Los genios del balón también quiebran

Crescencio Cuéllar

Crescencio Cuéllar

Crecen los casos de futbolistas en bancarrota años después de finalizar su carrera

Miguel Ángel García Vega

“Recuerdo que me desperté y tenía atados los tobillos, las rodillas, el cuerpo, el pecho y también las manos a la cama. Sabía que me encontraba mal, pero no tan mal. Hace dos semanas estaba muerto”. Paul Gascoigne es, quizá, el futbolista británico con más talento en las últimas décadas. Y también uno de los más queridos. Su gran habilidad era jugar en el campo de la misma forma que había aprendido hacerlo en las calles de Gateshead (Inglaterra), donde nació. Pero siempre fue conflictivo. En el césped era provocador. Fuera resultaba desmesurado con la bebida. Así que cuando hace unas semanas se despertó en un hospital de Tucson (Arizona, Estados Unidos) y se vio amarrado a la cama, y con “tres de los médicos pensando que no sobreviviría al tratamiento de desintoxicación”, acorde con su propio relato a la prensa británica, seguro que pensó: “Cómo he terminado aquí. En el infierno”.

Pese a todo, Gascoigne es afortunado. Primero, porque puede recordar lo que escribió García Márquez en sus memorias y afirmar aquello de “vivir para contarla”, y segundo, porque, pese a los desmanes, sus finanzas, aunque muy dañadas, sobreviven gracias al apoyo del mundo del fútbol. Algo que no todos pueden decir. Tres de cada cinco futbolistas ingleses están en la bancarrota un lustro después de haber finalizado su carrera profesional. Estos datos —que otras fuentes rebajan al 20% o 30%— proceden de un estudio de Xpro, una asociación benéfica para futbolistas profesionales ingleses e irlandeses. El informe analiza a exjugadores que han militado en la Premier y que, a pesar de cobrar durante años por término medio 30.000 libras semanales (35.100 euros), sufren problemas económicos.

La razón de esta caída a los abismos habita en malas inversiones, divorcios, gastos desmedidos, deficientes gestores y también en el efecto perverso de eso que se denomina “el entorno” —familia, amigos y agentes— del futbolista. Motivos como esos han llevado a la insolvencia a Lee Hendrie (Aston Villa), Brad Friedel (Tottenham) y Colin Hendry (excapitán del Blackburn Rovers). Mientras que otros futbolistas, pensemos en John Arne Riise (Fulham) o Eric Djemba-Djemba (antiguo jugador del Manchester United), han sufrido serios contratiempos financieros, según varias informaciones periodísticas.

¿Y en España? ¿Se están arruinando nuestros futbolistas? “Recuerdo [no da el nombre] un jugador de los setenta y principios de los ochenta del Real Madrid que estaba limpiando autobuses”, cita con esa memoria enciclopédica que maneja para el fútbol Alfredo Relaño, director de As. “Pero es algo que se da cada vez menos, porque están mejor asesorados”, precisa. ¿Mucho mejor?

“Si me pide un porcentaje, le diré que los futbolistas que están bien trabajados (sic) son el 80%, frente a un 20% que no lo están”, apunta José Segui, uno de los representantes del Kun Agüero (Manchester City). Y si además “la familia ayuda, algo que no siempre es así, mucho mejor”.

Por ahora en España vemos solo casos puntuales, como el del exjugador del Mérida Crescencio Cuéllar, quien relataba hace poco en El larguero, de la cadena SER, que incluso pasó hambre tras arruinarse con una serie de negocios. “Sabemos que algunos futbolistas lo están pasando mal, porque nos han pedido ayuda. Un divorcio o una mala inversión les ha llevado a una situación complicada. Pero son muy pocos”, admite Vicente Blanco, Tito, directivo de la Asociación de Futbolista Españoles (AFE).

Paul Gascoigne

Paul Gascoigne

Porque el futbolista de élite genera unos enormes ingresos económicos a su alrededor, que bien administrados le aseguran la vida. Un jugador de la primera plantilla del Barcelona gana de media la friolera de 118.400 euros a la semana, y uno del Real Madrid, 106.300. Son los equipos, cuenta la consultora Sporting Intelligence, mejor pagados del mundo, superando incluso a Los Angeles Lakers (85.630 euros).

Sin embargo, al fútbol, reconoce Relaño, se le consiente todo. Tanto es así que los grandes futbolistas viven marcados por el adjetivo posesivo “su”. Su imagen. Su carrera. Su éxito. Su patrimonio. Su dinero. Su vida. Y no resulta extraño que levanten a su alrededor murallas. Familias infranqueables. Representantes herméticos. Móviles que siempre comunican. “A mis jugadores les digo que en temas de dinero no confíen en nadie, ni siquiera en los bancos, porque te lo pueden quitar”, observa Manuel García Quilón, representante de Álvaro Arbeloa y Pepe Reina. Este agente admite que el dinero “es una fuente de tensiones entre amigos, familiares y el propio club”.

Lo singular es que este entorno de desconfianza salpica a los agentes. Eduardo Carlezzo, un abogado brasileño que trabaja con el São Paulo, los señala con el dedo. “No todos están debidamente preparados para asesorar a los futbolistas en temas financieros y tampoco se preocupan en ayudar al jugador a planificar sus inversiones”. Un futbolista de éxito es como una empresa. Necesita abogados, contables, especialistas económicos. Todos, desde luego, leales, lo que no siempre sucede. “Hemos tenido casos, sobre todo con agentes latinoamericanos y en especial algún brasileño” —apunta un abogado—, “que se han quedado directamente con el dinero de los futbolistas”.

Y es que si en el campo juegan en equipo, frente a la economía están solos. “Nosotros no entramos en las finanzas de los jugadores. Es una responsabilidad suya, de su entorno y agentes”, zanja un alto cargo del Real Madrid. De hecho, “algunos futbolistas, con ingresos iniciales muy altos, han consumido líneas de crédito bastante elevadas y no se han dado cuenta de que seguían viviendo de ellas, aunque ya no obtuvieran las mismas ganancias”, advierte Félix Plaza, socio del bufete Garrigues Sports & Entertainment.

En contraste con algunos perfiles de deportistas manirrotos, con escasa formación financiera, surgen ejemplos de gestión brillante. David Beckham ha sabido ganar una fortuna y a la vez construir una marca universal, que va más allá de su tiempo como jugador. Y este concepto de vida después del deporte tiene su acomodo en algunos clubes punteros. La Agrupació Barça Jugadors (ABJ) o la Everton Former Players’ Foundation (Everton) trabajan con esa mirada de largo plazo. En ella encaja “la planificación fiscal y la preservación del patrimonio”, que son las dos grandes peticiones de los jugadores, precisa David Nuevo, experto de banca patrimonial de Banca March.

Porque con los futbolistas casi todo resulta especial. Desde el lado de los impuestos, sus números vienen condicionados por “tributar a tipos muy altos durante poco tiempo”, analiza Miquel Terrasa, socio del área de KPMG Sport, algo que “no ayuda a favorecer el ahorro”. Por tanto, hay que darle, asegura, “una vuelta a su esquema retributivo”.

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