EL MADUROGATE

Dámaso Jiménez

Dámaso Jiménez

Dámaso Jiménez

 

No nos caigamos a mentiras, por más devoción y fe que se le pueda tener al proceso revolucionario y a la figura histórica del presidente Chávez, algo no cuadra en la epopeya filtrada y contada a cuentagotas por el presidente encargado Nicolás Maduro, sobre la manera como se desarrollaron los acontecimientos desde la última operación realizada al Presidente Chávez, para contrarrestar el cáncer que terminó quitándole la vida de forma lamentable.

 

Todos escuchamos al ahora flamante candidato del aparato del Estado asegurar en diferentes oportunidades que el paciente estaba batallando por su vida, que se encontraba estable, que conversaba hasta 5 horas en la madrugada, que ingresó al Hospital Militar caminando, que daba órdenes y emitía decretos firma mediante desde su lecho de enfermo, tan implacables para el país como la devaluación, asumido como un acto de Chávez en pleno ejercicio de sus funciones.

 

nicolas-maduroLa historia inmediata cae en el vacío de la desmemoria de nuestros pueblos, pero no cabe duda de que el manejo exagerado del “secretismo” en torno a la enfermedad, la manipulación de la información oficial, el uso de la estrategia de taparlo todo con descalificaciones y atropellos y sembrar indicios falsos, da cuenta que algo no anda bien en un gobierno barnizado con tantas mentiras que terminarán explotándole más temprano que tarde en la cara a los responsables.

 

Si las cosas son como las contó Maduro, dónde quedó el desmentido al corresponsal del periódico español ABC, Emil J. Blasco, quien refirió que el pasado 22 de febrero se le hizo un diagnóstico devastador al paciente que indicaba un definitivo avance de la enfermedad en los pulmones e hizo desistir del intento de juramentación.  Ese mismo día fue trasladado a la isla La Orchila, pero ante otra nueva crisis tuvo que ser transportado a Cuba el 1 de marzo.

 

El jefe de la casa militar, general José Adelino Ornella, reveló el 7 de marzo pasado que el presidente Hugo Chávez murió a consecuencia de un “infarto fulminante”. Ornella dijo a la AP que Chávez hasta el último momento estuvo aferrado a la vida, “No podía hablar, pero lo dijo con los labios… ‘yo no quiero morir, por favor no me dejen morir’, porque él quería a su país, se inmoló por su país”. Sin embargo horas después, el hermano del Presidente, Argenis Chávez, conversando con periodistas de VTV hizo una infidencia oculta hasta entonces. Chávez sufrió un derrame durante la última intervención quirúrgica.  ¿De ser así cómo pudo emitir sus últimas palabras, hablar de madrugada con su vicepresidente y colaboradores, firmar decretos, decidir una devaluación y hasta mantenernos atentos como lo anunció tantas veces Maduro con una noticia que le daría felicidad a los venezolanos en materia económica?

 

La referencia a un testamento de Chávez y su posesión por parte de Cristina Kirchner fue algo avanzado en enero por el periodista Nelson Bocaranda, cuando al parecer la propia presidenta argentina comunicó a los Castro, durante su visita al centro médico Cimeq, en el que estaba internado Chávez, que tenía copia de dos cartas escritas por éste en diciembre, antes de la operación. La presidenta argentina mostró el documento manuscrito a su llegada a Venezuela para las exequias y acabó con todas las aspiraciones a la presidencia de Cabello, a quien constitucionalmente le correspondía la jefatura del país. Una vez cumplida su misión, Kirchner se fue del país.

 

No hay que ser opositor, ni odiar la revolución, ni ser un apátrida, para darse cuenta que irrespetaron a todo un país con mentiras con el único objetivo de preservar el poder y los recursos económicos que genera el petróleo a toda costa para sus fines hegemónicos… una vez falleciera Chávez. Que los Castro siguen manejando la comunicación en el país tal como lo han venido haciendo en sus 50 años de dictadura en la isla y forman parte primordial de este escándalo del “Madurogate” que algún día será descubierto con todos sus bemoles. Que el pueblo cristiano jamás podrá comprender las torturas y vejaciones a las que sometieron el cuerpo del máximo líder del proceso revolucionario con la intención de convertirlo en una deidad comunista a través del embalsamamiento y mantenerlo en el plano físico como una gran valla de propaganda política para quienes se consideran los herederos del poder.

 

Creo que ningún lema de campaña usado por el equipo de marketing de Maduro, podrá borrar la duda inoculada en la psiquis de todo un pueblo, después del secuestro que sufrió la verdad en los últimos meses. Ni el I-Ching ni el legado divino de Sai Baba pueden con tanta desconfianza.

 

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@damasojimenez

 

 

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