Salir del poder

Ruth Capriles

Ruth Capriles

 

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com

 

Algunos toman un avión; otros dimiten o aceptan la sanción social, otros mueren peleando…

 

Hay formas diferentes de salir del poder cuando su pérdida es inevitable. Algunas honorables, otras deshonorables; algunas tardías, otras oportunas para evitar pérdidas inútiles. Unos se suicidan; otros toman un avión; algunos dimiten o aceptan la sanción social, otros mueren peleando o se aferran cual garrapatas hasta desangrar al cuerpo social y el propio.

Nunca es fácil salir del escenario; sabe a derrota, a deshonor aunque se haga honorablemente.

La actitud depende de la calidad moral de los gobernantes, de su sentido de responsabilidad histórica.

Las garrapatas se meten de tal forma en el cuerpo social que son inmunes a su propio fracaso. Son los últimos que se dan por entendidos y entonces prefieren hundir la sociedad entera con ellos. Para Hitler Alemania no merecía permanecer como nación si no podía alcanzar la victoria. Gadafi y El Asad prefirieron sepultar sus países bajo escombros antes de abandonar el poder.

Otros tienen la sabiduría suficiente para aceptar su fracaso antes de sacrificar a toda la población. O prefieren el deshonor personal al colapso colectivo. Boabdil, el rey moro que entregó Granada al rey Fernando, prefirió quedar como cobarde para la historia cuando la alternativa era resistir hasta morir todos los pobladores del último reino moro en España. Su propia madre crearía su fama: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Mas de hombres es también entregar el poder cuando el rechazo de una mayoría y la pérdida de legitimidad y legalidad hace inevitable el colapso. La salida oportuna es un don de buen liderazgo. Hay líderes honorables que aceptan su fracaso y asumen la responsabilidad de sus cargos aun sin tener culpa de los errores cometidos y al menos dimiten. Emparan preguntó al pueblo si quería que él siguiera mandando y, como la multitud dijo “No”, respondió “Entonces yo tampoco quiero mando”.

Cuando una mayoría abrumadora se resiste a un gobierno ilegítimo, aferrarse al poder sólo genera costos que la historia le debitará.

 

 

 

 
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