¿Por qué los Cardenales no eligieron a Scola?

Angelo Scola

Angelo Scola

 

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El cardenal de Milán habría sido traicionado por los italianos y la propia conferencia episcopal envió por error un mensaje de felicitación

 

Las previsiones de los papables son como los sondeos en las elecciones: a veces, mirarlos al día siguiente da risa. El nombre de Bergoglio circulaba muy abajo en las listas y ha resultado ser el candidato oculto del bando reformista.

Este sector, que quiere limpieza y reformas, estaría integrado por los supervivientes del viejo núcleo progresista formado en torno a Martini, con Kasper y Danneels, los extranjeros que querían un Papa no europeo, todo el «lobby» estadounidense y latinoamericano, que se ha movido compacto, y figuras de peso que arrastran consensos como el austriaco Schonborn y el francés Vingt-Trois. Es decir, también se han unido los leales a la línea de limpieza y rigor de Ratzinger.

El «partido de la Curia» salió derrotado por su desprestigio y la incapacidad de encontrar un buen nombre con el que jugar. El brasileño Scherer habría llegado al Cónclave ya quemado y él mismo declaró ayer que en ningún momento se había sentido papable, que era un cosa de los medios. Más bien, la partida estuvo entre el abanico de nombres del otro grupo y que el «partido romano» encajara el menos malo para ellos o aceptara lo inevitable.

En la plana mayor de la Curia ahora se aguardan con temor las decisiones de Francisco, pues deberían rodar cabezas y reformarse todo el organigrama de arriba a abajo. Normalmente el nuevo Papa confirma en un primer momento todos los cargos y luego los va cambiando con calma, pero no se descartan sorpresas, dado el estilo que empieza a exhibir Bergoglio. El secretario de Estado, Tarcisio Bertone, muy cuestionado, desde luego es el más preocupado. Las primeras decisiones llegarán en los próximos días.

¿Qué sucedió dentro de la Capilla Sixtina? Algún día se sabrá, aunque en teoría es secreto, y ayer ya circulaban someras reconstrucciones. La teoría, que se debe coger con pinzas como los sondeos, es que Bergoglio empezó fuerte con un buen paquete de votos, en torno a la treintena.

El que parecía el gran favorito o al menos así lo ha estado proclamando machaconamente la prensa italiana, luego habrá que verlo, era el arzobispo de Milán, Angelo Scola. Pero nunca llegó a despegar porque el bando italiano se dividió y, llegan a decir algunos medios, le traicionó. Tampoco el «partido de la Curia» llegó a considerarle, pues Bertone no olvida que Scola fue uno de los que pidió su cabeza a Benedicto XVI.

 

Un increíble desliz revela el convencimiento de la Conferencia Episcopal italiana de que Scola iba a ser Papa: por error, tras la fumata blanca enviaron en un primer momento correos electrónicos felicitando a Scola como nuevo pontífice. Por otro lado, a ojos de muchos de los cardenales extranjeros habría pesado precisamente la nacionalidad de Scola, vista ya con prejuicios por todos los escándalos recientes y la trama de filtraciones de «Vatileaks», contemplado todo como un lío muy italiano. Al igual que las dudas sobre sus conexiones con el mundo político y los juegos de poder del país.

El canadiense Ouellet y el húngaro Erdo, otros dos aspirantes, quizá al final han sido clasificados como opciones más cercanas al compromiso con la Curia que al vuelco que estaba en el aire. Otro nombre que ha sonado, el estadounidense Dolan, habría obtenido algunos votos al principio, pero luego los canalizó hacia Bergoglio, según diversos medios.

Como ocurrió en 2005, la pausa para la comida habría sido decisiva, pues es el momento en que los cardenales pueden intercambiar opiniones y mover votos. Según «La Stampa», Bertone y Re, líderes del bando curial, se habrían acercado a hablar con Bergoglio y allí se terminó de inclinar su apoyo hacia él.

 

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