KANT Y LA SUMA DE VOLUNTADES

Carlos Ochoa

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MERCURIALES
Carlos Ochoa
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La concepción del Estado moderno democrático está condicionada por la suma de voluntades unidas. Esta idea trae como consecuencia que el estado como tal  no tiene el poder, de allí que la soberanía popular para que sea autentica y legitima requiere que la suma de voluntades se sienta representada y respetada en una constitución.

 

El Chávez que en 1998 llegó a la presidencia de la república con la propuesta de una constituyente convocada bajo la protección  de la “soberanía popular”, no es de ningún modo el mismo que dejó este mundo en 2013, es obvio que en el transcurso de sus 14 años de gobierno fue retrocediendo y ajustando a sus intereses de caudillo-líder el concepto de soberanía y el texto constitucional que le dio legitimidad en sus inicios.

 

De la manera como el Teniente Coronel marcó la hoja de ruta del proceso constituyente en sus comienzos, se deduce que en ese momento entendió, o al menos le explicaron parcialmente la idea kantiana de soberanía, que claramente indica que el poder sin soberanía no existe, sencillamente porque no tiene representación en una constitución.

 

El gran aporte de Kant a la filosofía política es la revisión a las ideas de Montesquieu, particularmente la disección que hace el filósofo alemán de la concepción de soberanía y la triada de poderes que conforman el estado moderno, que tanto para Montesquieu como para Kant deben equilibrarse precisamente para resguardar la suma de voluntades que constitucionalmente impiden que  una sola persona se crea que puede representar la soberanía popular. Cada vez que un gobernante o un gobierno se han arrogado para sí la exclusividad de representación de las voluntades del pueblo representadas en una constitución, se han deslegitimado por atentar a la soberanía.

 

Cuando desde los organismos internacionales, parlamentos y gobiernos extranjeros  se hacen advertencias sobre lo precario del equilibrio de los poderes en Venezuela, no se está incurriendo en injerencia de asuntos internos, sencillamente porque Venezuela desde que salió de la dictadura en 1958, lo que ha hecho es tratar de construir una sociedad en donde el ejercicio del poder del estado jamás se entienda como el poder de un solo hombre o un solo partido.

Lamentablemente el socialismo del siglo XXI en su concepción y en su ejecución conculca la soberanía del pueblo al tratar de imponernos una visión unitaria del estado. Cuando el poder judicial, el poder legislativo, el poder electoral y el poder ejecutivo actúan como uno, se niega  la soberanía popular que es la única que puede expresarse como unidad en el texto constitucional.

 

El  ciclo histórico que se cierra con el fallecimiento del caudillo, le da muy poco espacio a los ideales neo autoritarios de los herederos. La negación a una auditoría completa y exhaustiva por parte del poder electoral, y la posibilidad que el TSJ no admita la impugnación de las elecciones, junto con la conducta autoritaria y violenta que vimos en la Asamblea Nacional de parte del oficialismo,  va en contracorriente al clamor de entendimiento y dialogo que planteo el país el 14 de abril a la luz de los resultados electorales.

 

El respeto a la suma de voluntades como explica Kant, significa en este momento defender el derecho irrenunciable que tenemos los venezolanos a hacer valer nuestros acuerdos comunitarios legales,  en cualquier instancia nacional o internacional de ser necesario.

 

Lo que está claro en Kant es que la razón política moderna que plantea la separación y equilibrio de poderes, está al servicio de la libertad y no a la inversa, como en los regímenes totalitarios.        

 

 
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