Ángela Merkel y Hugo Chávez

JESÚS HERAS – 

Mucho se ha escrito y hablado sobre Ángela Merkel. Mucho más sobre Hugo Chávez.

A la Merkel, nacida en la Alemania comunista, y desde hace ocho años, jefe del gobierno alemán, se la elogia por su política de austeridad, por la fuerza sostenida de la economía alemana, y por la sintonía de su estilo de gobernar con el sentimiento mayoritario de sus electores.

Se la crítica en cambio porque, apoyada en la solvencia de la economía de su país, la solidez de su mandato, y en un carácter a la vez firme y amable, ha llevado a los países deficitarios de la Unidad Europea a amarrarse el cinturón, cuando por complemento, la fuerza del euro hace más costosos sus bienes y servicios, afectando sobre todo a los países del sur y, en especial a dos países turísticos por excelencia,  España y Grecia, cuyos índices de desempleo superan el 25%, y cuyos déficits fiscales fruto de la indisciplina fiscal, son financieramente insostenibles.

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Los detractores de la Merkel argumentan que no es justo que una nación imponga las políticas que a lo interno le convienen en detrimento de otras, igualmente soberanas, pero atadas, por los compromisos que se derivan de la unión monetaria.  Llama la atención, sin embargo, que mientras en su país, la Cancillera goza de gran popularidad, ninguno de los países afectados ha optado por separarse de la Unión.

En Venezuela hemos vivido el caso opuesto. Hugo Chávez derrochó los ingresos más elevados que ha tenido el país a lo largo de su historia y, por complemento, endeudó a Venezuela hasta la coronilla, mientras destruía gran parte del aparato productivo nacional, abría el mercado alimentario nacional a otros países, y subsidiaba a numerosas naciones, Cuba en primerísimo lugar. En el camino, se convirtió en un factor importante en la política internacional, pero terminó por hundir financieramente a Venezuela, condenando a su revolución a una derrota política, cuyo primer descalabro se reflejó en los resultados del 15-A.

¿Cabrían acá, pregunto, los argumentos que se esgrimen en contra de la Merkel? ¿Habrá sido acertado en el caso de Hugo Chávez, actuando a contrapelo de la posición alemana, renunciar a los intereses propios del venezolano, incluyendo su soberanía alimentaria, para extender su influencia y popularidad internacional?

En términos democráticos, la respuesta claramente es un no. ¿Entonces, que se perseguía?

Atrofiar el aparato productivo, como en efecto lo hizo, sometiendo de paso al país a importaciones controladas, solo podía tener sentido si su objetivo era empobrecer la nación hasta que, siguiendo el ejemplo de Cuba, ese venezolano indómito que registra la historia, sumido en la indigencia, renunciara a su libertad y se sometiera.

Pero el Proceso no pudo, y a Hugo Chávez, la Divina Providencia se lo llevó. 

 
Jesús HerasNo photo

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