LOS CAUDILLOS NUNCA LEGAN SU CAUDILLAJE

José Toro Hardy

José Toro Hardy

José Toro Hardy
pepetoroh@gmail.com
@josetorohardy

 

A los ojos del pueblo nadie es capaz de sustituir aquella imagen todopoderosa

 

Un caudillo militar es una fuerza primitiva, atávica, intuitiva, populista, carismática y es capaz de ejercer una enorme atracción sobre las masas. 

A veces son apasionados oradores y saben comunicarse con el pueblo en discursos llenos de imaginería y demagogia. Saben tensar las fibras más íntimas de la gente. Exaltan odios, siembran divisiones, polarizan, inventan enemigos, embriagan a todos y en particular a los más ingenuos. Las masas caen hipnotizadas ante un líder que los colma de promesas en un lenguaje populachero dirigido directamente al corazón. 

Ezequiel Zamora

Ezequiel Zamora

Los caudillos copan todo el espacio político. No toleran gente con carisma a su alrededor. Dos son las armas fundamentales a las cuales recurren para reafirmar su poder: el temor y el amor.

Frente a las amenazas del caudillo intervienen distintas hormonas, particularmente la adrenalina segregada por las glándulas suprarrenales de quienes temen ser objeto de sus persecuciones. Pero también ante el amor al líder se produce otro proceso bioquímico. El cerebro segrega dopamina, oxitocina y endorfinas, al igual que ocurre en el amor convencional. Por eso, cuando desaparece un caudillo se produce un sufrimiento real, un luto indescriptible, una desorientación generalizada y un profundo temor a lo que viene. 

La tragedia de los caudillos es que nunca han dejado sucesores que sigan su legado. Su comunicación es directa -de tú a tú- con el pueblo. Las instituciones no cuentan. Desaparece el equilibrio de los poderes.

A los ojos del pueblo nadie es capaz de sustituir aquella imagen todopoderosa. La relación del caudillo con el pueblo suele ser cuasi religiosa. Ese tipo de relación se asemeja al amor y por eso en sus campañas políticas se utilizan conceptos tales como el de “corazón de mi pueblo”.

Una segunda característica del caudillo es que nadie es capaz de imitarlo. Mientras más trate alguien de parecérsele, más contrastes percibirán sus partidarios, quienes inconscientemente sienten más bien un rechazo ante lo que llegan a considerar como una intrusión en algo tan íntimo como era “mi relación con el caudillo”.

Esas son algunas de las razones por las cuales, repito, los caudillos no logran legar su caudillaje. Con frecuencia gobiernan hasta su muerte; pero después no es posible suplantarlos. 

La otra razón por la cual nadie logra reemplazarlos la describe Vargas Llosa al hablar de los caudillos: “Su popularidad suele ser enorme, irracional, pero también efímera, y el balance de su gestión, infaliblemente catastrófico”.

La tragedia inexorablemente ha signado el destino final de los caudillos latinoamericanos. Para muestra basten unos pocos botones:

Juan Domingo Perón. Fue derrocado en su primer gobierno. Muere durante su segundo gobierno dejando a su esposa Isabelita, quien poco después es derrocada. Muchas facciones se disputan su memoria.

Chile: Vicente Benavides. Caudillo realista, famoso por su crueldad. Terminó por ser derrotado, capturado y ejecutado.

México: Pancho Villa y Emiliano Zapata. El primero muere asesinado por órdenes de Obregón y el segundo -también conocido como el “Caudillo del Sur” o el “apóstol de la revolución”- muere asesinado en Morelos el 10 de abril de 1919.

Venezuela: José Tomás Boves, sanguinario caudillo realista que pierde la vida en la batalla de Urica. Sus ejércitos abandonan su causa y siguen a Páez. 

Ezequiel Zamora -quizás el más importante caudillo- muere asesinado en San Carlos el 10 de enero de 1860. Se dice que la bala salió de su propio bando por órdenes de Falcón y Guzmán Blanco, sus lugartenientes. 

Juan Vicente Gómez, muere enfermo el 17 de diciembre de 1935 después de una larga dictadura. Le sucede López Contreras, quien se voltea contra los Gómez y se apresura a cambiar el estilo de gobierno y entrega el poder después de una elección.

 

Juan Vicente Gómez -  Pancho Villa - Adolfo Hitler - Juan Domingo Perón

Juan Vicente Gómez – Pancho Villa – Adolfo Hitler – Juan Domingo Perón

 

En el caso de Cuba podría decirse que Raúl logró suceder a Fidel. No lo sé. Fidel aún vive. Aún se le ama. Aún se le teme.

No es un fenómeno exclusivo de Latinoamérica. Hitler, Mussolini o Franco también fueron caudillos. Al último lo sucede el rey Juan Carlos, quien abandona la causa franquista.

Como vemos, ninguno de ellos -ni de otra larguísima lista que por razones de espacio no puedo mencionar- logró después de su muerte legar su caudillaje o su causa.

La muerte de Chávez -Caudillo del Siglo XXI- enluta hoy a la población venezolana. Maduro pretende imitarlo en todo. Hace mal. Nunca podrá suplantarlo a los ojos del pueblo 

 

 

 

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