Twitt amor

Ruth Capriles

Ruth Capriles

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com 

¿La banalización de los mensajes logrará banalizar al ser humano restándole la sensibilidad…?

 

Antes la gente se visitaba, hablaba cara a cara y se escribía largas cartas postales. Luego nos hablábamos por teléfono y nos escribíamos cartas por email y eventualmente nos veíamos cara a cara. Ahora no se habla sino se escribe, casi signo-gráficamente, cortos mensajes y no nos vemos la cara sino a través de la foto que nuestro visitante está enviando en ese momento por su celular.

Los modos sociales cambian, por supuesto, con la tecnología. Ahora es más notorio porque esta revolución tecnológica, de la que somos testigos y usuarios, es autorregeneradora; un invento da origen a otro al parecer sin fin.

¿Quedarán intactos los significados a través de ese vertiginoso cambio de los modos de comunicación? O quizá, más adelante, cuando alcancemos la comunicación telepática, o su simulación a través de chips incorporados en nuestro cerebro, ¿rescataremos los significados de siempre, los que antes se contaban cara a cara o de viva voz; las mismas reflexiones sobre la vida, el amor, la muerte; el mismo intercambio de las angustias y alegrías del vivir humano?

En suma, la pregunta es si la banalización de los mensajes impulsados por los artefactos logrará banalizar al ser humano restándole la sensibilidad y la razón que lo caracteriza. Si nos volveremos menos humanos o si, al robotizarnos, lograremos transmitir en menos de un bit esa palabra que, según James Joyce, es conocida por todos: Amor.

Y esto aplica para los líderes políticos cuando pretenden convertir a sus seguidores en autómatas, obedientes y sin autonomía moral. El ser seguirá siendo humano mientras mantenga actividades superiores de razón y sentimiento. Habrá muchos autómatas, sin duda, pero la condición humana nos hace siempre volver al rescate de sentimiento y razón; es esa mezcla la que nos permite distanciarnos algo de las otras especies animales y mucho de los autómatas.

Así que confiemos en la pluralidad y el desorden humano para usar, y no ser manipulados por las tecnologías y los autócratas.

 

 

 

 
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