DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO

Diego Bautista Urbaneja

Diego Bautista Urbaneja

 

Diego Bautista Urbaneja
dburbaneja@gmail.com

 

Por allí se oye el ruido que hacen al acumularse fuerzas capaces de producir olas de descontento

 

Cuando se oye a los actuales gobernantes referirse a los problemas económicos y de servicios que están presentes en el país, y con cada vez más fuerza, uno se pregunta aterrorizado si esa es en verdad la manera de abordarlos en la que creen. Se trata de fenómenos con los cuales lamentablemente estamos más familiarizados con cada día que pasa: inflación, desabastecimiento, apagones…

 

Esa incógnita remite a la pregunta de cuál es el pensamiento económico que orienta a este gobierno. Cuando Hugo Chávez estaba a cargo de la conducción del Estado, esa pregunta no era tal vez relevante, y en realidad nunca lo llegó a ser. La política económica del gobierno la fijaba el mismo Chávez y era tarea de los economistas y cuerpos técnicos que estuvieran al servicio de su gobierno darle ejecución a sus directrices. Tenían la misión de hacerlas tan inmediatamente viables como se pudiera, sin pensar en las cargas que así se iban acumulando como bombas de tiempo a las que en algún momento les llegaría la hora de estallar.

 

Chávez corrió con la suerte de disponer de ingresos fiscales siempre crecientes. Cuando, ya al final de su vida, éstos se estancaron, todavía tenía margen de maniobra para obtener aquí y allá lo necesario para continuar el rumbo que venía recorriendo. Si el margen en cuestión se trancaba, podía echar mano de su capacidad de comunicación política y de las reservas de fervor popular que había acumulado, para salir del aprieto en el cual momentáneamente sus errores lo habían colocado. No es posible saber por cuánto tiempo hubiera podido Hugo Chávez mantener ese juego. Pero en vida del comandante nunca llegó la realidad económica a arrinconarlo y a exigirle explicaciones. Chávez tenía además la capacidad de hacer que sus numerosos seguidores interpretaran la realidad como él se los proponía, y en todo caso los problemas nunca llegaron a tener la gravedad necesaria para que la gente sintiera que las interpretaciones que aquél exponía no resultaban capaces de explicar lo que en la vida real ocurría. Por lo demás, si la cosa apretaba mucho, aparecía por allí, aunque fuera tardía e insuficiente, la medida que venía a destapar en el último momento la situación: un ajuste de precios por allí, una entrega de dólares por allá.

 

05 Economia Chavez 

 

Todo ese armazón se ha venido abajo. Los problemas han adquirido un volumen y una gravedad mucho mayores y quienes deben enfrentarlos no disponen ni de lejos de la capacidad de moldear la interpretación que el grueso de la población está dispuesta a hacer de ellos.

 

Por ello es tan importante que los sucesores de Chávez hagan de lo que acontece una interpretación que tenga al menos una dosis mínima de realismo y rigor. Lo que hasta ahora se ha oído en boca de Nicolás Maduro no resulta nada auspicioso. El mismo discurso dogmático, ideológico en el mal sentido de la palabra, que achaca los problemas económicos a la perversa índole del capitalismo y de los capitalistas. Y en cuanto a los problemas de servicios, la culpa es de la maldad de unos saboteadores habilísimos. Ambos, capitalistas y saboteadores unidos por la siniestra intención de desestabilizar políticamente al país, intención que aguza aún más su inteligencia y hace más impenetrables sus operaciones.

 

Esa interpretación tiene para quienes crean en ella dos grandes ventajas. La una es que nunca es posible demostrar que es falsa. Todo cuanto ocurra de malo puede ser siempre atribuido a esa maldad primordial, por más que la ciencia económica tenga a mano muy sólidas explicaciones de otro tipo. La otra ventaja es que siempre es posible cavar mas hondo en el suelo de la perversidad. Si una explicación de esa clase parece no funcionar, siempre es posible decir que en realidad el origen está aún más abajo, pero siempre en el foso insondable de la maldad capitalista y saboteadora.

 

De esto es de lo que hemos oído hasta ahora. Pero esa manera de ver las cosas está destinada a estallar. Si no se posee, como lo hacía Chávez, una gran capacidad de moldear las interpretaciones populares de los problemas que se agravan, éstos se imponen en la percepción colectiva, con tanta más fuerza cuando más lejos esté el gobierno de interpretarlos correctamente, como el resultado de años de políticas económicas equivocadas.

 

Por allí se oye el ruido que hacen al acumularse fuerzas capaces de producir grandes olas de descontento. Si no dispone el Gobierno de un pensamiento económico mejor que el que hemos resumido, le será difícil evitar que tomen ellas alturas de temer.

 

 

 

 
Diego Bautista UrbanejaDiego Bautista Urbaneja

Artículos relacionados

Top