EL OPIO DEL PUEBLO

Américo Martín

Américo Martín

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

I

A semanas de las elecciones sufrimos un segundo mazazo devaluador. Cada vez más gente en la calle siente que se hunde en el desastre, y relaciona su desgracia con medidas identificables del presidente en funciones, quien pese a todo aspira a mantenerse en el poder. Recordaré ahora el efecto de una célebre devaluación en una no menos  célebre consulta electoral.

Hablo del famoso Viernes Negro -siendo presidente Luis Herrera Campins- que determinó la brusca caída del nivel de vida de los venezolanos. El drama se escaló por la sinrazón de remediar los errores con nuevos errores. El presidente Clinton escribió en sus Memorias algo pertinente:

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Momentos en que Giordani y Merentes anuncian la primera devaluación del 2013

-Cuando estés  en un hueco, lo primero que debes hacer es dejar de cavar.

Cavar es insistir en el error. Pero, como se sabe, a cada cochino le llega su sábado. Y para llegar al sábado, los venezolanos tuvimos que pasar por aquel  viernes sombrío. Ese día el presidente devaluó el bolívar. Una sola vez, no dos, como ahora nuestro amigo Maduro.

El viernes negro, fue eso: una dolorosa devaluación. De Bs 4,30 por dólar a entre 12 y 15. El golpe lo sintió la gente en la boca del estómago. Y el problema fue la fecha: 18 de febrero de 1983, último año del período constitucional. El opositor Jaime Lusinchi derrotó nada menos que a esa catedral que fue Rafael Caldera, quien había sido más bien crítico de Herrera. Pero era el candidato del gobierno. La gente castigó a Herrera y condenó al copeyano que aspiraba a sustituirlo.

 

II

Herrera trató de evitar la huida en estampida de sus reservas en dólares. Impuso un control de cambios de seis largos años conocido por las siglas de RECADI. Como ocurre siempre  en esos casos y ha vuelto a ocurrir con más fuerza en el gobierno actual, la corrupción estalló en toda su podredumbre.

El viernes negro cambió la faz del país. El desengaño social, el profundo desajuste de la economía y la caída del tradicionalmente alto nivel de vida de los venezolanos pusieron en berlina la estabilidad democrática.

Karl Marx (1809-1883)

Karl Marx (1809-1883)

Para remontar la cuesta, a Caldera no le quedó sino apelar al mito, a la brujería. Buscó un voto de fe, no de razón. Pero así como amor con hambre no dura, fe sin razón tampoco. Lusinchi barrió el piso con aquel ilustre padre de la democracia. 56.73 % contra un humilante 34.56. ¡Más de 22 % de ventaja!  

De Maduro se ha dicho que nació en Cúcuta y que en Cuba lo adiestraron en filosofía marxista-leninista-castrista. Lo primero lo dudo. No creo que sea oriundo de la ciudad natal del ilustrado Francisco de Paula Santander. Pero de su marxismo escolar hay evidencia irrebatible que el afectado acepta complacido.

No considero pecaminoso que alguien sea marxista, ni siquiera después de la destrucción del Muro de Berlín y la caída de vértigo del socialismo real. Yo lo fui, ya no lo soy. En mis cuatro primeras obras (he escrito 14) hablo como marxista, no muy fiel, pero indudable. Creo hasta la médula en el pluralismo y la libertad. ¡Que cada quién asuma sin ser perseguido la ideología que mejor le venga!

 

III

Pero uno debe asumir las consecuencias de sus creencias. Si es un marxista formado en Cuba y por añadidura es inocultable su dependencia ideológica, moral y política del gobierno de la isla, sus devotas y hasta lacrimosas exhibiciones religiosas de los últimos meses son simples argucias; son mentiras, para decirlo en el sustantivo que más le están aplicando. En fin, un buen marxista no es ni siquiera agnóstico, es ateo. En 1844 Marx lo proclamó firmemente en  su obra “Contribución a la Filosofía del Derecho de Hegel”   Y aunque semejante afirmación es pieza inseparable de su teoría sobre la alienación en el capitalismo, por puro oportunismo, los movimientos comunistas la eludían cada vez que podían, sin borrarla de sus arcanos.  Sin embargo no recuerdo yo que ninguno de sus históricos líderes se haya asumido creyente y se aplique el ritual cristiano. Cuando vi a Maduro y a viejos dirigentes a quienes conozco orando y con la mirada al  Cielo, no pude sino reírme. ¡Y tú también, Soto Rojas! ¡Y tú también Alí Rodríguez! ¡Y tú también José Vicente!

Si es marxista y castrista, Maduro no podrá proclamarse cristiano y aceptar el dogma divino de la Santísima Trinidad, como nos quiere hacer creer. Obviamente es un descomunal esfuerzo por contraponer el mito y la irracionalidad al efecto diabólico de sus políticas y en particular de las dos devaluaciones.

Durante el Viernes Negro, Caldera quiso contrarrestar la onda adversa haciendo valer el mito de su nombre y no pudo. Pero ahora Maduro, a falta de un perfil propio inventa que el candidato no es él, sino el fenecido presidente. Pero Caldera era Caldera, en tanto que Maduro no es Maduro. Cree que mientras menos sepan que existe mejor le irá. Se disfraza, es nada, es polvo

Marxista como es, podría comprender que se está “alienando” al igual que los obreros de Marx. Su realidad es la de otro. Desaparece en la imagen del fallecido. Trabaja sí, pero se desvanece en el producto que resulta de ese trabajo. No existe, es la forma corpórea de otra persona elevada al plano más alto de la religión para que el pueblo vote por la fe y no por lo que le aconseja la razón.

Esperemos que si es polvo, en polvo se convierta el 14 de abril.

 

 
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