UN “MODELO” QUE ENTRA EN ZONA DE RIESGO

Claudio Aliscioni

Claudio Aliscioni

 

Claudio Aliscioni

 

El peso de la historia que aguardaba a Hugo Chávez a la vuelta de la esquina si sobrevivía a su enfermedad, caerá ahora – sin que nada pueda evitarlo- sobre el gobierno de Nicolás Maduro. Y no se trata sólo por la sorpresiva reacción opositora, que reclama un recuento de votos.

 

Es más bien un plano inclinado sobre el que van rodando los problemas que comenzarán a amontonarse, uno tras otro, a fuerza de haberlos negado desde hace años.

 

10 Mano Bolivar DevaluacionLos datos que justifican esos temores no por conocidos dejan de ser determinantes. Pero ninguno de ellos tiene una gravedad tan contundente como la brutal devaluación de casi el 80% que Maduro se vio forzado a acometer en apenas 100 días de mandato provisional. Acaso no haya un dato más concreto sobre el real estado de las cosas en Venezuela. Todo se produce en el marco de un proceso de descalabro económico que se acelera por una inflación del 30%, la estampida del dólar paralelo, una deuda nacional en escalada y una preocupante pérdida de productividad petrolera, la única caja fuerte de divisas del régimen.

 

Esto lleva a pensar que el modelo tiene un destino opuesto al que sus defensores predican. Lo curioso, sin embargo, es el barniz progresista con el que Maduro ha caracterizado esa brutal medida, que fue un dato clave en la campaña electoral. Los economistas saben que la devaluación, usada con criterio, a veces es el único recurso que resta a una economía para regenerarse y despegar. Pero el matiz ideológico aplicado por el gobierno borra esas sutilezas. Cuando en su simbología política el chavismo había demonizado a las devaluaciones como instrumentos propios del neoliberalismo, ahora, forzado por sus propios errores y en una voltereta discursiva, la presenta como el recurso necesario contra los especuladores y agiotistas. En suma, quedó recubierta con un manto progresista y adoptada con el fin de promover el bienestar del pueblo, que al final fue el más perjudicado.

 

Es éste un costado que acerca aún más la experiencia chavista a otras de la región. Todas tienen ese elemento común: bajo una prédica de defensa de los más necesitados terminan aplicando políticas que son conservadoras porque consolidan, en vez de alterar, las estructuras vigentes. La decisión opositora de desconocer el resultado hasta que no se recuenten los votos tiene que ver ese clima introducido por el chavismo, que ha contaminado con sospechas toda la institucionalidad del país.

 

Es un caso más donde la ineficiencia en el manejo de la cosa pública queda borrada por los discursos mesiánicos.

 

316 Rayma DevaluacionEl del chavismo no es el único caso de este travestismo ideológico. Es cierto que estos “relatos” se han construido en torno a una crítica imprescindible a los horrores de las dictaduras. Pero ya han pasado más de dos décadas del aquel infierno y lo que muestran estos procesos electorales, como el de Venezuela, es que parte de sus poblaciones se ha hartado de las hipocresías discursivas que son desmentidas por la realidad de todos los días.

 

El opositor Henrique Capriles hizo campaña basado en esa crítica. Y lo que dijo no está muy lejos de lo que podría reprocharse a otros gobiernos de sesgo chavista. En la lista se anota la promoción de divisiones sociales, un recurso clásico del fascismo mussoliniano; la identificación de la prensa como un enemigo, estrategia aplicada por el nazi Goering; el acceso de amigos del poder que deriva en nichos de corrupción, como en la Argentina de los ‘90; la desarticulación de enteros sectores productivos para dar espacio a la concentración de la riqueza al estilo Martinez de Hoz; la ausencia de reformas tributarias progresivas en países como Argentina y Venezuela, donde el negocio bancario ha sido el más rentable en los últimos años; la consolidación de economías rentistas basadas en la soja o el petróleo sin la promoción eficaz de industrias alternativas; la cooptación del sistema judicial; el personalismo gubernativo que deriva en la autocracia; el clientelismo electoral que anula cualquier aspiración emancipatoria de los más desposeídos.

 

La lista varía en cada experiencia pero tiene el común denominador de alimentar el palabrerío de oportunistas encamarados al poder que acaban triturando las formas republicanas. Nada indica en lo inmediato que la Venezuela futura vaya a escapar de este cuadro. Al contrario, el gobierno contará con un liderazgo opositor robustecido con el resultado. Es posible que Maduro caiga en la tentación de seguir trasladando para abajo los costos de una economía que muestra sus límites. Pero en todo caso el riesgo que habrá de enfrentar será doble. De un lado, lo acosará su propia base electoral. Del otro, sufrirá el embate de grupos internos del chavismo que le reprocharán su magra performance electoral. En ese horizonte se encuentra el nudo que deberá desatar si quiere que su gestión no termine hecha flecos.

 

@CLARÍN

 
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