UNASUR PUESTA A PRUEBA

 

Socorro Ramírez

 

Las tensiones aumentan al punto de que ambas partes se señalan como fascistas. Unasur está en la obligación de contribuir al diálogo.

 

Papel difícil el de Unasur en Venezuela. A pesar de haber presenciado algunas anomalías, la misión electoral se limitó a un llamado al respeto de los resultados. La rápida reunión de presidentes reconoció las exigencias contrarias de cada una de las partes: la posesión de Maduro exigida por los chavistas y la auditoría de los votos pedida por Capriles. Ahora no puede eludir el desacuerdo sobre qué se verifica, si –como dicen rectores del Consejo Electoral– el mero funcionamiento de la plataforma o –como pide la oposición– los votos y resultados electorales.

 

317 unasur-logo-308x180Las tensiones aumentan al punto de que ambas partes se señalan como fascistas. Unasur está en la obligación de contribuir al diálogo. La oposición intenta hacerse oír realizando manifestaciones y cacerolazos, incluso, frente a las residencias de los funcionarios; supedita el reconocimiento de Maduro como Presidente a la realización de la auditoría, indispensable para procesar los reclamos pendientes y, si es el caso, impugnar algunas mesas o las elecciones. El oficialismo dilata y diluye la auditoría, amenaza con investigar y detener a Capriles, somete a oficiales de la Guardia Nacional o a empleados públicos a procesos disciplinarios o de separación del cargo, advierte a la oposición que sus gobernadores perderán fondos de funcionamiento, quita a sus legisladores el derecho de palabra y destituye a los que presidían comisiones en la Asamblea.

 

Como no hay mayorías ni minorías, a ambos les conviene buscar un acuerdo ante los graves problemas comunes, si quieren atravesar en paz la actual confrontación.

 

El chavismo que enfrenta tensiones internas por el retroceso electoral y –debido a la inseguridad y la violencia, a los apagones y a las severas medidas económicas y el desabastecimiento de alimentos– puede verse ante  serias explosiones sociales. Y la oposición debe tener sumo cuidado para no dar un paso en falso como sería el de exigir todo o nada. A pesar de haberse enfrentado con éxito al mito de Chávez en condiciones desventajosas, de haber sabido recoger el apoyo que perdió Maduro, su posición sigue siendo frágil frente al poder del gobierno.

 

Unasur debe ayudar a que las partes se escuchen y reconozcan aprovechando para ello oportunidades como las que le brindan la auditoría de los votos y el procesamiento de los reclamos electorales (apoyado por el 57 por ciento de los venezolanos, según Datanálisis); la escogencia de los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral, de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y del Contralor, para cuyo nombramiento el oficialismo no cuenta con los votos necesarios en la Asamblea; así como la investigación de los hechos violentos del 15 de abril.

 

En pro de ese entendimiento trabajan ya iniciativas ciudadanas y expertos en mediación de conflictos, como el grupo Aquí Cabemos Todos, el Centro Gumilla, Periodismo de Paz y el Centro para la Paz y los Derechos Humanos de la Universidad Central de Venezuela.

 

Unos llaman a mantener la calma sin desmovilizarse, a quitarle dramatismo al momento, a despersonalizar las reacciones y renunciar a la pretensión de vencer al contrario mediante el diálogo. Otros insisten en que no se trata solamente de tolerar a quien piensa diferente, sino de respetarlo y desarrollar acuerdos para evitar que el pleito permanente desate una espiral de violencia. Aún otros más, desde las redes sociales, tratan de romper cadenas que refuerzan la polarización, y procuran neutralizar la cascada de convocatorias violentas.

 

Hasta ahora, Unasur ha sido efectiva cuando ha procurado concertar posiciones. Dejaría de serlo si se suma a una de las partes. Si así fuera, tanto Venezuela como el continente se verían envueltos a serias tensiones y graves conflictos.

 

@ELTIEMPO

 

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