El ABC de Leonardo Padura – Autor de “El hombre que amaba a los perros”

En “El hombre que amaba a los perros”, más que hablar de un sistema económico-social habla de la perversión de la utopía.

En “El hombre que amaba a los perros”, más que hablar de un sistema económico-social habla de la perversión de la utopía.

El hecho de la Revolución es importante en la medida en que hayan actitudes revolucionarias. Hay que ver hasta dónde Raúl Castro, en el tiempo que tiene para gobernar, puede hacer reformas. La prensa debería debatir más los problemas esenciales de la sociedad cubana, señala el autor de la que se considera la más importante novela política latinoamericana de los últimos tiempos. 

 

Harold Cárdenas Lema

 

Es considerado el narrador de mayor proyección internacional de la Cuba actual. Su galardonada novela “El hombre que amaba a los perros”, que reconstruye magistralmente la tragedia de León Trotsky, ha merecido un reconocimiento internacional. ABC de la Semana reproduce parte de la entrevista que el periodista le hiciera en la revista “La joven Cuba”.

 

– El término revolución se refiere a procesos de cambio o transformación respecto al pasado, aun así, existe la noción de que durante años el país se cambió o transformó muy poco a sí mismo. Leonardo, ¿hasta qué punto seguimos siendo una revolución?

– Esa es una pregunta muy difícil de responder porque es un término que se ha viciado con una retórica y con una realidad demasiado prolongada. Creo que la revolución es un momento en el que se producen grandes cambios y partir de estos se trata de generar un tipo de sociedad diferente y esta tiene que tener otro calificativo distinto al de revolución, porque incluso en términos marxistas cubanos, en este país no creemos en la “Revolución Permanente” de Trotsky.

 

– Como especular sobre el futuro del país no me parece una actividad estéril sino que nos puede dar una medida de sus perspectivas, me atrevo a preguntar algo muy arriesgado, por mucho tiempo se habló sobre cómo sería Cuba sin Fidel en la dirección, ya sabemos la respuesta, la pregunta sería entonces: ¿después de Raúl qué?

– “Realmente no lo sé, y ciertamente es arriesgado especular en ese sentido, porque incluso, todavía no sé “con Raúl qué” y sólo se sabrá en la medida en que pueda desarrollar su programa económico, que tiene inmediatas consecuencias sociales y que va a tener consecuencias políticas. Es un programa que está prácticamente comenzando, como ellos mismos reconocen y como la realidad lo está diciendo. Creo que lo que para muchos de nosotros es una lentitud en los cambios, ha tenido que ver con un problema fundamental y es la falta del control económico, yo lo llamaría la falta de perspectiva económica que existía en el Estado y el Gobierno cubanos. Las decisiones que se tomaban en Cuba eran todas políticas, las buenas, malas y regulares.

 

– ¿Sería válido un ejemplo?

– Sí, en el año 1992 se decidió todos los días dar un pan a cada ciudadano de Cuba. Esta fue una medida política y no económica, pues la economía decía que no había pan pero políticamente se decidió que había que darles un pan a cada una de las personas. Esto fue los que nos salvó, pero también nos perjudicó pues permitió que las cosas no cambiaran mucho antes, aun cuando ya era evidente que había elementos del modelo, sobre todo a nivel económico, que no funcionaban. Lo primero que se ha tenido que hacer es recuperar ese control económico y crear una perspectiva para pretender cambiar ciertas cosas, porque si tú no sabes cuánto gana un país, difícilmente puedas hacer ninguna planificación económica. Eso explica que los cambios fueran primeramente tan lentos y mayormente en la superestructura, cambios que se podían decidir con el dedo: “los cubanos pueden ir a los hoteles, pueden tener celular, pueden comprar casa, pueden comprar carros”, medidas de carácter administrativo o decisiones de carácter político.

 

– ¿Asumes esta política de cambios?

– Me siento mucho más identificado con una política de cambios que con una de inmovilidad. Los cambios de carácter económico que tienen que ver con esta tercera Reforma Agraria que se está haciendo, la posibilidad de comercialización de productos, de contratación de fuerza de trabajo (que empieza siendo muy elemental todavía en estos momentos pero que la tendencia parece ser a un incremento) sí va a provocar grandes movimientos económicos en Cuba, que van a generar cambios sociales y políticos. Hay que ver hasta dónde Raúl, en el tiempo que tiene para gobernar, puede llevar adelante ese proyecto. ¿Qué va a pasar después? Es una gran incógnita. Porque puede ser tanto un cambio político radical como un retroceso político radical, y esa es la preocupación que tenemos muchas personas en Cuba, que sabemos que los cambios son necesarios. En general, pienso que la gente está por esa evolución, y la manera en que se produzca es lo que sigue siendo muy misterioso.

 

321 LibroCríticas internas

 

– ¿En Cuba existe una reforma o una actualización del modelo?

– No lo he pensado con esos términos pero creo que hay una reforma, están tocándose aspectos que antes se consideraban intocables. El otro día había un delegado en la Conferencia del Partido que se preguntaba ahora cuál era la relación de los individuos contratados por los empleadores privados con el principio constitucional de que no existe la explotación del hombre por el hombre en Cuba. Él pobremente lo reducía a la pequeña empresa privada, decía que explotaba el trabajo de los individuos que contrata, etc. Pero es que muchas veces a esos individuos a los que contratan los particulares, estos les pagan 3 veces más de lo que paga el Estado. ¿Quién es más explotador, el pequeño empresario o el Estado que paga 3 veces menos? Y al momento dijeron que eso había que hablarlo de otra forma.

 

– Hablamos sobre el nivel de información y transparencia que necesita el proyecto socialista cubano.

Yo creo que la transparencia en una sociedad siempre es beneficiosa. Por ejemplo, en los planes económicos que se están haciendo, si los ciudadanos tuvieran mejor conocimiento de hacia dónde se va y adónde quiere llegar el modelo económico cubano, la gente se sentiría más parte de ese proceso. Si la prensa debatiera más los problemas esenciales de la sociedad cubana y no siguiera única y exclusivamente las políticas que se establecen a nivel de Estado y de Gobierno, creo que eso ayudaría mucho más a que entendiéramos los cubanos el país en que vivimos y a que tuviéramos mucho más sentido de la participación.

 

– ¿Hay ejemplos sobre esto?

– Por supuesto. ¿Por qué no tenemos derecho a saber qué pasó con el cable de fibra óptica de Internet? Esa es una de las muestras de la falta de transparencia que hay en Cuba. Posiblemente hay un proceso policial y judicial, del cuál no se dan nunca determinados detalles porque pueden afectar esas investigaciones. Pero nos tienen que decir que el cable no es operativo porque hubo un problema, porque dijeron que en junio del año pasado, por ejemplo, el cable sería operativo y estamos en febrero de 2012 y nada ocurre.

 

– ¿Y la respuesta de la sociedad frente a estos hechos?

– Siento que la sociedad cubana se ha vuelto a poner en movimiento. Este es un tema esencial, porque el problema no es que yo tenga acceso a un Internet más o menos rápido, el problema es que el país no tenga ese acceso, porque un país que pretende actualizarse económicamente y funcionar económicamente, en estos momentos no lo puede hacer sin Internet, ya sea de uso individual como de uso colectivo, social e institucional. Por ejemplo, yo no sé cómo va a funcionar el puerto del Mariel sin Internet de alta velocidad, porque si allí mandas un correo de negocios y este se demora una hora en descargarse, se jode el negocio. Lo digo de una manera muy burda pero es así.

 

– Es un asunto de transparencia.

Creo que tenemos derecho a más transparencia y claridad informativa de la que tenemos actualmente (lo digo siempre dentro y fuera de Cuba porque nunca digo fuera de Cuba lo que no sería capaz de decir en Cuba). Por mi propia transparencia informativa creo que me he ahorrado muchos problemas, sobre todo evitando sospechas. Cuando empecé a escribir “El hombre que amaba a los perros” lo dije a todo el mundo sobre qué estaba escribiendo, para que nadie creyera que lo hacía a escondidas, porque allí hago críticas sobre la realidad cubana y sobre la historia del socialismo y porque sé que lo que digo toca algunos temas muy esenciales.

321 Leonardo_Padura

 

Tras la huella del estalinismo

 

– Como lo escribes en tu novela, El hecho de que Cuba haya protegido al asesino de Trotsky lo interpretas como una toma de partido a favor de un esquema de pensamiento específico. ¿Hasta qué punto asimilan los cubanos los dogmas y esquemas de raíz estalinista que llegaron a Cuba? ¿Cuánto perdura aún?

– Nosotros seguimos el modelo económico estalinista, y en muchos sentidos, aún estamos pagando las consecuencias. Creo que se asimilaron totalmente. Ante una petición de la URSS de que este hombre (Ramón Mercader, el asesino de Trotsky) viniera a Cuba, no había para el gobierno cubano otra opción que recibirlo, aunque la razón de su traslado se debiera a que estuviera “cabrón” por vivir en la URSS, porque su mujer era la que no resistía vivir allí, y Cuba fuera el único lugar alternativo, porque ningún otro país lo aceptaba. Cuba no tuvo otro remedio que aceptarlo, con la condición que venía desde Moscú, de que Mercader debía permanecer en el anonimato. Que tampoco fue tal. Este es un botón de muestra de algo que se practicó a todos los niveles de la sociedad cubana, esa relación absolutamente de calco respecto a los conceptos económicos, sociales y políticos soviéticos y no podía ser de otra forma porque eso significaba lo que en aquella época se llamaba “revisionismo ideológico” y Cuba estaba en la esfera más cercana a la URSS.

 

321 Leonardo_Padura_CLAIMA20130130_0178_14Estamos convencidos de que el Socialismo que necesita el siglo XXI no puede basarse solamente en el rechazo al modelo de Socialismo del siglo XX que fracasó, tiene que ser la superación de ese, no solo rechazarlo sino lograr algo mejor. ¿Por qué fracasó el Socialismo del siglo XX?

– Estas son preguntas muy complejas de responder, pero si tuviera que encontrar una razón para poder explicar por qué una idea que nace con el principio de que se va a crear una sociedad en la que todos los hombres van a ser iguales y van a vivir con el máximo de democracia, esa idea se pervierte y casi que se convierte en su contrario, si tuviera que encontrar un punto, el más visible sería Stalin. Pero también creo que desde antes ya esa idea empezaba a tener grandes conflictos en su puesta en práctica. El problema es que el marxismo estudió la sociedad capitalista y previó un posible modelo de sociedad socialista pero la práctica se hizo de una manera muy convulsa, en un tiempo muy convulso (finales de la I Guerra Mundial), en un país convulso (Rusia), de una lucha de facciones absolutamente convulsa en la que un grupo pequeñito de luchadores políticos que tuvieron más perspectiva del momento justo en el que estaban las cosas, se hicieron con el poder. A los bolcheviques no les tocaba el poder pero lo cogieron, gracias a Lenin y a Trotsky en muy buena medida. Empezaron a experimentar y fueron adaptando conceptos a la realidad, como suele ocurrir, y allí se fueron perdiendo algunos principios básicos de esa idea. En “El hombre que amaba a los perros”, más que hablar de un sistema económico-social hablo de la perversión de la utopía, porque fue un sistema socio-económico que entró en crisis, y aunque quedó en el pasado, cometió determinados excesos que son parte de la historia y de la práctica. La utopía está en la mente de los hombres, está en el sueño al cual todos tenemos derecho, de vivir en una sociedad más justa, en un mundo más equilibrado, en el cual la igualdad no sea solo una concepción sino un derecho.

 

Artículos relacionados

Top