UN PASO ADELANTE, DOS ATRÁS

Américo Martín

Américo Martín

DESDE LA CIMA DEL ÁVILA
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

 

I

 

Según Datanálisis, citada insistentemente durante la campaña por el gobierno mientras sus cifras le venían bien, el 57% de los electores votaría hoy por Capriles. Mérito de ese porcentaje es que resume fríamente el deterioro del postchavismo. Por supuesto, no puede saberse si la consultora tiene más razón de la que tenía cuando a una semana de las elecciones colocaba a Maduro con 7 puntos arriba. Pero que esa vez se equivocó lo demostró el primer boletín del CNE cuando habló de victoria oficialista con un pírrico 1.6%. Tibisay tendrá incluso que reducirla más cuando se anime a sumarle a Capriles los 56 000 votos del exterior no mencionados por el CNE

Por su negatividad a la realización de una auditoría completa solicitada por Capriles, el mismo CNE se ha desprestigiado.

Por su negatividad a la realización de una auditoría completa solicitada por Capriles, el mismo CNE se ha desprestigiado.

Por lo demás, los resultados del 14 de abril están siendo dura y fundadamente cuestionados por la MUD. Las irregularidades detectadas no tienen precedentes por su volumen y perverso contenido. Si fueran admitidas por el CNE, Maduro sería desproclamado. Pero los poderes del Estado, incluidos el Tribunal Supremo de Justicia por medio de Luisa Estela Morales y la mayoría del CNE, están batiéndose para conjurar toda posibilidad de que la verdad se imponga. Si tienen éxito, contribuirán a darle al gobierno una sombra de sospecha, una peligrosa fragilidad, en el momento menos oportuno. La situación será peligrosísima: un gobierno muy débil y bajo sospecha, enfrentando la crisis inmanejable creada por ellos mismos. Sin rectificar profundamente su política de aislamiento agresivo no habrá esperanza a mediano plazo para Maduro. Digo bien: a mediano plazo, porque en lo inmediato nadie nos salvará de un paquetazo mucho más doloroso que cualquiera que se haya aplicado en el Continente.

 

II

 

 

Desde luego, todo eso está relacionado con el impacto de la altísima votación del candidato democrático pero no menos con el lamentable desempeño de Maduro durante la campaña y después de ser proclamado a todo vapor por el CNE. Lo esencial es que con un resultado tan estrecho –a favor de uno o del otro- lo lógico, lo que dicta la experiencia sería que quien se sienta ganador llame al poderoso rival a establecer relaciones distintas, a discutir formas de abordar por lo menos los problemas más sombríos. Si por las buenas o por las malas, Maduro logra retener una precaria y sospechosa presidencia, el viraje podría imponérsele si la explosividad-ambiente lo permite.

Maduro está bajo fuertes presiones desde que dilapidó la herencia de Chávez. La enorme fuerza de la alternativa democrática, la creciente simpatía hacia Capriles y las sombras de ilegitimidad que circundan al régimen, le aconsejan emprender inmediatas conversaciones, si el otro todavía estuviera dispuesto. La sola decisión de dialogar supone un cambio notable. El oficialismo se ha estructurado sobre el imperativo de volver polvo cósmico a la oposición. Para justificar tan bárbara conducta, no aplicada –salvo en Cuba- en ningún otro país del hemisferio, trataron de educar a su militancia en el odio contra quienes piensan distinto. Los acusan de tramar magnicidios, preparar golpes de estado, sabotear los servicios, cometer homicidios.

¿Cómo hacer para entrar en normales conversaciones  de interés común con semejante horda criminal?

Creyéndose muy hábil, Maduro quiso calmar a sus desconfiados seguidores anunciando su disposición a entenderse “con los que no votaron por él”, pero nunca con sus líderes. Esa tontería inviable pareció revelar que no habría cambios. El señor Maduro “profundizaría” la política que llevó a 700 mil electores chavistas a incorporarse al caudal del rival. Muy bien, muy “firme”, pero los problemas seguirán ahí, frente a su nariz. ¿Qué va a hacer con ellos?

La fatalidad lo conduce a la ruina. Si persiste en el error continuará perdiendo asidero popular. La espiral a la vista sería muy mala para el país pero catastrófica  para él. A menor fuerza más armas, violencia y represión. Es una escalada regresiva que acabará con él y su partido, pero dejando al país en el pantano. Si con esa política no pudo destruir en una década a la oposición, después del 14 de abril menos podrá.

 

III

 

 

No obstante, el hombre ha dado dos pasos atrás de importancia no desdeñable. Aceptó el recuento total de los votos y manifestó su disposición a hablar “hasta con Capriles”.

Henrique Capriles

Henrique Capriles

Ha sido un arrebato juicioso que sin mezquindad debería reconocérsele de no ser por su patética propensión a borrar con una mano lo que hace con la otra.

Primero, fue el extraño baile de vampiros alrededor de la apertura de todas las urnas. Aceptó la apertura del 100% de las cajas. Con amargura, pero lo hizo:

–      Solo en Venezuela la burguesía exige la apertura de todas las cajas

Así estará de fuerte esa “burguesía”, Maduro, que te dobló la mano. Pero pasó lo que tenía que pasar: de todo el país llegaron pruebas de grotescas irregularidades. El gobierno y el CNE se aterraron. Y como el mundo recibió complacido el acuerdo de auditorías, resultará difícil dar marcha atrás.

Solo queda burlarlo. No será fácil ni saldrá gratis.

El otro paso fue el teatral anuncio de que hablaría hasta con el diablo. Muy bien si lo hubiera dejado ahí. Pero no pudo contenerse y se dio a insultar a Capriles, con lo que de nuevo se negó a sí mismo la ventaja la negociación.

Una crisis insondable pidiendo medidas inmediatas, un gobierno debilitado, plagado de contradicciones internas con un jefe por debajo de las exigencias, una oposición fuerte, lúcida, dirigida por un líder en ascenso.

Esa es la ecuación. Ponga usted, amigo lector, el resultado

 

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