HACIA OTRAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

Carlos Blanco

Carlos Blanco

Carlos Blanco
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@carlosblancog 

 

Se ha profundizado la crisis política hasta el límite. Si las cajas con los votos depositados han sido manipuladas, destruidas o mudadas irregularmente, el recuento del 100% es inútil, en cuyo caso se imponen nuevas elecciones presidenciales rodeadas de supervisión internacional, con los criterios que suponen elecciones libres, limpias y justas. El régimen ha dominado con resultados que ni los chavistas se creen, dado el abuso, el fraude institucional, la intimidación, el uso grosero de los recursos públicos.

Siempre sostuve que una victoria opositora debía estar precedida de una victoria política, y el domingo se concretó esta victoria política. Las fuerzas democráticas encabezadas por Capriles lograron mostrar la veracidad de la consigna referida a los sectores democráticos que tanto molestaba a los incrédulos: “somos mayoría”.

El candidato adoptó una posición radical que unificó a la oposición y que no sólo galvanizó a los votantes del 7 de octubre de 2012 sino que arrancó casi un millón de votos del chavismo. Lo alcanzó a través de una campaña dura, que no hizo concesiones a los bien pensantes que estimaban que hablar duro y denunciar las condiciones electorales provocaban abstención. Se demostró que decir las cosas por su nombre lejos de espantar a los tímidos, los atrae, así como comunica nuevos bríos a los convencidos. Por otra parte, Capriles no se conformó con ser candidato de los grupos que le son afines sino que ahora fue mucho más amplio y la brevísima campaña tuvo más bien el signo de la inclusión.

El candidato democrático se planteó el desafío al decir que el derrotado es Nicolás Maduro, que no le reconoce su triunfo por cuestionable y cuestionado, y que lo que él debe hacer es escoger la puerta por la que va a salir. Capriles elevó la apuesta hasta la frontera del juego político y se plantó, junto a la dirección opositora y a millones de venezolanos, frente a un CNE de vergüenza.

 

 315 Maduro preocupado

 

El drama de Nicolás

 

Maduro dilapidó en 4 meses la herencia política de Chávez. Posiblemente a otro candidato rojo le habría pasado igual, pero a él le correspondió cumplir el papel del heredero botarate que recoge la bolsa de morocotas y las acaba en un santiamén. Chávez recibió el país democrático de los 40 años y tuvo esa época como comodín para echarle la culpa de los males; Maduro obtuvo el país de los 14 años de Chávez, vuelto un desastre mayúsculo y no encontró a quién endosarle los yerros; sin embargo estaba sobreentendido que sus promesas de seguridad y recuperación eran una censura a la inseguridad y postración recibidas de su fallecido jefe. Por otra parte, el candidato oficialista estaba en severa disputa con otros jefes chavistas (no en balde Cabello lanzó el reclamo de la autocrítica) y nunca fue reconocido como un verdadero sucesor del Comandante.

A lo señalado se suma el deseo de cambio que arropa por igual a antichavistas y chavistas. Hay cansancio; y más que eso, agotamiento. En cierto sentido, Maduro es también víctima de los 14 años de Chávez aunque parezca su privilegiado beneficiario. La voz autoritaria, el irrespeto al contrario, el abuso de todo lo que es público, el descuido de los servicios, la arbitrariedad, la inseguridad, la degradación de la calidad de vida, tienen hastiados a los venezolanos.

Aun si Maduro permaneciera a juro en el cargo lo haría sin fuerza, por la sombra que rodea su cuestionada victoria. Su autoridad ya estaba disminuida y ahora más; los cubanos pierden espacio, los mandos militares rojos languidecen, los grupos de choque quedan sin amo, y los pares del candidato de la incierta victoria le reclaman perder más de 20 puntos porcentuales de ventaja en más de 10 días.

 

La salida es posible

 

Sólo en el caso en que haya resultados transparentes, reconocidos por ambas partes, podría solucionarse la crisis política extrema del país. O recuento de todas las cajas con todos los votos, bajo el supuesto de que no se han extraviado, o nuevas elecciones presidenciales libres, limpias y justas con supervisión internacional. Lo demás sería caos.

 

@ELUNIVERSAL

 
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