MADURO, CAPRILES Y… EL PAÍS DE UTILERÍA

Thays Peñalver

Thays Peñalver

Thays Peñalver
tpenalver@me.com
@thayspenalver

 

Es vital entender la mayor verdad que dijo Chávez: “yo soy la consecuencia”.

 

Uno de los mejores artículos de Uslar Pietri fue durante el último boom petrolero llamado: “La nación fingida”. En este sostenía que: “construida con petróleo transitorio se (alzaba) en Venezuela una nación de calidad tan transitoria, como el petróleo con que está construida su apariencia. No más verdadera que una decoración de teatro”. A punta de billete habíamos levantado: “costosos telones, efectos de cartón y panoramas de brocha sobre papel que van a deshacerse pronto a la intemperie” y que cuando pasara el boom volvería: “a asomar trágica la Venezuela verdadera, la pobre, la que olvidamos oculta tras la bambalina pintada”. En fin, que habíamos construido un país de utilería que acabado el boom, terminó “deshecha” en un 27-F, un 4-F y un 27-N.

 

19 Venezuela TeatroPor eso todo político debe reflexionar a la hora de hacer sus costosas ofertas y entender que los partidos de la 4ta República no terminaron siendo lo que son hoy, únicamente por haberle mentido al pueblo. Lo son porque su liderazgo, en buena parte, se mintió a sí mismo a tal punto, que terminó por creerse sus propias mentiras. Terminaron implantando un “Estado de bienestar ficticio”, porque no estaba basado en el trabajo de su gente, sino en los conflictos del Medio Oriente.

 

El decorado ayudaron a construirlo también muchos funcionarios públicos, que para sobrevivir, comenzaron a manipular sus propias realidades y terminaron ocultando la verdad. Si no había dinero para el próximo año, un funcionario presentaba el presupuesto quitándole el aumento de sueldos, el ajuste de inflación y los programas sociales que debían estar previstos. ¡Están subiendo los homicidios! Y el Ministro tal, que sentía su carrera en el abismo, decidió dividir las estadísticas, por un lado los homicidios y por el otro las “averiguaciones de muerte”. Y así engañando a todos y autoengañado él, presentaba sus grandes logros.

 

De esta manera se multiplicaron como una plaga los “eufemismos burocráticos”. Para inflar las estadísticas de turismo se cambió el término “turista” por el de “visitante” y el turismo dejó de ser una “medida de desarrollo” para convertirse en una estadística que no dejaba un dólar en el país. El empleo desapareció apelando a la explicación literal de: “ocupación” y dejó también de ser una medida de desarrollo para convertirse en una estadística, en el que el Estado desapareció el problema del desempleo, a la manera del que barre el sucio y lo esconde bajo la alfombra.

 

En pocas palabras convirtieron a Venezuela en un país de utilería. En el que si usted no tiene empleo pero está ocupado, la economía es próspera. Y así fueron desapareciendo los ranchos y la miseria en las estadísticas, mientras aumentaba el hambre en los cerros. Desaparecieron los homicidios, mientras aumentaban los cadáveres en las morgues y aparecieron centenares de miles de “visitantes” pero pocos turistas dispuestos a gastar su dinero en diversificar nuestra economía y así, decenas de casos en los que la mediocridad, le ganó la partida a la realidad.

 

Y así llegó el chavismo (los 4ta republicanos sin viraje y sin un Miguel Rodríguez) y con un nuevo boom petrolero, convirtieron el autoengaño en un arte. Llegaron a explicar que la economía creció 400% en 5 años (de $83 millardos, a $315 del 2003 al 2007), aunque el BCV les decía que solo era el 38% y en bolívares débiles. Autoengañados creyeron que se trataba de un milagro y corrieron a triplicar la deuda.

 

Y éste se afianzó cuando los banqueros imperialistas, que habían promovido una burbuja con el ladrillo y causado una crisis que quebró 5 mil bancos, subsanaron sus pérdidas especulando con el petróleo. Comprando y vendiendo “barriles de papel”, hicieron que artificialmente el petróleo subiera de 8 dólares, que a ese nivel había bajado cuando Caldera, a 50 y después a 100. 

 

Así la revolución bolivariana, sustentada nada menos que por una especulación de Wall Street, salió explicar que ya no hay pobreza en Venezuela. Que importar tractores o teléfonos desarmados (construidos en otro país) y ponerle los tornillos en Venezuela es industrialización. O que se rompió el récord de turismo porque de verdad, verdaíta, los 300 mil colombianos que entran a trabajar por la frontera, son en realidad turistas. O que nuestro presupuesto está planificado a 50 el barril, cuando en realidad se sitúa al borde de la irresponsabilidad histórica, teniendo que devaluar para pagar nuevamente los sueldos.

 

Es vital entender la mayor verdad que dijo Chávez: “yo soy la consecuencia”. Más vital aún, es que los candidatos desmonten el decorado y empiecen a construir un país de verdad, verdad.

 

 

 

 

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