EL BAUTISMO DEL MAL

Edilio Peña

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La conciencia totalitaria es sustentada por un nivel de fantasía que pretende adelantarse a la realidad, de allí que, para ella, nada que esté fuera de esa fantasía es real. Al hallarse más cerca del poder, trata de que la realidad se corresponda con el molde de su creencia y deseo total.

 

Todo comienza por no reconocer la realidad del otro. Pero como el otro es un ser con pensamientos y una particular imaginación, la única opción que le queda –a la conciencia totalitaria– es eliminarlo antes de que se convierta en rival o enemigo. Para ello, encapuchada y sigilosamente, va por su presa. Los crímenes misteriosos hablan de esta primera fase operacional de la conciencia totalitaria, antes del umbral de la toma del poder. Pero una vez que conquista su cima, la conciencia totalitaria se deshace de ese terrorismo inicial y empieza a ejecutarlo desde el terror del Estado.

 

321 Fidel CastroMas, a los gobiernos totalitarios en gestación, no les bastan los servicios de inteligencia para preservarse, es por eso que  paralelamente, recurren a miembros de su partido o a fanáticos de la maldad, para mantener a raya cualquier enemigo, o al sospechoso de serlo. Porque para el totalitarismo, la sociedad toda termina por ser su enemiga potencial.

 

El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado. Esas líneas pertenecen al relato de Jorge Luis Borges, El Jardín de senderos que se bifurcan. Y a esas líneas ha sido fiel, aun ignorándolas, la conciencia totalitaria de Fidel Castro, quien la ha impuesto en la realidad de su país, y así mismo,  al expandirla más allá del horizonte de los mares. África conoció su insaciable espíritu antropófago, comparable con el de su antecesor, el rey Leopoldo II de Bélgica. Su nivel de fantasía está llena de secretos, realizados y por realizar. Su doble, ese hermano concebido por un asiático entre el crujir de los cañaverales de la isla, no logra alcanzarlo en sus invenciones, pero sí en la aplicación brutal de la misma. Fidel Castro es un arquitecto del mal que no ha permitido que la vejez doblegue su cerebro.

 

A inicios de la Revolución Cubana, en su idea de construcción de un Estado Totalitario, fantaseó, y luego envió a aquella Alemania dividida por un muro alto y ciego de púas, una escuadra de barbudos en la búsqueda de antiguos sobrevivientes de la SS para que le sirvieran de asesores en la creación de eficaces defensores de la Revolución, y de un servicio de inteligencia sofisticado e implacable que desatara la envidia del Mossad, pero sobre todo, de la CIA. Porque la ayuda de la KGB, no le habría sido suficiente para tan magno fin a su delirio fantaseador.

 

321 agresiones asamblea anDe esa fantasía competitiva con la realidad, nacieron Las Brigadas de Respuestas Rápidas de la Revolución y el siniestro G2 cubano. Las primeras copiaban a la SA, un grupo paramilitar que sembró el terror en la sociedad civil alemana, mucho antes de que Hitler hiciera del poder una máquina fría de matar, aunque después el Führer ordenó eliminarla en la famosa noche de Los cuchillos largos. El segundo, la policía secreta adscrita a la SS, la temida Gestapo, quien llegó a ser dirigida por Reinhard Heydrich –La bestia rubia, como lo bautizó su leyenda de horror– que se apoderó de Checoslovaquia. La diferencia histórica con la enseñanza nazi, es que Fidel Castro no eliminó, ni piensa eliminar, a Las Brigadas de Defensas Rápidas de la Revolución,  porque  éstas,  junto con el G2, son  el soporte fundamental de su fantasía totalitaria, dentro y fuera de Cuba.

 

El lunes 15 y el martes 16 de abril del 2013, después de las elecciones presidenciales de Venezuela, Las Brigadas de Respuestas Rápidas de la Revolución Cubana, camufladas entre miembros de la Fuerza Armada Bolivariana, produjeron el primer bautismo de brutalidad, ensañamiento y perversión contra la juventud venezolana que protestaba contra el Fraude cometido por el CNE, intervenido por el G2 cubano desde hace más de una década. Ese bautismo del mal que se extendería después a la Asamblea Nacional, había sido la clase magistral de los cubanos, al mando de Ramiro Valdés, para aquellos grupos paramilitares del gobierno nacional y de la propia Fuerza Armada Bolivariana, los cuales debían comenzar a aplicar –a partir de esos dos momentos estelares– tanto la brutalidad que aplicó la Alemania Nazi, como la de la Cuba Castrista.

 

Es decir, el pueblo venezolano no sólo debe acostumbrarse al fraude electoral sistemático, sino también a la representación del horror, al ver y aceptar como normal, cuerpos y rostros desfigurados por la represión de la Revolución Bolivariana.

 

 

 

 

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