Ellos solos se caen

JULIO CASTILLO – 

No hay duda alguna. La grabación de Mario Silva, rindiendo cuenta a un oficial  de la policía secreta cubana, tiene más o menos la misma importancia para la crisis del régimen que tuvo en su momento el affaire del collar de la reina que apresuro la caída de Luis XVI y que precipitó la revolución francesa.

No sabemos, en términos de tiempo, cuanto tardará en implosionar el oficialismo pero es indudable que este escándalo no es como los otros. Este es un torpedo en la línea de flotación. Todos en Venezuela sabemos que este gobierno, continuación del anterior, ha sido el más corrupto de la historia republicana. Ninguna dictadura, ni la de Gómez y la de Pérez Jiménez tuvieron tanta desfachatez para hacerse de los dineros públicos.

 

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En ningún momento de nuestra historia la impunidad había hecho sabandijas como Mario Silva quien se permite decir que ha asesinado; que es aguantador de armas de guerra y que además espía para una potencia extranjera.

Mario Silva hablaba a sus anchas, como lo hace un mafioso en medio de su banda. Acusaba a Diosdado Cabello de lo que la mayoría de los venezolanos sabemos y lo señalaba como el principal enemigo de la revolución y cabeza de una banda delictiva.

Que tragedia la de los conmilitones del gobierno, ilegítimos, en minoría, en medio de una crisis social y económica que no saben y no sabrán resolver y ahora desnudos, expuestos en su corrupción y nadando en la cloaca que Silva destapó.

Que terrible fin para un grupo de gente que soñó eternizarse en el poder y que además pretendía hacerlo con la admiración de una parte del pueblo.

Es cuestión de tiempo, las fuerzas democráticas deben mantener la constancia, la lucha, sin tomar atajos, sin dar cuartel pero sin desesperarse. Los gobiernos muchas veces se derrumban solos, este lo está haciendo vertiginosamente….

LOS GOBIERNOS DEL ALBA SE ALINEAN

Nunca antes como cuando iba a caer el muro de Berlín, los gobiernos de la Europa del Este pusieron sus barbas en remojo y comenzaron a jugar cuadro cerrado. Las tropas del Pacto de Varsovia se pusieron en alerta pero para nada, ya los pueblos habían decidido salir del adefesio estalinista que les gobernaba. Un soldado alemán “dejo al puerta abierta” y sencillamente comenzaron a pasar multitudes del este hacia el oeste sin que nadie disparar un tiro.

La negativa de dejar entrar a Henrique Fernando Salas y Carlos Berrizbeitia a Nicaragua y expulsarlos del país, no es sino la manifestación desesperada de una alianza de gobiernos que, como los de aquella época, le pagaban favores a la Unión Soviética y una manifestación terminal de la enfermedad que les aqueja.

 

* Como en ocasiones anteriores, esta semana cedemos nuestro espacio editorial a una columna de especial interés. 

 

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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