Nuevo eje

Ruth Capriles

Ruth Capriles

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com

 

Fue un evento planificado y organizado mucho tiempo antes y no sólo por la especie local

 

Estuvieron magistrales las no-exequias. Sin error, sin sobra, sin exceso y hasta de buen gusto fúnebre, a pesar de los lapsos caribeños como los aplausos y otros detalles folklóricos de este realismo grotesco.

exequias

Fue un evento bien planificado y realizado, produciendo todos los resultados buscados: fervor entre los incautos; impotencia y subyugación entre los cautos; la transfusión del mando desde el mártir momificado al apóstol, incluyendo la paloma carismática unciendo al designado por el alma inmortal del nuevo Mesías. No faltó símbolo significativo y echamos de menos a pocas personas. Fue un evento planificado y organizado mucho tiempo antes y además no sólo por la especie local. Esto fue conversado, tramado, organizado en una concertación entre países para presentarse como bloque contra el mundo libre. Juntos anonadaron a los venezolanos y retaron al mundo.

Lo curioso es que del acto participaron complacientes muchos de aquellos que a la mediana serán amenazados por el nuevo eje. En realidad, la concertación más que hemisférica, es global pues tiene el objetivo de exprimir a Venezuela de todas las riquezas que guarda todavía; y que los locales están dispuestos a despilfarrar y robar para financiar su ansia de poder.

Francia y España nivelan sus presupuestos fiscales con las compras de armas que hace Venezuela; EEUU sigue extrayendo las materias primas que necesita y vendiéndonos su tecnología; Rusia y Bielorrusia tienen las llaves de nuestros tesoros mineros; Irán obtiene el uranio y lugar para sus pruebas; Cuba tiene un conducto extractor directo desde el corazón del país; China, Brasil, Argentina, Nicaragua, Bolivia, Ecuador… y paremos de contar pues son suficientes chupones metidos en nuestro ser para robarnos el alma.

Ante esto, la venta forzada de nuestro único canal de TV libre resulta un zarpazo más a la nación independiente. Época para expoliar nuestra tierra hasta que, yerma, no la quiera nadie sino como caminos polvorientos en un desierto moral.

 

 

 

 

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