QUE ME ENTIERREN EN LA SABANA *

Thays Peñalver

Thays Peñalver

Thays Peñalver 
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@thayspenalver

 

“Cuando yo me muera quiero que me entierren… allá en la sabana donde nací, a la orilla de por allá entre el Apure y el Boconó, donde corren las aguas y caen esos palos de agua que hacen temblar la tierra y donde brota la paja, donde vuelan las garzas, entiérrenme donde hay tanta libertad. Allá quiero descansar, lo digo a todos para que se cumpla eso”. Hugo Chávez, Aló Presidente N 30.

Conocí el Panteón de la mano de dos grandes historiadores. El primero, mi padre entre los primeros graduados de historia en el siglo y el segundo, su gran compadre Federico Brito Figueroa. Con ellos aprendí que el Panteón no fue idea de Guzmán Blanco ni tampoco su obra. La idea comenzó oficialmente por el decreto del 16/5/1865 del estado Bolívar (actual estado Miranda) entregado como solicitud a Juan Crisóstomo Falcón y el Panteón no era para el Libertador, sino un punto privilegiado: “para el preciado depósito del General Zamora” (Art. 1)

312 chavez alo presidente

Un país que en el momento, prefería dar a Zamora tan regio entierro, con su cuñado Falcón ostentando el poder, que construirle una simple estatua a Bolívar. De hecho, a este último a la hora de su muerte, por pasiones quizás no lo habrían enterrado en el Panteón.  Es por eso, que la discusión Constituyente a la hora de poner fecha para los entierros en el Panteón fuera de 25 años (querían 50), porque son o deben ser las generaciones futuras y no las pasiones presentes, las que decidan la importancia del hombre. Que sus seguidores hoy quieran enterrarlo es lógico, pero son los “pobres o no del mañana”, los que deben juzgar si hay méritos y “mientras más generaciones, mayor será su grandeza”.

Mi padre en la Constituyente debatió con mucha cultura y otros citaron ejemplos como los del primer enterrado en el Panteón de París. El Conde de Mirabeu quien fue inhumado por presión popular y hasta la calle en la que murió fue renombrada por ese clamor exigiendo que el “el orador del pueblo” se enterrara en el Panteón. A los 4 años hubo que desenterrar al orador, así como a otros, que por las pasiones fueron cuasi santificados.

Además de esos irrespetos, aprendí también sobre el referido al trato dado a los restos, por ejemplo de Bolívar. Mi padre sostenía que para descansar en Paz, debían enterrarlo como fue su última voluntad y no sobre el suelo o peor, empotrarlo en una Iglesia, cosa que le parecía a Bolívar algo aterrador. Respetar la última voluntad de un hombre, era para mi padre una de las cosas más honorables. Y en su memoria, es que les comento a los chavistas, lo que Chávez les ordenó:

“Cuando yo me muera quiero que me entierren en Sabaneta, lo digo ante el país, allá en la sabana donde nací a la orilla de por allá entre el Apure y el Boconó, donde corren las aguas del toro bravío salen a mitad de la sabana y caen chubascos, donde caen esos palos de agua que hacen temblar la tierra y donde brota la paja, donde vuelan las garzas, entiérrenme donde hay tanta libertad. Allá quiero descansar, lo digo a todos para que se cumpla eso”. Aló Presidente N 30.

Yo no tengo nada, ni quiero nada para mí, absolutamente nada. Cuando me muera me entierren, eso sí́, en la sabana. Me entierran como dice Eneas Perdomo: “a sombras de un matapalo y que la espuma del río traiga recuerdos lejanos”. Un revolucionario tiene que desprenderse de sí mismo, tenemos que dar ejemplo de honestidad, de humildad, de fortaleza moral, ética, de responsabilidad. N 305.

Yo dije un día, y lo quiero recordar a mi familia, que yo lo dije fue en Sabaneta, se lo dije entonces. yo vine a despedirme: “Nancy, si me llega a pasar algo, a mí que me entierren en esta sabana”. ¡Lo repito hoy! Cuando me toque, me entierran en esta sabana, heroica sabana. Sabana linda. N 319.

Agarren algún rincón de esta inmensa pampa y siémbrenme ahí, que yo retoñaré y me volveré un samán a la orilla de un río. Eso es lo único que yo pido para el reposo final. Y desde allí uno sentirá seguramente como la Patria sigue creciendo. La Patria buena, la Patria Grande N 324.

Allá, entre el Cajón del Boconó y el Apure, de ese sitio debe salir alguna mata, más grande que otra. ¡Adán, ya tú sabes! Esa es una orden que he dado, que me entierren por esta sabana. Llevo la sabana por dentro y cuando me muera, que me entierren en la sabana por allá, por allá, mientras más lejos mejor, a mí que me entierren por aquí (en la sabana), Adán. ¡Ya tú sabes, Adán, ya tú sabes!; no es que me van a enterrar por allá lejos. N 342.

En la sabana profunda allá en el corazón de esta tierra que llevo en el pecho y llevo en el alma. Y cuando me entierren, si alguien abre mi tumba cien años después ahí verán a la candela prendida todavía. N 346.

Cómo escribió Olivé: Solo los hombres de mérito tienen adversarios, el vulgo no conoce más que enemigos. Por eso, ante la muerte de este gran y digno adversario y en memoria de mi padre, espero que le respeten lo único que se cansó de pedir y le guarden su última voluntad, actuando con virtud revolucionaria, demostrando “honestidad, humildad y fortaleza moral”: Que lo entierren en su sabana, con sus libros de compañía (N 222) y que cuando lo abran en 100 años (él sí dio permiso), sean las generaciones del futuro, las que le reconozcan que todavía tiene “la candela prendida” y sean éstas, las que lo lleven en hombros al Panteón. Eso sí sería un gran honor.

 

 


* Titulo original: Chávez, el Panteón y el Honor

 
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