MARTIROLOGIO EXPROPIADO

 

Jorge Sayegh
JorgeSayegh@gmail.com

 

Antes que mártires, el país lo que necesita es justicia

 

A los partidos políticos les encanta sacralizarse y la historia de Latinoamérica ha sido el caldo de cultivo ideal para un retablo variopinto de mártires políticos. Zapata, Sandino y el inefable Che Guevara son los más famosos, el último, sin duda, el más comercial.

 

El concepto del martirio: padecer tortura y muerte por no renegar de tu doctrina religiosa; fue una práctica que “popularizó” internacionalmente el cristianismo primitivo y que desde entonces ha sufrido algunos cambios. La principal transformación ha sido la identificación del martirologio con causas profanas, como el patriotismo o la política. Otra característica moderna del martirio es que ya no tienes que haber sufrido previa tortura, ni que te hayan exigido renuncia dogmática alguna, basta con morir violentamente. Para los islamistas más extremos, por ejemplo, que un palestino se detone a sí mismo, llevándose unos cuantos judíos con él, lo convierte en mártir. Para las FARC, Raúl Reyes es un mártir. En Venezuela, un fiscal de sospechoso proceder, cuyo asesinato tiene todas las características de una venganza mafiosa, fue declarado mártir por un gobierno que, a pesar de su omnipotencia, nunca terminó de resolver su caso (ni el de su muerte, ni el que investigaba).

 

Los días siguientes al 14 de abril, en una serie de circunstancias confusas y aún no esclarecidas, murieron de manera violenta varios militantes del PSUV, simpatizantes de la oposición y hasta un peatón que ni protestando estaba. La propaganda oficial -aun sin la primera pesquisa- ya había “expropiado” los nombres de varios de ellos. Toda Venezuela debería exigir con firmeza el esclarecimiento de estos y de los innumerables homicidios que nos desangran cotidianamente. Antes que mártires, el país lo que necesita es justicia.

 

 

 

 

Artículos relacionados

Top