El ABC de Horacio Biord Castillo – Académico de la Lengua y Jefe del Centro de Antropología del IVIC.

“He visto profesores de física que son grandes escritores y profesores de literatura que no logran un buen poema”

“He visto profesores de física que son grandes escritores y profesores de literatura que no logran un buen poema”

La escritura es un don de Dios, un regalo de la vida. Los dictadores latinoamericanos merecen interpretaciones más complejas. Un escritor como un poeta necesita vivir y vivir con fuerza para escribir, señala el especialista.

 

Macky Arenas

 

Licenciado en Letras (UCAB, 1984). Magíster en Historia de las Américas (UCAB, 1995). Doctor en Historia (UCAB, 2002). Investigador asociado y jefe del Centro de Antropología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Profesor asociado de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua. Entre 1995 y 2002 ejerció como jefe de la División de Servicios Técnicos de la antigua Dirección de Asuntos Indígenas del Ministerio de Educación. Estas fueron sus reflexiones para ABC de la Semana.

 

¿Cuál es su imaginario poético y cómo se conecta con otros imaginarios?

 

Al principio más narrativa que poesía. Sin embargo, en los últimos años me he dedicado más que todo a escribir poesía. Mi poesía sobre todo la inicial- enfrenta, digamos, dos vertientes: la angustia y la nostalgia. Lo relativo a la angustia tiene que ver con el aspecto existencial de explicarme y asumirme, incluso de consolarme por el dolor que ambas acciones me pudieran causar. También parte de mi poesía recrea una fuerte obsesión mía, que llamé en algún momento “teoría de la nostalgia infinita”. Angustia y nostalgia sustentan mi imaginario poético inicial. Luego se han incorporado otras cosas, como las realidades menos aparentes, más sutiles.

 

¿Obras hasta ahora?

 

Mi primer poemario, Sueño que nunca llega, fue publicado en 1994 y recoge lo que escribí entre 1979 y 1983. El segundo poemario, publicado apenas en 2012, se llama Retazos. Contiene poemas incluso anteriores al primer poemario y está integrado por textos que en algún momento pensé destinar a su destrucción, pero al irlos revisando, los fui puliendo y corrigiendo hasta que se transformaron en ese pequeño poemario. El tercero, con poemas escritos mayoritariamente a mediados de la década de 1980, se titula Mea estrellas la noche y acaba de aparecer este año. Puedo decir que estos tres poemarios recogen básicamente una poesía intimista.

Luego viene una serie de cuatro poemarios escritos, cada uno, a propósito de una ciudad y no simplemente a o sobre la urbe que lo motivó, aunque no dejan de ser ofrendas a esas ciudades.

 

¿Existe la inspiración, o se trata más bien de obsesiones cotidianas que forman los recovecos íntimos en los que se incuba el arte de escribir poesía?

 

 Creo que es la conjunción de tres cosas: inspiración, obsesiones y escritura. La inspiración sola no necesariamente se traduce en poesía, en expresión poética escrita, ni en un texto poético cuidado, decantado. Las obsesiones o recovecos íntimos motivan la inspiración, son la chispa que las encienden. Las obsesiones, a su vez, afloran de acuerdo a estados de ánimo. Eso explica por qué una persona, una situación límite o una ciudad en un momento te pueden inspirar y en otro no, o a veces te inspiran algo y cosas distintas en otras oportunidades. Finalmente, la disciplina para escribir y corregir es esencial. Sin ella, la poesía se queda como una obra de albañilería en sus primeras ejecuciones: columnas levantadas y ladrillos pegados, sin que florezca la perfección y la belleza arquitectónicas.

 

CARICATURA DE TIRANOS

 

¿Puede un “Tonton Macoute” ser poeta? Julio Cortázar, cuando le hicieron esta pregunta, respondió negativamente.

 

 Se puede responder de varias maneras. Como ya lo dijo Cortázar, un poeta (o lo que asociamos con un poeta) no puede ser un tonton macoute, pero los hemos tenido. La pregunta me remite a lo siguiente. Decía el historiador Germán Carrera Damas, en alguno de sus libros, que la novela del dictador latinoamericano peca por presentar siempre una caricatura de los tiranos. Creo que eso es cierto, que la novela los ha estereotipado demasiado, obviamente considerando siempre y de manera definitoria que la literatura es ficción. Dicho esto, también es cierto que la novela ha sido vista y ha actuado, en especial en América Latina, como una fuente histórica alternativa y ha contribuido a fijar la opinión pública sobre diversos asuntos de la región.

 

¿Son iguales todos los dictadores?

 

Todos los dictadores me refiero a los gobernantes autoritarios- tienen una complejidad psicológica muy interesante, además de la obcecación por el poder y el autoritarismo. Muchos se sienten destinados a recrear el orden, vagamente considerado, y a su país. Esta percepción se la refuerzan crecientemente sus más inmediatos seguidores, colaboradores y legitimadores. Pero esos personajes autoritarios tienen una cantidad de sentimientos, ideas y valores encontrados y contradictorios las más de las veces que vale la pena revaluar para tratar de aprehender su complejidad y no construir personajes planos, maniqueos, caricaturescos. Además, las lecciones elementales de psicología evolutiva enseñan que a lo largo de la vida de una persona se producen cambios. No siempre somos la misma persona. Muchos de esos cambios están asociados al poder, a la riqueza, y a otros factores más complejos.

 

¿América Latina un continente de dictadores?

 

Personajes fundamentales de la historia de Venezuela, como Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, y más recientemente un hombre tan controvertido como Hugo Chávez Frías, u otros de Iberoamérica, como Gaspar Rodríguez de Francia, Juan Manuel Rosas, Alfredo Stroessner, Rafael Leonidas Trujillo, Francisco Franco, Augusto Pinochet y Fidel Castro (el único aún vivo de esta corta lista), merecen interpretaciones más complejas. En todo caso, pese a novelas tan importantes como El señor presidente de Miguel Ángel Asturias, Yo, el supremo de Augusto Roa Bastos, El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri o La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa, para solo nombrar unas cuantas cumbres de la literatura hispanoamericana el tema no está agotado.

 

¿Cuál es la esencia del escritor, del poeta?

 

Volviendo al caso de la poesía, habría que preguntarse qué entienden esas personas, esos tonton macoute o esbirros, por poesía, qué entendemos nosotros mismos por poesía. De pronto uno consigue personas que no logran una verdadera autenticidad en el conocimiento de sí mismos, de sus relaciones con los otros y con otros niveles de la vida, donde incluyo lo divino (visto desde muchas ópticas), y, sin embargo, se consideran poetas o que escriben poemas, si se quiere versificadores. Muchas veces se trata de poesía circunstancial. El asunto es la esencia. De nuevo hay que preguntarse cuál es la esencia del escritor, del poeta. ¿Eres un matón o eres un poeta? A lo mejor un matón puede escribir poemas; pero ¿al revés? ¿Puede un poeta dedicarse a matar, a perseguir, como estilo de vida? Probablemente la respuesta sea que no; pero aquí entran otros problemas de orden teleológico y axiológico. Finalmente, también se debe considerar la calidad de los poemas de un tonton macoute.

 

Hay personas que se dedican por entero a la poesía. ¿Podríamos decir que su arte tendría más calidad que la contenida en un matemático que resolviera escribir?

 

Creo que no hay absolutos ni universales. La escritura es un don de Dios, un regalo de la vida, acaso una herencia de vidas pasadas, no lo sé. Descubrir ese talento y pulirlo es un trabajo de años, que requiere lecturas y prácticas. Pero no creo que haya absolutos en esto. No está relacionado con la profesión. Es un manantial que brota de las profundidades de cada ser. He visto profesores de Física que son grandes escritores (Ernesto Sábato lo fue) y profesores de Literatura que no logran apuntalar un buen poema.

 

Horacio Biord Castillo: “la dificultad de caracterizar a los latinoamericanos y lo latinoamericano”

Horacio Biord Castillo: “la dificultad de caracterizar a los latinoamericanos y lo latinoamericano”

EL ASUNTO ES LA ESENCIA

 

La poesía es trabajo de la palabra. ¿Cree usted que esta verborrea interminable que caracteriza históricamente a los venezolanos refleja superficialidad, falta de autenticidad, falta de trabajo del alma?

 

Esa pregunta me hace pensar en la inmensa dificultad de caracterizar a “los venezolanos” y a “lo venezolano” como también a “los latinoamericanos” y a “lo latinoamericano”. La “verborrea interminable” habría que contextualizarla y hasta identificarla o atribuirla a personajes y situaciones de habla concretas. En todo caso, se puede tener una gran ampulosidad verbal, pero ello no garantiza ni autenticidad ni profundidad. Algunos poetas han sido acusados de tener lecturas literarias que no tienen posibilidad de múltiples interpretaciones, que no son susceptibles de hacerles una interpretación polisémica. Muchos de los poemas de Andrés Eloy Blanco –sin que yo lo acuse de tal cosa- han sido catalogados como de ocasión, de una poesía que se agota tras una lectura muy literal. También hay poesía comprometida que cuando la lees te preguntas qué es más importante en esos textos: la poesía o el compromiso político, lo literario o lo militante, y, sin embargo, no por ello deja de ser literatura o poesía. Cito algunos ejemplos de grandes escritores: la llamada poesía social de Miguel Otero Silva y hasta de Pablo Neruda. Incluso una persona como Alejo Carpentier, que escribió antes y después de la revolución cubana, se aferró a un proyecto político cuya defensa lo limitó al final de su vida. Mayakovski tuvo un fuerte compromiso con la revolución rusa. Después dudó sobre si ese, o al menos como se lo propuso el socialismo real, era el camino. Pero, ¿qué ser humano tiene la verdad absoluta?

 

¿Cuánto juega lo político y lo religioso en la poesía?

 

Pasando del terreno literario al sociopolítico, el fin no justifica los medios por más que el fin sea loable. El pensamiento cristiano y el de muchas otras religiones y tradiciones espirituales no aceptan esa postura, pues es la negación de la ética. En todo caso, lo que esto nos muestra es la complejidad del ser humano y que no podemos reducir esos laberintos y profundidades a categorías estáticas de bondad, maldad, santidad, satanismo, ética o falta de ella. Todos esos aspectos pueden coexistir en las profundidades del alma humana: las cosas oscuras, las luces, lo carnal, lo místico, lo mundano, lo abyecto… En cuanto a la poesía, no solamente es cuestión de palabras o expresión verbal pulida. Tras eso están los sentimientos, las ideas, las actitudes (no solo las aptitudes). En la medida en que un poeta va madurando como ser humano, puede llegar a una depuración verbal.

 

¿Estos tiempos revueltos son más propicios para hacer un buen trabajo o la calma y la quietud favorecen una más acabada actividad intelectual?

 

Un escritor, un poeta, necesitan vivir y vivir con fuerza para escribir. Las experiencias aprehendidas de la literatura y de otras obras como relatos, historias y biografías son esenciales, pero la vida misma de cada quien, los protagonismos directos, nos permiten evaluar y reevaluar la fuerza de las experiencias ajenas. Una vida apacible no garantiza en sí misma una obra valiosa y extensa. Ahora bien, el reposo y la quietud son las mejores aliadas de la creación literaria. Como dice el capítulo 3 del Eclesiastés, todo tiene su tiempo. Hay tiempo de vivir y tiempo de escribir. Hay tiempo de gozar y de sufrir, pero también tiempo de ponderar lo gozado y lo sufrido. 

 

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