Ahora o nunca

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos Lozano
Carlos Lozano

Carlos@carloslozano.com 

 

Aparte de que las circunstancias éticas y legales que genera la conversación grabada con las denuncias y reclamos de Mario Silva, son de enorme trascendencia, las consecuencias políticas, y eso todo el mundo lo sabe o, como mínimo, lo intuye, son extremadamente riesgosas.

 

No debe pensarse sólo en que la conversación y su difusión pública automáticamente golpean al Gobierno y al chavismo en general. Habría que pensar si el Presidente Maduro tiene la percepción y el coraje de entender que también es una oportunidad para él. Clavo ardiente, pero al mismo tiempo oportunidad.

 

Nicolás Maduro está inmerso en un revoltijo de problemas y todos son delicados y riesgosos. Tiene una economía desmantelada en todas sus caras, la manufacturera, la agropecuaria, la comercial. Un partido que aunque el mayor, empieza a serlo menos no sólo porque la oposición ha crecido con fuerza, sino porque ahora tiene dudas y temores que antes no tenía. Su militancia de clases medias y bajas padece los mismos problemas que las clases medias y bajas independientes y de otros partidos. Y, aún peor, porque la realidad económica, el desabastecimiento, el bajón del poder adquisitivo de la moneda –que afecta a los sueldos, los salarios, las becas, las ayudas-, la impugnación de las elecciones del 14 de abril y escándalos, de los cuales la grabación es sólo el último, están sembrando y profundizando temores y algo peor, erosionando la fe chavista.

 

La oportunidad que tiene el Presidente Maduro necesita coraje, requiere que esté dispuesto a jugársela. Está en que empiece a actuar como Presidente, como Jefe de Estado. En que se pare frente al país y exija públicamente, sin palabrerío, sin adjetivos patrioteros y populistas, que se investigue a fondo todo el contenido de la conversación grabada. Al hacerlo estará enfrentando a numerosos dirigentes y figuras de su partido y su Gobierno, incluyendo al sector militar. Y con ello, estará ganando respeto ante la gran base chavista, ante los indiferentes e incluso ante los opositores.

 

Ya ha dado el paso, sea por convicción o porque se convenció de que no le quedaba más remedio, de poner a su Gobierno a conversar y a llegar a acuerdos con el empresariado privado. Ahora debería dar el gran paso político. Poner un “hasta aquí”. Sacar la cara por la eliminación de la corrupción en el chavismo. Echar de su Gobierno a quien ponga trabas, a los incompetentes, a los remolones del pillaje. Manejar su administración con puño de hierro. Dejar claro ante el país que está dispuesto a todo y que no tiene miedo. Que si Hugo Chávez lo nombró sucesor no puede haber sido para convertirse en un agente acomodaticio.

 

Debe entender que Cuba y lo cubano, ALBA, Petrocaribe y Unasur se han convertido en pesos muertos y además venenosos. Maduro necesita tener la audacia de romper con todo lo que haya que romper. Para empezar, debe hablar con claridad; exponer los problemas y echar a un lado a los responsables, indicar que no es una marioneta ni un simple denunciador, sino el Presidente. Sólo así ganará legitimidad, confianza y respaldo.

 

No es fácil, por supuesto, nada fácil. Pero o se pone los pantalones de verdadero jefe de estado, o no harán falta golpes de estado ni presiones extranjeras. Se vendrá abajo él solo, se disolverá cada vez más rápido. Debe hacerlo ahora, cuando le queda tiempo. Si no, lo hará Henrique Capriles, que ha demostrado el talento, la voluntad y el guáramo para hacer eso mismo. Y todo indica que así será.

 

 

 

 

 

 

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