UN CRISTIANO EN TIEMPOS DE TOTALITARISMOS

Rafael Luciani

Rafael Luciani

Rafael Luciani*
rluciani@ucab.edu.ve
@rafluciani

 

No podemos perder lo más precioso que tenemos: nuestra dignidad de ser hijos del mismo Dios…

 

El 9 de noviembre de 1923, Adolf Hitler participó en un fallido intento de golpe de Estado, liderando el proyecto nacionalsocialista alemán. Tras su derrota y temporal aislamiento político fue encarcelado, pero posteriormente liberado con un indulto en diciembre de 1924. Con gran astucia Hitler supo convertir dicha fecha (9-11) en un acontecimiento casi mítico que le permitió ir creando un imaginario sociopolítico, de talante religioso, que penetrara con gran facilidad en las mentes de tantas personas humildes y sencillas de entonces que buscaban un cambio en la conducción del país. Es así como en 1935, dos años después de asumir el poder del gobierno por vía electoral, el famoso libro de la oficialidad hitleriana resumiría dicho acontecimiento con las siguientes palabras: “la sangre que ellos derramaron se ha convertido en agua bautismal del Reich”.

 

Dietrich Bonhoeffer

Dietrich Bonhoeffer

Este período de la historia política alemana se denominaría Tercer Reich y estaría inspirado por el libro del propio “Führer” intitulado Mein Kampf, en el que se expresaría todo el proyecto del régimen. El nacionalsocialismo se comprendía a partir de una ideología de luchas, estructurada en torno a tres elementos fundamentales: la centralidad de los distintos poderes en el Führer, el odio a ciertos grupos socioculturales y el nacionalismo patriótico como base de un proyecto expansionista. Para ello concebía al Estado como ente totalitario y absoluto que debía garantizar la supervivencia de la raza aria y estructurar toda relación sociopolítica, económica y religiosa posible, según su noción de hombre y sociedad.

 

Rechazo

 

La práctica de esta nueva ideología pronto se caracterizó por el rechazo frontal a los intelectuales y universitarios más críticos, el uso abusivo de las asambleas de masas aprovechando la ignorancia de muchos, y la expropiación abusiva de propiedades y bienes que pertenecían a judíos. Muchos cristianos se plegaron desde el inicio al proyecto nacionalsocialista anhelando nuevos cambios en la deteriorada Alemania de entonces, pero desestimando, y sin juzgar, los medios que pronto comenzó a implementar Hitler para lograr su meta, usando el control mayoritario del Parlamento.

 

En 1933 se fundó la agrupación de cristianos evangélicos denominada “cristianos alemanes” (Die Deutsche Christen), en la que participaron muchos creyentes que sólo supieron leer las coincidencias del discurso y la propuesta hitlerianas con los fines cristianos, obviando un juicio ético acerca de los medios y modos implementados lentamente para lograrlo.

 

En este contexto, el teólogo Dietrich Bonhoeffer, miembro de la “Iglesia confesante” (Die bekennende Kirche), levantó su voz, y se dio cuenta de la tendencia autoritaria y deshumanizadora del proyecto del Führer. Tomó posición desde su fe y decía: “creer significaba decidirse”.

 

Bonhoeffer inició una continua crítica a la pseudolegalidad construida por el régimen Nazi para legitimar sus acciones mediante el control del Parlamento. En sus escritos encontramos estas célebres palabras: “la decisión está a las puertas: nacionalsocialista o cristiano”. Se dedicó a formar teólogos, actividad que estaba prohibida por la Gestapo. Los ayudó a descubrir que la teología no era un simple ejercicio académico, sino un auténtico proyecto de vida. Pero pronto comenzó a padecer la persecución. Le prohibieron vivir en Berlín en 1938, hablar en público en 1940 y publicar sus escritos en 1941, hasta que en 1943 fue encarcelado, muriendo asesinado por el régimen en 1945 ahorcado en un largo clavo en la pared.

 

319 No NaziArgumento teológico

 

La crítica política de Bonhoeffer no partía de un estudio sociológico o histórico político, sino de un argumento teológico, el de la Encarnación. Según Bonhoeffer, en la Encarnación se nos revela cómo el amor a Dios y el amor a los hombres están indisolublemente unidos. Como consecuencia, la fraternidad era el único camino que un cristiano podía aceptar en su praxis, pues se basaba en el auténtico reconocimiento de la dignidad humana. Una praxis fraterna no podía aceptar la exclusión, la negación del otro y la opresión de las libertades personales. La fractura de la fraternidad fue aceptada por muchos como un cambio normal y necesario.

 

Honestidad

 

Bonhoeffer pudo haberse dejado seducir por el éxito obtenido por Hitler en materia social y económica durante sus primeros años en el poder. Hitler había logrado levantar la infraestructura y la industria alemanas, y elevar el nivel de vida de sus habitantes más pobres. Los discursos continuos del Führer despertaban una gran sensibilidad social por los desposeídos. Durante los primeros años de su liderazgo, muchos no pensaron en las consecuencias que generarían sus políticas, sino en los sueños nacionalistas enmarcados en sus discursos sociales, que harían renacer una nación de bienestar y poder. Sin embargo, la honestidad intelectual y la libertad de espíritu con la que Bonhoeffer vivió su fe, siendo fiel a Jesús, el único Mesías de su fe, le permitió discernir que cualquier práctica sociopolítica no era aceptable, aun si el fin era realmente noble y lo merecía.

 

Aprender

 

¿Qué podemos aprender de estos procesos, cuando estamos atravesando una crisis de identidad de nuestro cristianismo frente a la praxis sociopolítica actual? Max Picard, otro teólogo alemán, al tratar de explicar el porqué del auge del nacionalsocialismo en medio de una sociedad supuestamente cristiana, usó un término muy interesante: Zusammenhangslosigkeit, una pérdida de nuestra capacidad de vincularnos con los acontecimientos irracionales que van sucediendo en la sociedad, como fruto de un proceso de ideologización de la realidad que hace de la fe algo meramente instrumental. Es algo así como una pérdida de toda capacidad de asombro frente a lo absurdo de las situaciones que van sucediendo en nuestro entorno, llegando a percibirlas como normales.

 

Se van instalando procesos interiores de deshumanización. No podemos permitirnos que, a lo largo de las luchas diarias, perdamos lo más precioso que tenemos, que es nuestra propia dignidad de ser hijos del mismo Dios y hermanos unos de otros.

 

Abuso…

 

El abuso de la autoridad, las expropiaciones, la militarización de la gobernabilidad, la compra de conciencias, la impunidad, la parcialidad de los sistemas electorales y judiciales, la exclusión de aquellos que no están con el proceso, entre otras, son situaciones deshumanizadoras que responden a principios ideológicos, y que han de ser rechazados si somos seguidores de Jesús, el Mesías. Nos toca decidir.

 

Concluimos con este mensaje del Papa Juan XXIII en 1963:

La violencia jamás ha hecho otra cosa que destruir, no edificar; encender las pasiones, no calmarlas; acumular odio y escombros, no hacer fraternizar a los contendientes, y ha precipitado a los hombres y a los partidos a la dura necesidad de reconstruir lentamente, después de pruebas dolorosas, sobre los destrozos de la discordia” (Pacem in Terris, 162).

 

*Doctor en Teología Dogmática

 

 

 

 

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