WEN: LIDER POBRE O POBRE LIDER

Beatriz de Majo

Beatriz de Majo

Beatriz De Majo
beatriz@demajo.net.ve

 

A lo largo de una década fueron muchas las veces que Wen Jiabao se pronunció con énfasis sobre los temas relacionados con el avance a la democracia, el respeto a la institucionalidad y a las libertades individuales sin que se haya producido nunca un “Pari passu” en el manejo de la dinámica china en esos campos durante los largos años de su administración.

 

¿Cuántas veces habló de democracia y de sociedad armónica sin que el país consiguiera avanzar un ápice en alcanzarla? Es así como en la víspera de su salida del poder, Wen deja un legado de incongruencias a su sucesor y termina su mandato siendo percibido como un funcionario de buenas intenciones, de ideas algo progresistas, sin que ellas fueran acompañadas con ejecutorias que las sustentaran. Sus detractores lo han considerado en su vida pública apenas un buen actor.

 

Wen__Tampoco en el terreno económico el gobernante consiguió generar una percepción de coincidencia entre lo que decía y lo que finalmente hacía o lograba. No era un ejecutor, no pasaba de ser un formulador. Su credibilidad terminó severamente dañada por esa incapacidad de llamar la crisis por su nombre o por prometer más de lo que podía extraer de la compleja circunstancia externa e interna que envolvió a su país en los últimos años de su gobierno. Sus planes y propósitos económicos de recuperación y de consolidación de progreso no pasaron de ser simples esloganes utilizados para provocar apego o admiración por parte de la población o para dar satisfacción a sus iguales en el seno del Partido Comunista.

 

Su alocución de entrega del cargo ante el Parlamento, que comprende una anticipación al devenir futuro del país sobre la base de lo alcanzado hasta el presente, deja el mal sabor de lo que el político no pudo o no supo hacer. Para China el anuncio del premier saliente de una tasa estimada de crecimiento de apenas 7,5% para el año 2013, es una verdadera catástrofe que capitaliza entera y negativamente Wen. Hasta allí los llevó su líder. Al entregarle a su país ese legado no se inmutó al asegurar que sus conciudadanos deberán remar con fuerza para alcanzar lo que será la peor expansión de los últimos 23 años.

 

Lo mismo se aplica a otros terrenos en los que también existe un abismo entre lo que Wen proclamaba como conducta deseable para los líderes nacionales y lo que ocurría en su entorno cercano e incluso en su medio familiar. El hombre deja sus responsabilidades después de que su familia amasó una obscena fortuna bajo su mirada indiferente y mientras proclamaba la necesidad de una batalla frontal a la corrupción en los estamentos gubernamentales. En su discurso de entrega tuvo el desparpajo de exigir a sus relevos una mejor supervisión del ejercicio del poder y el compromiso de evitar la excesiva concentración de privilegios entre las manos de las personas que los gobiernan.

 

No puede decirse que el “abuelo Wen” fue un hombre anodino y ni siquiera gris. Posiblemente cínico y hasta indiferente ante la responsabilidad que atañe al gobernante de una de las naciones más poderosas del planeta. Es el tipo de individuos que se falla a si mismo sin que tal situación lo desvele.

 

 

 
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