NICOLÁS Y LOS PERROS DE PAVLOV

Angel Oropeza

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@angeloropeza182

 

El conocido fisiólogo ruso, Iván Petróvich Pávlov (1849-1936), alcanzó notoriedad mundial no solamente por haber obtenido el Premio Nobel de Medicina en 1904, sino sobre todo por su formulación de la “ley del reflejo condicional”, la cual desarrolló en la última década del siglo XIX.


ávlov elaboró su famosa teoría luego de observar, junto con sus ayudantes,  cómo los perros que utilizaba en sus investigaciones sobre el funcionamiento del sistema digestivo comenzaban a salivar no solo ante la presencia de comida, sino también ante un sonido de metrónomo que se producía intencionalmente justo antes de darles el alimento. Sus observaciones le llevaron a formular la conocida definición de “condicionamiento clásico”, que no es otra cosa que la formación de una asociación entre un estímulo originalmente neutro (esto es, que no produce “naturalmente” una respuesta determinada, como es el caso del estímulo “sonido” y una conducta de salivación), y otro que sí la genera (que en este caso sería el alimento). Con el tiempo, la asociación lograda era tan eficaz que los perros salivaban ante el sonido, aun en ausencia de comida. A pesar de la diferencia con los planteamientos de Pávlov, el condicionamiento clásico había sido esbozado siglos antes por Aristóteles en su conocida ley de la contigüidad,  la cual planteaba que “cuando dos cosas suelen ocurrir juntas, la aparición de una provocará que la otra también venga a la mente”.

 

312 Maduro con imagen de chavez2

 


Los hallazgos de Pávlov y los trabajos posteriores de investigadores como John B. Watson (1878-1958) y los teóricos de la corriente conductista en Psicología, sirvieron de base –entre otras cosas- para el fuerte desarrollo de la industria de la mercadotecnia y la publicidad.  Los publicistas conocen a la perfección las técnicas que llevan a vender exitosamente un producto a partir de su asociación con estímulos que elicitan respuestas de placer, agrado y atención, o con otros productos que ya hayan sido conocidos o aceptados por el consumidor. Es por ello que para vender, por ejemplo, una cerveza se recurre al auxilio de una chica muy atractiva que se asocie perceptualmente con la bebida, o que se recurra a modelos de gran atractivo físico en cualquier estrategia de publicidad.

 

Pávlov y sus perros volvieron a mi mente al observar en estos días el enorme esfuerzo de mercadeo publicitario oficialista, que nos intenta vender un producto –Nicolás Maduro como candidato electoral potable- a partir de la asociación exagerada y desmedida con la figura del recién fallecido presidente de la República. Incluso se recurre de manera casi desesperada a mezclar en las obligatorias cadenas imágenes del desaparecido mandatario hablando y en acción, intercaladas con la figura del nuevo producto político que se aspira a vender.

 

312 Perro babaTodo indica que, dada la precariedad de liderazgo del Sr. Maduro, aunado a su desastroso desempeño al frente del Gobierno durante los últimos 4 meses, la única esperanza del poschavismo radica en desarrollar una estrategia agresiva de mercadeo que asocie al extremo su imagen con la del expresidente, buscando el milagro perceptual que las simpatías que aquél cultivó entre los suyos puedan ser trasladadas por contigüidad psicológica–cual condicionamiento clásico- al nuevo producto. Para ello, el tiempo es crucial, antes que aquellas simpatías comiencen naturalmente a atenuarse. Por eso la obscena muestra de “zamurismo” político de aprovechar las exequias del extinto mandatario como arranque de una campaña electoral.

 

Los perros de Pávlov salivaban ante el sonido, “pensando” que era comida. Ese era el engaño. Pero funciona. La esperanza de los representantes del poschavismo, con Nicolás a la cabeza, es engañar a su población con una oferta espuria, y esperar que actúen como criaturas domesticables que respondan ante un estímulo pensando que es otro. Cuando llegue la frustración, ya el daño estará hecho. Pero antes que eso ocurra, y los asesores cubanos cruzan los dedos para que así sea, se habrá logrado el objetivo político de haber comercializado y vendido su producto. La calidad no importa. Lo que vale es el marketing. Luctuoso, pero marketing al fin y al cabo.

 

 

 

 
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