciertos y sus errores.

 

II

Se me ha ocurrido hablar del primer gobierno de Pérez porque entre  los muchos disparates retóricos del encargado de la Presidencia le oí decir y repetir, que él sería el “hijo” de Chávez y que los del entorno, encabezado por él, sus 12 Apóstoles.

¡Nunca segundas partes fueron buenas! Los de Pérez construían infraestructura y hacían obras que si bien elevaron sus fortunas personales contribuyeron al fuerte ritmo de crecimiento del PIB y a mantener el ingreso per cápita de los venezolanos en el primer lugar de Latinoamérica.

Estos apóstoles son fantasmas de obra desconocida y fortuna conocidas. Ganan mucho y poco discernible hacen. Tienen las manos metidas en el fétido pozo de la corrupción y en definitiva son una carga pesada para Venezuela.

El sueño bolivariano cabalga también sobre el aumento del precio de petróleo, la perniciosa deuda pública, pero hasta aquí llegan las coincidencias con La Gran Venezuela o La Venezuela saudita, según se trate de seguidores o de adversarios de aquel gobierno.

Bajo el presente régimen, el alza del petróleo ha sido casi 9 veces más alto que el de Pérez, y durante más tiempo. Si condenamos la deuda aquella qué diremos de ésta, que ha más que cuadruplicado toda la deuda que conocimos en el pasado

 

III

Es verdad que se han visto malos oradores y pésimos expositores reivindicados en cierta forma cuando accedieron al poder. Y lo contrario: picos ´plata que puestos en el mando fracasaron.

Pero el problema es que éste viene gobernando desde diciembre, tiempo en el que ha dado una muestra de lo que ocurriría si ganara las elecciones. José Guerra lo ha dicho. Si por desgracia ocurriera eso, los venezolanos llorarían con lágrimas de sangre.

Ya dictó una devaluación bárbara que la sienten todos, especialmente los más pobres. Y en el momento en que escribo esta columna aparece una segunda, encubierta en  suministro de dólares para importaciones, a una paridad mayor. Venezuela importa todo porque este gobierno  destruye la industria, la agricultura y las empresas básicas nacionalizadas, incluyendo PDVSA, que es el músculo de la economía.

¿No es Maduro el responsable de este desastre?

El culpa a Chávez. Dice que  recibía órdenes del enfermo. Habló de cinco horas con él. Chávez, pues, ordenó la devaluación desde el Más Allá y bajo su mando el crimen callejero  ha llegado al extremo exorbitante de estos meses.

No menos desconsiderado es disfrazarse de Chávez. Nos ha dicho que, reunido con Cristo,  Chávez aconsejó la designación del Papa Francisco, y también que el cáncer fue inoculado por el imperio. Ahora inventa que el imperio va a matar a Capriles para culparlo a él.

Los pueblos de Venezuela hablan de “alumbrazo” para referir que lo normal son los “apagonazos” y lo excepcional, que haya luz eléctrica. Así la máscara es lo real, lo que oculta es un fantasma; el candidato es Chávez, no el que se inscribió como tal en el Consejo Nacional Electoral.

Cazar a un fantasma es lo que se propone Capriles. No es fácil porque cambia de color como una salamandra,  pero el camino es ese: confrontarlo para que no se esconda detrás del fallecido ni se aproveche para fines electorales del respetable dolor de sus hijas.

Que se quite la careta, es la consigna.

 

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