La tormenta perfecta

Alex Capriles M.

Alex Capriles M.

Axel Capriles M.
@axelcapriles

 

Un gobierno sensato buscaría entendimientos en lugar de pensar en la descalificación

 

Se están reuniendo los vientos para la tormenta perfecta, el choque entre poderosas corrientes con distinta presión atmosférica que pueden llevar al estallido social. Estamos en frente de una crisis política de dimensiones mayúsculas que, de no resolverse a tiempo, llevará a una profunda crisis de gobernabilidad. La desconfianza en el sistema electoral solo puede calmarse con la auditoría manual y la revisión exhaustiva y total de los escrutinios. Sin ellos, el gobierno carecerá de la legitimidad necesaria para sortear la confluencia de factores que amenazan la paz. Ya existen dentro de la revolución condiciones anárquicas que tienden a la desintegración social.

La turba que acabó con el módulo de la Policía Nacional en Ciudad Caribia donde se habían refugiado los policías huyendo de una poblada de damnificados que los perseguía por haber detenido a un malandro armado, o el asalto del colectivo Ho Chi Minh a la sede policial de El Amparo para rescatar a dos detenidos capturados con armas cuando hacían destrozos en San José, son expresiones de los espacios de caos aupados por la revolución. Si los aunamos con la ausencia de la fuerza cohesionadora del liderazgo carismático del comandante, la autocrítica, las envidias, divisiones y pugnas internas o las nuevas exigencias de los minipartidos, tenemos un cuadro interno del chavismo de gran precariedad.

Y si a la crisis de identidad del chavismo le agregamos la crisis política, la menguada legitimidad del gobierno, el descenso de las expectativas, el déficit fiscal, las devaluaciones abiertas y ocultas, la mayor hiperinflación de los últimos lustros, la escasez, la depreciación de las materias primas en los mercados internacionales, el deterioro terminal del aparato productivo y la profundización de la recesión económica, una estanflación, pareciera que tenemos todos los condimentos para una explosión social. Un gobierno sensato buscaría entendimientos en lugar de pensar que basta la descalificación y el poder para mantener el control.

 

 

 
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