LA OPERACIÓN CAIMÁN

Manuel Felipe Sierra

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com 
@manuelfsierra 

 

Guillermo García Ponce, Rafael Elino Martínez y Antonio José “Caraquita” Urbina trabajan en la ejecución del “Plan Caracas” una operación que habría de coincidir con las elecciones presidenciales de diciembre de 1963. Para ello se contemplaba en traslado de un lote de armas desde Cuba hasta las costas falconianas. Si bien los tres pertenecían  a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FAL) en esta materia actuaban “por la libre”, en el argot  habanero.

 

rafael-elino-martinezDespués de dos años de una intensa preparación (que incluyó once viajes de Martínez a La Habana) todo parecía dispuesto para la victoria. La acción era directamente coordinada por Fidel Castro  desde 1962, justamente el año de la crisis de los cohetes rusos instalados en territorio cubano que puso al mundo casi al borde de la guerra nuclear. Eufórico, García Ponce confesaba a sus amigos que el destino era la victoria y remataba con una frase optimista: “ya no tendremos necesidad de continuar conspirando contra Betancourt”. Todo ello formaba parte de la “Operación Caimán” diseñada como la batalla final contra el betancourismo y para el establecimiento de una revolución inserta en la exportación del proyecto fidelista.

 

El planteamiento guerrillero (“hay que tomar las lomas”), repetía Castro, había prendido en el seno del sector más radical del PCV que junto con el MIR y una fracción de URD, liderada por Fabricio Ojeda, comandaban la insurrección. Inicialmente los contactos realizados por los revolucionarios venezolanos con la dirigencia cubana no fueron auspiciosos. “No es lo mismo enfrentar una dictadura como la de Batista que una democracia que aunque imperfecta ahora comienza en Venezuela como la de Betancourt”, le dijo en una primera entrevista el Ché Guevara a Domingo Alberto Rángel y a Simón Sáez Mérida. Pero las cosas fueron cambiando en Venezuela y cobró fuerza el planteamiento de la lucha armada, básicamente a través de las operaciones urbanas y  propagandísticas; el auge del movimiento estudiantil; las divisiones de Acción Democrática; la deserción de la izquierda urredista y el desarrollo de movimientos conspirativos en el seno de la Armada que facilitaron las insurrecciones de Carúpano y Puerto Cabello en 1962.

 

Al mismo tiempo, el régimen cubano ya comprometido militarmente con la Unión Soviética consideraba que era el momento de impulsar la revolución en el plano regional  y  según un viejo sueño de Castro, el punto de partida debería ser Venezuela y desde allí contaminar al resto del continente. De la estrategia surgió la “Operación Caimán” que se basaba en el uso de un lote de armamentos, (“los hierros” le dicen los cubanos) que deberían ser desembarcados en las costas venezolanas para provocar un estallido popular combinado con el “Plan Caracas”, de alguna manera parecido al que en 1956 planificara Castro desde México con el desembarco del “Granma” y que condujo a la guerrilla de la  Sierra Maestra.

 

barco-pesqueroRafael Elino Martínez protagonista de aquellas gestiones acaba de contar con suficientes detalles las negociaciones, marchas y contramarchas que signaron aquella operación cuyas decisiones estuvieron siempre en manos de Castro. En el libro “Conversaciones Secretas”  (Los primeros intentos de Cuba para acabar con la democracia en Venezuela), publicado por la Editorial Libros Marcados, se resume una historia íntima, apasionante y conmovedora de la Cuba de los años 62 y 63. El cronista cuenta sus numerosas entrevistas con Castro, Manuel Piñeiro, Ramiro Valdés y otros líderes cubanos para tejer la urdimbre de una conspiración de cuyos detalles nunca tuvo conocimiento la dirección oficial de PCV ni sus aliados. La fecha escogida para el desembarco de las armas, remanentes bélicos de la guerra de Corea y restos del armamento de Bahía de Cochinos era el mes de noviembre de 1963, días antes de la consulta electoral. En esas elecciones la izquierda había proclamado la abstención militante y concentrado todos sus recursos en el “Plan Caracas” que habría de sellar la sublevación popular.

 

En la ejecución del traslado de las armas surgieron algunos problemas. Originalmente se escogió la Península de Paraguaná como la zona ideal para el desembarco, pero la ausencia del práctico venezolano que debía conducir la expedición hizo que se cambiara la ruta hacía San Juan de las Galdonas en el estado Sucre con un equipo de urgencia organizado por Martínez. Como estaba previsto la invasión arrancó, pero en condiciones sumamente precarias, lo que hizo que pasado unos días el barco camaronero “Playa Girón II” se viera obligado a regresar a Cuba, dejando con destino incierto a la embarcación que portaba las armas. Ya en La Habana, Martínez encontró un clima contrario; Castro resentía el fracaso de la invasión y era evidente un trato distinto con el venezolano. Pero no todo estaba perdido.

 

El 11 de noviembre de 1963 (la fecha prevista para el desembarco) los periódicos y noticieros radiales hicieron un anuncio explosivo: “descubiertas armas cubanas por la Guardia Nacional en el estado Falcón destinadas a las guerrillas”. En la playa de Macama, en la Península de Paraguaná, fue localizado un bote y un lote de armas, compuesto por cañones sin retroceso, lanzacohetes, morteros livianos, fusiles automáticos ligeros, subametralladoras, granadas y municiones con explosivos y detonantes. Por su cuenta y riesgo Castro había ordenado la invasión de acuerdo al plan original burlando de esta manera los lineamientos principales de la “Operación Caimán”. El descubrimiento de las armas impidió que éstas fueran trasladas a la capital para el “Plan Caracas”; se produjo la detención de varios dirigentes que esperaban el arribo bélico, encabezados por Douglas Bravo y “Caraquita” Urbina. El caso fue llevado ante la OEA y Cuba recibió una nueva condena que la aisló definitivamente del resto de América Latina. La abstención militante no funcionó y se ubicó sólo 8% mientras que Raúl Leoni el candidato de AD ganaba la presidencia con el 33% *  de los votos. De esta forma, Rómulo Betancourt le propinaba una nueva derrota a su contendor histórico Fidel Castro.



* El resto la votación se la dividieron Rafael Caldera (20), Jóvito Villalba (19), Arturo Uslar Pietri (16), Wolfang Larrazábal (9) y Raúl Ramos Jiménez (2). Germán Borregales, el séptimo candidato, obtuvo sólo el 0,3%.

 

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