El hombre que acabó con el chavismo

 

Dámaso Jiménez
@damasojimenez

 

No hubo sorpresa. Maduro carece de todo liderazgo, no reflexiona, no convence, no cohesiona, no seduce, y en fin no emociona a unos seguidores enamorados aún del carisma del “máximo líder” que por 14 años manejó a su antojo los intríngulis del poder y le bajó volumen a cualquier pretensión fuera de tono dentro de su mayor obra, el proyecto revolucionario hacia el socialismo del siglo 21, que comienza a resquebrajarse ante la falta de impacto político del sucesor y nuevo presidente electo.

Luego del exiguo triunfo, ensuciado además por un proceso plagado de abusos de poder, arbitrariedades con Internet e irregularidades de todo tipo, vimos a un Nicolás nervioso y angustiado emitiendo el más incoherente de los discursos escuchados a presidente electo alguno en la historia contemporánea de Venezuela, para reiterar con brotes intermitentes entre arrogancia súbita y desgarbo, el punto y medio que lo daba ganador sobre Capriles al tiempo que anunciaba la radicalización de la revolución sin contar con la mayoría necesaria y el liderazgo consolidado que requeriría para tomar ese camino.

Lo cierto es que nadie puede ocultar que a poco menos de 5 semanas de la muerte de Chávez, cuando el paroxismo de la continuidad era inminente, y a 5 meses de un sólido triunfo que le permitió la reelección por cuarta vez, la realidad que muchas veces supera la ficción demuestra cómo una mala escogencia puede dilapidar en tiempo record 20 puntos de ventaja,  un grueso capital electoral sobre una opción que ya no sólo dejó de lucir como escuálida sino que replica y exige de tú a tú el conteo manual de votos, la salida de militares cubanos inoculados en nuestra FANB, la libertad de los presos políticos y el cese de las persecuciones a medios, instituciones y personas que piensan distinto, que si bien debe respetar los resultados –esperemos el conteo manual solicitado ahora por ambas opciones para legalizar el proceso–, debe ser respetada y tomada en cuenta, más allá de tanta diatriba radical hacia el socialismo.

No en balde estamos hablando de un país en franco deterioro con álgidos problemas comunes para todos con respecto a la inseguridad, 21 mil muertes violentas al año, devaluaciones, inflación, falta de inversión, apagones en todo el país, desabastecimiento, corrupción, irregularidades en Cadivi (control de cambios), recursos dilapidados y regalados a otros países, falta de infraestructura, gasto excesivo en armamento bélico, 9 millones de venezolanos en situación de pobreza, expropiaciones y destrucción del aparato productivo. El Estado está colapsado, ya no se le puede seguir echando la culpa a una clase excluida y golpeada, y se acaba de generar la victoria electoral más pírrica lograda en la historia del chavismo. Nada que celebrar.

¿Podrá Maduro obtener la gobernabilidad que necesita a pesar de ignorar cada uno de estos problemas que nos llevan derechito al trauma y el retraso en comparación con los países vecinos? Lo dudo, pero a partir de ahora tiene un problema mayor, la ilegitimidad dentro del propio conglomerado chavista.

Nicolás ya no puede ampararse bajo la figura de Chávez, de aquí en adelante va solo y sin muletillas como presidente de Venezuela, con todas esas fisuras evidentes que se ven y que se sienten, aun antes de comenzar su mandato.

El nuevo presidente sabe además que tiene problemas con todo el entorno de poder rojo, que ve cómo el gran castillo de arena comienza a derrumbarse ante los ojos del mundo. Se lo terminarán cobrando tarde o temprano.  Todos lo saben, es cuestión de tiempo, Maduro simplemente aceleró el proceso de desaparición del chavismo.

www.biendateao.com

 

 

Artículos relacionados

Top