El Papa que hace de monaguillo

Manuel Trillo

 

Pocos días antes de convertirse en Pontífice, el cardenal Bergoglio lavó las manos a un sacerdote en una misa en la residencia donde se alojaba

 

A estas alturas ya no hay duda de que la sencillez y la humildad es la marca de la casa del nuevo Pontífice, el Papa Francisco, pero los detalles que se van conociendo de su forma de ser no dejan de sorprender. Ya era sabido que, en la mañana siguiente a su elección como Pontífice se acercó al Centro Internacional del Clero, donde solía alojarse cada vez que se desplazaba a Roma, para recoger sus maletas y pagar la factura, como un huésped más. Pero otros religiosos que han convivido con él estos días aportaron nuevos datos de interés.

Pocos días antes de convertirse en Papa, Jorge Mario Bergoglio concelebró en la capilla de este centro una misa. El sacerdote le ofreció al entonces cardenal que la presidiera él. Bergoglio, sin embargo, rechazó hacerlo y pidió al sacerdote que presidiera la Eucaristía. No sólo eso, sino que “hizo la tarea de un monaguillo, porque lavó las manos del sacerdote que estaba presidiendo la misa”, según relató a ABC el padre Pavel, un polaco que se sentó en la misma mesa que el futuro Papa horas antes de que entrara con el resto de electores en Cónclave.

Este religioso insistía en que el cardenal Bergoglio era «muy humilde». “La gente que lleva aquí trabajado 20 años dice que nunca le ha visto coger el coche a pesar de que, como cardenal, podía tener vehículo con chófer. Siempre iba a pie, en taxi o en autobús”. Ni siquiera permitía que nadie le llevara las maletas, siempre lo hacía por sí mismo, asegura este «compañero de residencia» para quien el nuevo Papa tiene, incluso, algo de divino en su interior.

El lugar escogido para alojarse cada vez que estaba en Roma, el Centro Internacional del Clero o Domus Internationalis «Paulus VI», es una fundación puesta en marcha por Juan Pablo II en 1999 para albergar a eclesiásticos que trabajan en la Curia o servicios diplomáticos de la Santa Sede o a cardenales, obispos y sacerdotes de paso en Roma. «No hay lujos», asegura otro inquilino del Domus, el sacerdote diocesano de México Juan de Dios Olvera, que asegura que “…el precio está dentro de lo normal de los alojamientos en Roma”.

 

A la caza de testimonios

 

Una habitación con desayuno como la que ocupaba Bergoglio antes de convertirse en Papa, y cuya factura abonó antes de regresar al Vaticano, cuesta 60 euros por noche y cada comida (almuerzo o cena), 16. Las instalaciones cuentan con una capilla principal y otras cuatro más pequeñas para rezos en grupos o individuales, además de distintos salones de reuniones.

El Centro Internacional del Clero ocupa un robusto edificio del siglo XV en la zona de la plaza Navona, al lado de donde se encuentra el Senado italiano, ayer rebosante de actividad por el inicio de la legislatura tras las recientes elecciones. El revuelo de periodistas que acudían a seguir la actualidad política se mezclaba prácticamente con el de los que iban a la caza de testimonios sobre el Papa. El del florista Matteo, de origen egipcio, que tiene su puesto frente al Domus y que vio al Papa llegar con su coche el pasado jueves era uno de los más cotizados, a pesar de que no pudo hablar con él esa mañana.

 

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