LOS 4 JINETES DEL APOCALIPSIS

Américo Martín

Américo Martín

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

De un lado, el indolente militarismo prusiano, la reacción, la caverna, la fuerza bruta; del otro, la patria de los Derechos del Hombre y de Víctor Hugo, la libertad, la civilización
Los cuatro jinetes del Apocalipsis  (1916)
Vicente Blasco Ibáñez

I

Los resultados del 14 de abril han sido cuestionados con probidad por Capriles y la MUD. Pero incluso si diéramos por valederos los ofrecidos por el CNE, apreciaremos una inversión de fortalezas. El polo gubernamental se está descongelando con inquietante velocidad, y la alternativa democrática muestra un notable crecimiento cuantitativo y cualitativo.

Al incorporar finalmente los sufragios del exterior, la ventaja de Maduro –según el cuestionado CNE- se ha reducido a un minúsculo 1.5 %. Capriles en cambio –siempre según esa fuente- ganó casi un millón de votos adicionales en relación con los que obtuvo el 7 de octubre. La MUD se jactaba entonces de sus 6.500.000 de almas ganadas en aquellas elecciones. Por supuesto, tenía buenos motivos para ello, dado que había sido su más alta votación en los últimos catorce años. Un record que ha sido batido con creces en apenas seis meses.

Aún si las cifras proporcionadas por el CNE no estuvieran tan en duda como lo están, mezquinas y todo como deben serlo, dan cuenta de dos verdades inocultables:  la gran victoria de Capriles Radonski  al frente de la alternativa democrática, y la deprimente derrota del madurismo.  El de los bigotes de charro mexicano daba una impresión de debilidad que se afirmó por su empeño en no presentar su propio perfil, ansioso como estaba de esconderse detrás del presidente fallecido.

Es perfectamente comprensible que no le haya sido posible retener el potencial chavista a pesar de haber abusado del idolatrado ausente. Tenía miedo a un tú a tú con Capriles y así fue percibido por los electores. Un número indeterminado de chavistas se desligó del madurismo y probablemente se haya acercado al retador.

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II

Lo llamativo de la disputa entre las dos mitades del país es que la personalidad fuerte, la unidad y la capacidad de movilización están ahora en la acera opositora, en tanto que el debilitado madurismo, aparte de confiarse a la represión y el miedo, está demoliendo el edificio de la democracia. Su cálculo es delirante. No pudo borrar del mapa a la alternativa democrática cuando tenía a su impactante líder y demiurgo, gozaba de un mayor respaldo popular y de una razonable unidad mágica alrededor de una fantasmagoría más sincrético-religiosa que ideológica.

Nada de eso tienen ya. Su votación se ha derrumbado, no han podido llenar la gran vacante ni hay la más remota posibilidad de resolver la disputa en que están envueltos Maduro, Diosdado, Jaua y Rafael Ramírez a quienes bien pudiéramos llamar los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. La misión que tenían los cuatro fantasmas de Blasco era la imposición del reinado de la bestia. Declarado antiprusiano, Blasco Ibáñez compara lo que llama “la maldad alemana” con la inocencia cándida de los franceses. Esa división no se aviene a la realidad de la Europa de hoy, que se afinca en la locomotora alemana y la relación privilegiada entre teutones y francos.

Sería exagerado atribuirle a los 4 jinetes criollos una tarea que los desborda, pero ya es suficiente que el miedo al rival emergente los haya unido para el despropósito represivo. La razón de ser ideológica se ha desvanecido, sobre todo en los dos jinetes más poderosos, el militar Diosdado y el financista Ramírez. Solo queda la desnuda ambición de poder y el terror a perder la fortuna amasada y a que en algún momento se establezcan la democracia y la justicia. Capriles es el símbolo de esa esperanza y por lo tanto el odiado enemigo frente al cual no hay reglas, todo vale.

 

III

El gobierno es débil por la magnitud de los problemas que le han caído encima y la convicción de que el rutilante modelo socialista no sirve ya, no es viable, no resuelve sino agrava. Chávez había impuesto su liderazgo indisputable, no obstante dejó una heredad de virreyes que se toleran mientras se necesiten, pero ninguno de los cuatro siente que deba seguir a cualquiera de los otros como lo hacía con el caudillo ausente.

Pero antes de que la alternativa democrática en ascenso saque cuentas equivocadas con la debilidad de un régimen carente de futuro, me gustaría hacer una rápida reflexión sobre la célebre metáfora de los tigres de papel que debemos a Mao, genio de la guerra, estadista chapucero y hombre de moral despreciable.

Los imperialistas y reaccionarios son tigres de papel. Mao era uno de los comunistas menos temerarios, menos arriesgados, más brillantemente conservador en asuntos bélicos.

–       Usted subestima el poder del imperialismo, ripostó Jruschov. Esos tigres de papel tienen dientes  de misiles nucleares.

Pero el buda amarillo sabía lo que decía.

Son débiles en comparación con el gran pueblo chino. Tigres de papel. En este momento y por un tiempo serán más tigres que papel, pero después serán cada vez más papel que tigres.

No subestimemos a los jinetes de nuestro criollo vecindario.  El miedo los induce a emplear el poder y las armas sin el menor escrúpulo. Tampoco los sobrestimemos. La espiral de la violencia los desgasta más rápido de lo que imaginan.

En suma: mantenerse unidos, defender a los desposeídos y maltratados y demostrar que en la tormenta Capriles es el puerto más confiable para que amigos y enemigos confluyan y se reconcilien.

 

 
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