Una revolución en apuros

 

Carlos Salas Lind

 

Inesperado, por cierto, observar cifras tan apretadas, después de presenciar en vivo la procesión interminable de cientos de miles de seguidores de Chávez  en la capilla ardiente que albergaba sus restos.

Hace solo un mes, el estado de conmoción nacional parecía neutralizar cualquier duda que pudiese existir, en cuanto a la continuación de un proceso político mayor, iniciado a fines de los 90′.

petroleoEl presidente en ejercicio, Nicolás Maduro, contaba con todo a su favor: un pueblo movilizado, la bendición del mismo líder de la revolución bolivariana poco antes de su muerte, y el acceso a un aparato estatal que se robusteció significativamente, bajo el periodo de nacionalización e implementación de gruesas políticas sociales.

La decisión de la Comisión Electoral de Venezuela de no entregar datos preliminares, ya hacía prever un escenario más competitivo que el observado en las recientes elecciones de octubre el 2012. Pero los resultados finales no dejaron a nadie indiferente.

Quizás Chávez partió en el mejor momento de su liderazgo. Los últimos tres meses, la economía venezolana comenzó a evidenciar un deterioro preocupante, después de más de una década de generosidad fiscal en un mundo globalizado que fomenta lo contrario. La resistencia de Chávez –a someterse a los imperativos del mercado global, creando un proyecto económico más acorde a la realidad mundial de las primeras décadas del periodo de la post-guerra– solo ha podido sostenerse con los masivos ingresos generados por los altos precios del petróleo.

Esta condición ha sido  fundamental para un proyecto bolivariano que concentra gran parte de su fortaleza en un férreo control de las fuerzas del mercado que operan internamente. De este modo, el creciente ingreso a las arcas fiscales – vía mayores precios del petróleo– termina siendo neutralizado por una caída progresiva de los niveles de inversión y el consiguiente debilitamiento de la actividad económica.

Es así, que a pesar de la victoria, los resultados electorales muestran una realidad preocupante para los herederos del proyecto de Chávez, a poco más de un mes de su partida. El sorpresivo robustecimiento de la oposición –con Capriles a la cabeza– no habría sido posible sin “el arrepentimiento” de una parte menor, pero electoralmente muy significativa del segmento Chavista.

anaquelChávez partió con un sueño que cautivó a muchos, pero una visión que también desafió el límite de lo posible para un país que arrastraba una inmensa injusticia social y todas las secuelas del subdesarrollo.

 Ahora Maduro debe pagar las cuentas, ordenar las finanzas públicas, promover mayores niveles de producción e –inevitablemente– revisar la política generosa que Venezuela ha aplicado con sus aliados latinoamericanos. Y por si fuera poco, Maduro también debe seguir confiando en que los precios del petróleo, preciado soporte de todos los gustos que se ha dado la revolución, no sufra grandes variaciones.

En suma, Maduro deberá apretarle el cinturón a la revolución sin desilusionar a los chavistas, deberá buscar alternativas de financiamiento del gasto público sin acercarse a los “capitalistas”, y deberá seguir sometiendo la revolución bolivariana al veredicto ciudadano, sin arriesgar su derrota.

 

@latercera – chile

 

*Carlos Salas Lind es profesor de Economía, Comunicación y Cultura del Niels Brock Business College de Copenhague.

 

 

 

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