“LA OTRA MUERTE”

Manuel Felipe Sierra

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com  
@manuelfsierra 

 

El 3 de febrero de 1989, un día después de su toma de posesión, Carlos Andrés Pérez se enfrentó a un panel de periodistas extranjeros. Entre ellos estaba Gabriel García Márquez. El novelista y premio Nobel formuló una pregunta, propia de un concurso de televisión: “¿cómo le gustaría salir de Miraflores?”. Pérez contestó: “en hombros del pueblo”.

 

El primer mandatario reelecto por el voto popular tenía razones para el optimismo. Los tres días anteriores había tenido ocasión de compartir con gobernantes, intelectuales y personalidades no sólo de América Latina sino de otras regiones del mundo, que asistían seguramente convencidos de que su nuevo ascenso al poder significaba el regreso a los días de “La Gran Venezuela”. La llamada “coronación” se realizó en el Teatro Teresa Carreño. Pérez pronunció un discurso de 50 minutos impregnado de contenidos latinoamericanistas. No se extendió en anuncios sobre sus planes pero fue enfático en asegurar que el país “se encamina hacia la modernidad y que esa Venezuela moderna se sustentará sobre sus propios pies”.

 

Carlos Andrés Perez

Carlos Andrés Perez

Deslizó algunas críticas a la gestión de su predecesor Jaime Lusinchi, en lo que se refiere a la política de precios y el manejo de la deuda externa. Criticó el hecho de que se hubieran cancelado por concepto de la deuda más de 25 mil millones de dólares, el 50 por ciento de las exportaciones petroleras en los últimos 5 años. Aludió a una drástica caída de las reservas internacionales y censuró el sistema de cambios diferenciales, la política de precios y salarios y dejó en claro que todo ello había sido lesivo para los trabajadores. En una frase, le ofreció el titular a los diarios del día siguiente: “Se acabó el plazo para equivocaciones”.

 

Pérez estaba lejos de pensar que su mandato habría de enfrentar episodios decisivos que conducirían a la quiebra del modelo nacido del Pacto de Puntofijo. El 16 de febrero en un breve discurso anunció un plan de ajuste dirigido a redimensionar y modernizar la economía. El 27 de febrero debió enfrentar la rebelión popular conocida como el “Caracazo” con un alto costo de muertos, heridos y daños materiales. El 4 de febrero de 1992  le tocó reducir la sublevación de los comandantes encabezados por Hugo Chávez Frías. El 27 de noviembre del mismo año enfrentó un nuevo alzamiento, esta vez de oficiales de alto rango de la Armada y la Aviación. 1992 había sido un año de aguda complejidad política. Si el 18 de febrero de 1983 se resquebrajó el andamiaje de la economía nacional con el famoso “viernes negro” que decretó la devaluación luego imparable de la moneda; si el 27 de febrero de 1989 se detectó una impredecible falla sísmica en las bases de la sociedad y el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992 evidenciaron la división de las Fuerzas Armadas, se generaba un clima inocultable de inestabilidad política. Todo indicaba entonces que Pérez al final de su gobierno comenzaba a remar en una travesía con inminente riesgo de naufragio. Y así ocurrió.

 

Si bien los indicadores económicos y la renovación de los poderes regionales y municipales en diciembre de 1992 apuntaban hacía un clima de normalización en función de las elecciones presidenciales de 1993, a finales de año se hizo pública una acusación por un manejo irregular en la rectificación de la partida secreta por 17 y medio millones de dólares entonces 250 millones de bolívares, aprobada por el Consejo de Ministros a comienzos de su mandato en 1989 y que habrían sido destinados al traspaso de poder de Daniel Ortega a Violeta Chamorro en Nicaragua en 1990.

 

La denuncia fue hecha por el periodista José Vicente Rangel y procesada por los órganos correspondientes. El 11 de marzo de 1993 el Fiscal General Ramón Escovar Salón solicitó el antejuicio de mérito ante el Tribunal Supremo de Justicia de conformidad con el ordinal 3º del artículo 30 de la Ley Orgánica del Ministerio Público. La solicitud también incluía a los ex ministros Alejandro Izaguirre y Reinaldo Figueredo Planchart así como a otros funcionarios. Dos días después un grupo de personalidades, la mayoría de ellos integrantes del grupo de “Los Notables”, respaldaron al Fiscal General.

 

El 4 de mayo de 1993, ahora se cumplen justamente 20 años, la Corte Suprema tomó la decisión de declarar el antejuicio al Jefe del Estado de acuerdo a una ponencia del magistrado Gonzalo Rodríguez Corro. Nueve magistrados votaron a favor, mientras seis salvaron sus votos. Se planteó que Pérez dejase a uno de sus ministros encargado de la Presidencia. El partido se opuso y hubo resistencias de altos oficiales. Sobre el escritorio del ministro de la Secretaría, Celestino Armas, quedó una resolución que dejaba encargado de la Presidencia al ministro de la Defensa, general Iván Darío Jiménez.

 

Ramón J. Velasquez

Ramón J. Velasquez

El cuadro político se había modificado. Caldera apuntaba hacia la candidatura estimulado por el MAS, y organizaciones diversas denominadas “el chiripero” y una escisión de COPEI que tomó el nombre de “Convergencia”. En unas primarias, Oswaldo Álvarez Paz había abatido la poderosa maquinaria de Eduardo Fernández y se alzaba con la nominación copeyana. Claudio Fermín se impuso ante el poderoso aparato de Alfaro Ucero y derrotó a su candidato, Carmelo Lauría, como aspirante por AD y la postulación de Andrés Velásquez, de CAUSA R, se revelaba como un fenómeno electoral.

 

El presidente del Senado, Octavio Lepage, cubrió el interinato durante un mes mientras el cuerpo legislativo escogía un presidente provisional, que resultó ser el historiador Ramón J. Velásquez. En la noche del 20 de mayo, Pérez se dirigió al país en un corto mensaje en el cual dijo que “hubiera preferido otra muerte” y concluyó: “quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse”. Culminaba una operación dirigida y celebrada por los propios soportes del sistema convencidos que con ello se conjuraba la crispación política y se alejaba el peligro de una salida golpista. Minutos después, una silenciosa caravana abandonó el palacio presidencial.

 

Pérez, no había salido como en tiempos de euforia se lo prometió a su amigo el novelista García Márquez.       

 

manuelfelipesierra.blogspot.com

 

 

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